La baja de impuestos a los ricos solo los beneficia a ellos

La baja de impuestos a los ricos solo los beneficia a ellos

Por Adrián Machado


Un reciente paper analiza las políticas fiscales de 18 países de la OCDE durante los últimos 50 años y concluye que los recortes fiscales a los sectores de mayor capacidad contributiva solamente fueron beneficiosos para los afectados por tales medidas. En cambio, no generaron empleo ni crecimiento y aumentaron la desigualdad.

“Las consecuencias económicas de los grandes recortes fiscales para los ricos”, publicado el miércoles 16 de este mes por el Instituto Internacional de Desigualdades, dependiente de The London School of Economics and Political Science, señala una verdad de Perogrullo: la disminución en los impuestos a los ricos únicamente es positiva para esos sectores. Los autores, los doctores David Hope de la LSE y Julian Limberg del King´s College de Londres, estudiaron los últimos 50 años de políticas fiscales en 18 países pertenecientes a la OCDE, entre ellos Estados Unidos y el Reino Unido. Analizaron los gravámenes sobre los ingresos, el capital y los activos en una serie que alcanza hasta el 2015, aunque Hope y Limberg sostienen que el análisis se aplica a la reducción impositiva llevada adelante por el presidente Donald Trump en 2017. Los países estudiados en el documento son Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Países Bajos, Noruega, Nueva Zelanda, Suecia, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos.

No hay efecto derrame, ni mejoramiento general de la economía como consecuencia de reducir drásticamente la carga tributaria a quienes tienen mayor capacidad contributiva. “Los legisladores no deberían preocuparse de que aumentar los impuestos a los ricos para financiar los costos financieros de la pandemia perjudique sus economías”, afirmó Hope.

Y señala: “Nuestros resultados muestran que importantes recortes de impuestos para los ricos aumentan la parte superior del 1% del ingreso nacional en los años posteriores a la reforma. La magnitud del efecto es considerable; en promedio, cada reforma importante conduce a un aumento de 0,8 puntos porcentuales en la parte superior del 1% de la renta nacional. Los resultados también muestran que el desempeño económico, medido por el PIB real per cápita y la tasa de desempleo, no se ve afectado significativamente por importantes recortes de impuestos para los ricos. Los efectos estimados para estas variables son estadísticamente indistinguibles de cero”.

Los autores mencionan que sus hallazgos “sobre los efectos del crecimiento y el desempleo brindan evidencia en contra de las teorías del lado de la oferta que sugieren que los impuestos más bajos para los ricos inducirán respuestas de oferta laboral por parte de las personas de altos ingresos -más horas de trabajo, más esfuerzo, etc.- que impulsan la actividad económica. De hecho, están más en línea con la investigación empírica reciente que muestra que las moratorias fiscales y las ganancias inesperadas no llevan a las personas a alterar significativamente la cantidad de trabajo“. Y concluyen que los resultados alcanzados “tienen implicaciones importantes para los debates actuales sobre las consecuencias económicas de gravar a los ricos, ya que brindan evidencia causal que respalda el creciente conjunto de pruebas de estudios correlacionales de que reducir los impuestos a los ricos aumenta la participación de los ingresos superiores, pero hace poco efecto sobre el desempeño económico”.

El Dr. Hope es miembro visitante del Instituto Internacional de Desigualdades de la LSE y profesor de Economía Política en el King’s College de Londres, dijo en declaraciones a la prensa que la investigación dirigida junto a Julian Limberg “muestra que el argumento económico para mantener bajos los impuestos a los ricos es débil. Los importantes recortes de impuestos para los ricos desde la década de 1980 han aumentado la desigualdad de ingresos, con todos los problemas que eso conlleva, sin que se compensen las ganancias en el desempeño económico “.

