La ciencia en la pospandemia

Por Adrián Machado

El coronavirus funcionó como ordenador de la actividad científica en países como Argentina debido a la inyección de recursos, la agilidad burocrática del sector público y su asociación con el privado. El desafío de mantener el desempeño cuando el covid quedé reducido a su mínima expresión, la importancia de encontrar “misiones” sobre las cuales encolumnar los esfuerzos futuros.

La irrupción del covid-19 modificó, entre otras tantas cuestiones, las prioridades científicas: la “misión” central pasó a ser detener la pandemia, los demás proyectos quedaron en suspenso. En países subdesarrollados como Argentina, por ejemplo, se produjo este cambio, a diferencia de los países centrales que tienen un sistema científico más estable y planificado, la incógnita y el desafío se inscriben en la pospandemia, o cuando el coronavirus quede, ahora si, como una “gripezinha”.

Más recursos, velocidad en cuanto a trámites, trabajo público-privado, en síntesis, el virus fungió como ordenador. Es lo que dice el sociólogo y periodista Alejandro Zamponi al hacer referencia a un relevamiento y análisis del sistema científico argentino realizado por investigadores e investigadoras de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Solo en 2020, la institución tuvo 16 proyectos relativos al covid: test diagnósticos, superbarbijos, suero hiperinmune, vacuna ARVAC Cecilia Grierson, Índice de Movilidad Ciudadana, entre otros.

“Las misiones en los países desarrollados son para enfrentar grandes desafíos sociales y mover fronteras tecnológicas, como el cambio climático, el envejecimiento poblacional, y la gestión de grandes ciudades”, señala Zamponi. Pero en países en desarrollo como Argentina la situación es diferente, por eso es imperioso alinear las agendas de investigadores, empresarios y funcionarios.

En la periferia existen desafíos múltiples: desigualdades profundas, falta de infraestructura, escaso desarrollo industrial. Por lo tanto, el reconocimiento y compromiso de toda la sociedad debe ser mayor en cuanto a las distintas “misiones”. 

Las conclusiones de la investigación realizada por la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales fueron presentadas durante un encuentro virtual entre investigadores de diferentes disciplinas y funcionarios del sistema científico y universitario denominado “Ciencia, Universidad y Estado: Desafíos y capacidades institucionales en contexto de COVID-19”.

“Un aspecto que recorrió los diferentes testimonios de los protagonistas fue el objetivo de desarrollar localmente insumos, reactivos o productos a los fines de no depender de la importación de los mismos, buscar la autonomía, la independencia científico-tecnológica, nos decían, eso buscaban”, aseguró la investigadora de la Escuela IDAES, María Soledad Córdoba.

Uno de los participantes fue el Secretario de Planeamiento y Política Científica Nacional del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, Diego Hurtado de Mendoza, quien reflexionó sobre los desafíos hacia el futuro: “Hoy estamos viendo la pospandemia y la moraleja es cómo logramos que muchos de estos aprendizajes queden instalados para llevar adelante otro tipo de políticas”. Y agregó: “Ya plantados en una mirada de mediano y largo plazo, la prioridad es avanzar sobre los desequilibrios territoriales. Nuestras políticas científicas tienen la obligación de acompañar una política de escala nacional. Estamos trabajando en lineamientos provinciales y a mediados de 2022 queremos dar un salto de complejidad y trabajar en la articulación de provincias por regiones”.

El decano e investigador del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas, Juan Ugalde, señaló el triple desafío que significó la aceleración de los tiempos de trabajo en el Instituto. “Los tiempos de la investigación son lentos. La gestión de fondos públicos también es lenta en tiempos normales. La pandemia aceleró esos dos aspectos, que individualmente presentaron sus desafíos, pero con una dificultad adicional, que creo que fue la mayor: hacerlo de manera coordinada. Fue lo que más nos costó: hacer que esta orquesta funcionara lo más coordinadamente posible, lo más rápidamente posible”, aseguró. “Cada día que pasaba, era un día que nosotros sentíamos que habíamos perdido y eso no ocurre en condiciones normales”, destacó.

Ariel Wilkis, decano de la Escuela IDAES, se refirió a las jerarquías y prioridades. “Como científicos tenemos que reconocer un sistema que nos discipline. Hay valores y misiones que son trascendentes y no las definimos los individuos, sino que lo define la política y las instituciones y eso tiene que ser parte de la cultura científica”, dijo.

“En el mundo hace aproximadamente unos 10 años, que se viene hablando de implementar políticas de investigación y desarrollo a través de ‘misiones’. Las misiones tienen esa función clave de traccionar y alinear agendas heterogéneas. En los países desarrollados se las piensa en relación a grandes desafíos sociales y en mover fronteras tecnológicas, como el cambio climático, el envejecimiento poblacional, la gestión de las grandes ciudades”, apuntó. “Para los países en desarrollo las misiones adquieren un sentido diferente, porque están en tensión los múltiples desafíos: las desigualdades sociales, las carencias, los desarrollos industriales incompletos. Las misiones necesitan reconocimiento y compromiso social. La pandemia nos ha puesto una misión”, aseguró la secretaria de Investigación de la Escuela IDAES, Verónica Robert.

Robert concluye su exposición preguntándose como construir una misión luego de la pandemia. “El diseño de una nueva misión desde el sector público sin acompañamiento social y del sector privado no puede tener éxito”, asevera.

“Misiones” en Argentina pueden ser, entre otras, el desarrollo de baterías de litio, los biocombustibles, la explotación de Vaca Muerta, la construcción de reactores modulares pequeños, la agroindustria, el software, la salud como tema general, y en una “misión” marco debería ser incrementar las exportaciones para evitar la restricción externa.

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El concepto según Mazzucato

La economista italiana Mariana Mazzucato desarrolló profundamente la idea de “misión” en su libro El Estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado. En el capítulo “El Estado que asume riesgos: de ´reducir el riesgo´ al ´hacer que ocurra´”, la académica especializada en innovación comienza citando una anécdota relatada por el Washington Post en 1984 en la que el presidente francés de aquel entonces, François Mitterrand, se encontraba realizando una gira por Silicon Valley: “Durante la comida, Mitterrand escuchó a Thomas Perkins, un socio del fondo de capital riesgo que creó Genentech Inc., elogiar las virtudes de los inversores que asumen riesgos y financian a los emprendedores. A Perkins lo interrumpió el profesor Paul Berg, de la Universidad de Stanford, ganador del Premio Nobel por sus trabajos sobre ingeniería genética. Le preguntó: ‘¿Dónde estabais vosotros en las décadas de 1950 y 1960, cuando se requería que toda la financiación se destinase a investigación básica?’ La mayoría de los descubrimientos que la han alimentado [a la industria] se remontan a ese momento”.

El debate siempre presente entre investigación básica y aplicada es tratado por Mazzucato, el horizonte temporal es importante, el largo plazo, para desarrollar un proyecto. Atado a esta característica se encuentra la fuerte inversión que aparece luego de ese estadio por parte de los actores privados para contribuir a desarrollos que se consideran de bien común. La autora destaca que el sector público no solo “arregla los fallos del mercado”, sino que puede crear nuevos productos y mercados relacionados. Algunos ejemplos conocidos, disparados por la inversión estatal, son los de Internet y la nanotecnología.

Mazzucato retoma el concepto de Foray, “misión”, para afirmar que “el Estado hace que se produzca el proceso de crecimiento, en lugar de limitarse a incentivarlo o estabilizarlo”. En esos casos, el Estado asume el riesgo en lugar de limitarse a reducirlo para que otros actores obtengan los beneficios más adelante. Esta visión innovadora en cuanto al riesgo propone una división dinámica del trabajo.

Más adelante, la profesora en la Economía de Innovación y Valor Público en el University College de Londres explicita la definición de “destrucción creativa” del economista austríaco Joseph Schumpeter, “cada nueva tecnología importante lleva a la destrucción creativa: la máquina de vapor, el ferrocarril, la electricidad, la electrónica, el coche, el ordenador e Internet. Todas han destruido tanto como han creado, pero también han producido una mayor riqueza global”.