Por su parte, el Dr. Limberg es profesor de Políticas Públicas del King’s College de Londres y luego de la publicación del trabajo enfatizó que los resultados arrojados por el estudio “podrían ser una buena noticia para los gobiernos que buscan reparar las finanzas públicas después de la crisis del Covid-19, ya que implican que no deberían preocuparse indebidamente por las consecuencias económicas de impuestos más altos para los ricos“.

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La importancia de esta investigación radica en que el sentido común dominante continúa imbuido por ese pensamiento, como ejemplo reciente se encuentra el pedido realizado en los últimos días por Paolo Rocca a Martín Guzmán: bajar impuestos, subsidios —excepto los destinados a sus empresas— y salarios. El paper de la LSE funciona como base empírica para quienes propugnan por impuestos más progresivos en busca de una sociedad más igualitaria.

El estudio es contundente: “Encontramos que las reformas que reducen los impuestos a los ricos conducen a una mayor desigualdad de ingresos (…). En contraste, tales reformas no tienen ningún efecto significativo sobre el crecimiento económico y la tasa de desempleo”.

El texto recorre las reformas impositivas pro ricos que la mayoría de los países indagados han realizado desde 1980. Se encuentran incluidas, por ejemplo, las dos reducciones impositivas de Reagan en los Estados Unidos -1982 y 1987-, así como las llevadas a cabo por Thatcher en el Reino Unido -1979 y 1988-, que significaron una fuerte reducción de los impuestos a los sectores dominantes de la sociedad.

Uno de los ejes del abordaje de la investigación es la comparación entre el desempeño de países que aprobaron leyes de grandes recortes de impuestos con quienes no lo hicieron: el caso australiano luego de la reforma fiscal de 1987 y el de los Estados Unidos tras la reducción impositiva de 1982 fueron contrastados con los resultados económicos contemporáneos de países que no recortaron o eliminaron impuestos a los ricos. Dicha metodología se aplicó a cada reducción de impuestos en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos -OCDE-. Este procedimiento arrojó como resultado que la caída impositiva a los ricos coincidió con un lapso de aumento de la desigualdad -en los países anglosajones el efecto fue más fuerte-. Después de las reformas, la participación en el ingreso del 1% más rico aumenta en casi 0,6% en 3 años, alcanzando los 0,8% en 5 años.

Otra conclusión que se desprende de “las consecuencias económicas de los grandes recortes fiscales para los ricos” es que el PIB per cápita y la tasa de desempleo no se ven afectados significativamente por las reducciones impositivas: “Los efectos estimados para estas variables son estadísticamente indistinguibles de cero”.

“Nuestros resultados tienen importantes implicaciones para los debates actuales en torno a las consecuencias económicas de gravar a los ricos, ya que proporcionan evidencia causal (…) de que la reducción de los impuestos sobre los ricos aumenta las cuotas de participación de los ingresos superiores, pero tiene poco efecto en el desempeño económico”, argumentan Hope y Limberg.

En una columna para The Conversation, los investigadores discuten que, para abordar las consecuencias financieras de la pandemia de Covid-19, los gobiernos deberían considerar colocar una mayor carga fiscal sobre los ricos, lo que aliviaría al erario público y reduciría las desigualdades sociales. Expresaron que “muchos analistas y políticos creen que los impuestos deberán aumentar en los próximos años para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Los impuestos más altos a los ricos podrían ayudar a financiar la expansión sustancial y potencialmente duradera del gasto público y la protección social que se observó durante la pandemia”. Del mismo modo, “podrían ayudar a abordar las desigualdades económicas y de salud, que solo han sido exacerbadas por el Covid-19 y sus consecuencias económicas”.

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El desafío incluye no solo que los ricos paguen proporcionalmente más impuestos que el resto de la sociedad, sino que los Estados tengan la capacidad —y la voluntad— de cobrarlos: el adversario es de magnitud y cuenta con jurisdicciones de baja o nula tributación -guaridas fiscales-, ejércitos de abogados y contadores, así como múltiples exenciones fiscales y un Poder Judicial que habitualmente defiende sus intereses y el statu quo. ♣♣♣

#PA.