El texto menciona la singularidad de la situación contemporánea: “Las inversiones en I+D que contribuyen al cambio tecnológico tardan años en materializarse en nuevos productos, y eso sin contar con que la mayoría de productos desarrollados fracasan”. Y cita el caso del sector farmacéutico, en el que el proceso de un proyecto exitoso de I+D puede demorar más de 15 años. De esta manera se explica que las empresas inviertan menos en investigación básica que en aplicada, pues esta última les devuelve más e inmediatos beneficios. Mazzucato dice que la “inversión en investigación básica es el ejemplo típico de ‘fallo del mercado’ una situación en la que el mercado no produce suficiente investigación básica por sí solo, por lo que el gobierno debe intervenir. Por este motivo hay tan pocas personas, en todo el espectro político, que no estén de acuerdo en que debe ser (y es) el Estado el que financie la mayor parte de la investigación básica”.

En Estados Unidos, por ejemplo, el gasto público representa el 57 % de la investigación básica, mientras que el sector privado solo abarca el 18 %. A continuación, la economista aborda la cuestión de las “misiones”, cuando expresa que una inversión en I+D orientada a una misión “tiene como objetivo un programa de una agencia gubernamental o una finalidad que puede encontrarse, por ejemplo, en programas de defensa, espacio, agricultura, salud, energía o tecnología industrial. La I+D pública destinada al avance general suele constituir menos del 50 % de la I+D total”.

Para finalizar, queremos destacar algunos aspectos del desarrollo tecnológico de los Estados Unidos. Mazzucato en su libro asevera que las guerras le dieron un gran impulso al país del norte en cuanto a políticas de innovación. En esto tiene mucho que ver la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa (DARPA). Este organismo orientó “los recursos a áreas y direcciones específicas; abrir nuevas ventanas de oportunidades; negociar las interacciones entre los agentes públicos y privados implicados en el desarrollo tecnológico, incluyendo aquellas que se producen entre el capital riesgo público y privado; y facilitar la comercialización”.

Fue durante el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando el Pentágono trabajó estrechamente con otras agencias de seguridad nacionales, como la Comisión de la Energía Atómica y la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA). La colaboración entre agencias llevó al desarrollo de tecnologías tales como las computadoras, el avión de reacción, la energía nuclear civil, el láser y la biotecnología

Mediante la fundación de la DARPA, una parte del gasto en I+D militar se destinó a la “reflexión abstracta”; es decir, a las ideas que iban más allá del horizonte, en el sentido de que quizá no producirían resultados hasta pasados diez o veinte años. La DARPA hizo posible que se crearan departamentos de ciencias informáticas, proporcionó apoyo inicial para investigación a las empresas start-up, contribuyó a la investigación en semiconductores, apoyó la investigación en la interacción entre persona y ordenador, y supervisó las primeras etapas de Internet.

Mazzucato nombra cuatro características clave del modelo de la DARPA:

  • El objetivo es crear una comunidad científica con presencia en las universidades, el sector público y las corporaciones, que se centre en un reto tecnológico específico que debe lograrse.
  • No hay línea divisoria entre “investigación básica” e “investigación aplicada”, puesto que ambas están profundamente entrelazadas.
  • el mandato de la agencia se extiende también a ayudar a las empresas para que consigan que sus productos alcancen la fase de viabilidad comercial.
  • Parte de las tareas de la agencia consiste en ejercer su función de supervisión para conectar ideas, recursos y personas de forma constructiva en los diferentes ámbitos de investigación y desarrollo.

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En Argentina, como hemos mencionado, el panorama es muy distinto, con necesidades y contextos diferentes a los de países como Estados Unidos.

Mariana Mazzucato estuvo 2016 en el país y dictó una conferencia organizada por el gobierno argentino en la que esgrimió algunas de las consignas que hemos reseñado (muy distantes del gobierno de aquel entonces y de sus candidatos de ahora). Y por si no había quedado claro, lo especificó en un tuit del 23 de abril de 2016: “Ayer hablé con el presidente Mauricio Macri de Argentina. Le conté sobre el rol del Estado en la innovación y por qué las políticas neoliberales fallaron. No creo que lo haya entendido”.

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#PA.

3 de octubre de 2021.

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