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Hagamos como en…

Por Adrián Machado


…Reino Unido, Brasil, Estados Unidos, Corea del Sur, Suecia, Israel, Uruguay o Taiwán. Cada semana, militantes anti cuarentena proponen un modelo distinto al que Argentina debe copiar. Diferencias y similitudes entre países. La revalorización de la Ciencia y la Tecnología.

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El aislamiento es víctima de su propio éxito: “¿Todo esto por poco más de 500 muertos?” “¿Cuándo llega el pico de infectados?” “La cuarentena más larga del mundo”, “Arruinaron la economía con el aislamiento”. Estos son algunos de los enunciados más populares repetidos durante las últimas semanas, sus divulgadores son comunicadores de medios de alcance nacional –esencialmente porteños–, políticos del ala dura opositora –Patricia Bullrich y cía.–, vedettes como Susana Giménez y empresarios pertenecientes a grupos económicos concentrados –que, por supuesto, no se expondrán, lo harán sus empleados–. En las últimas horas se ha sumado un grupo de famosos, influencers, autopercibidos intelectuales y ex funcionarios del anterior gobierno que denuncia, a través de una solicitada, que se vive una “infectadura” en el país.

El alucinante texto ensaya una comparación entre la última dictadura y la actualidad, sin embargo, se les ha escurrido un detalle: en la presente infectadura, liderada por el todopoderoso doctor Cahn, la obligación impuesta a los ciudadanos es la de no morir, en contraste con lo sucedido en el periodo 76-83.

Argentina está más cerca de su movimiento habitual en estaciones de transporte público que Inglaterra, por ejemplo. Es por esto que la militancia anti-cuarentena pasó de proclamar seguir la estrategia de “inmunidad de rebaño” hace un mes a un argumento más rústico como “son nazis y nos encierran como en un gueto” ahora. 

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El bajo número de fallecidos es producto de las medidas tomadas por el país y su población, la relativización del éxito da cuenta del mismo. Brasil y Argentina tuvieron sus primeros ciudadanos muertos por COVID el mismo día -17/3-, a partir de allí el camino es conocido: 28 mil de un lado, 524 del otro. 

La aseveración referente al mentado “pico” de contagios debe aclararse, no es un evento del orden natural ni que automáticamente después del mismo los contagios tiendan a cero -el descenso de casos ha ocurrido en países que luego de sufrir un pico de infecciones implementaron medidas de aislamiento estricto y distancia social efectiva-. Precisamente, el aislamiento o la mal llamada “cuarentena” son los métodos efectivos para administrar ese pico. Esa es la función de las medidas: evitar una saturación del sistema sanitario. El proceso puede repetirse si se relajan las normas debido a los pocos casos registrados.

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En medio del “pico” de anti cuarentenas debe reiterarse que el relajamiento de los aislamientos se efectuó cuando los casos bajaron significativamente, no a la inversa -como es el caso del AMBA-. La situación de CABA es particularmente delicada, ya que, si la proyección de casos sigue la tendencia actual, en un mes se pueden saturar las terapias intensivas.

La inmunidad colectiva se logra a partir de la vacunación masiva, no a través de otro caballito de batalla -hoy en retirada- de los militantes que se manifestaron en numero minúsculo el pasado 25 de mayo: la inmunidad de rebaño. Países que dejaron “correr” la enfermedad, como Suecia, han logrado poco más del 8% de inmunidad colectiva, esa estrategia necesitaría 8 veces más de personas muertas para frenar la propagación del virus. Por ello hemos visto el cambio discursivo de este grupo, mutó de la “inmunidad de rebaño” a “nos tienen encerrados como en un gueto”.

La banalización suprema provino del sociólogo Juan José Sebreli -firmante de la solicitada contra la “infectadura”-, quien a sus 89 años y en un estudio de televisión denunció estar bajo “prisión domiciliaria” dictada por el gobierno nacional y trazó una grotesca comparación de la situación en la Villa Azul del partido de Quilmes de la provincia de Buenos Aires con el infame gueto de Varsovia.

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Este sistema de administración de cantidad de infectados durará hasta la aparición de la vacuna –se cree que en la primera parte del año próximo– y se trata de fases flexibles, es decir que pueden retrotraerse. Corea del Sur, Singapur, Wuhan, han vuelto atrás con reaperturas graduales. En países de la extensión del nuestro, la reapertura se hace por regiones, mundialmente las zonas metropolitanas son las más afectadas y Argentina no es la excepción. El sistema comercial de medios de comunicación es porteñocéntrico, por eso cuando se refieren a “la cuarentena más larga del mundo” señalan lo que sucede en la zona metropolitana de Buenos Aires –la capital federal y 40 municipios bonaerenses–. 21 de 23 provincias argentinas han tenido resultados positivos gracias a las medidas de distanciamiento y experimentan algún grado de transición a la “nueva normalidad”, pero el foco exclusivo está puesto en el AMBA. Incluso el gobierno nacional participa de ese encuadre en diferentes oportunidades –las conferencias de prensa previas a los anuncios sobre distintas fases del aislamiento son un claro ejemplo–.

La falsa dicotomía entre salud y economía sigue vigente como argumento discursivo de las voces que estamos reseñando. Veamos el caso de Brasil, uno de los marcados ejemplos “anticuarentena”: más de 468 mil casos positivos de COVID-19 –segundo país con mayor cantidad, después de Estados Unidos– y alrededor de 28 mil muertes ¿Pero la economía debe estar pasando un gran momento? ¿No? No.

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística -IBGE- reportó que en los últimos tres meses se perdieron casi 5 millones de puestos de trabajo en el vecino país, elevando la tasa de desempleo al 12,6% en el trimestre febrero-abril. Los sectores más afectados fueron: el comercio, la construcción y los servicios domésticos. Cálculos conservadores del gobierno estiman una caída del PBI brasileño –que representa un tercio de toda Latinoamérica– de 4,7% este año, lo que sería la peor recesión en 120 años.

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Otros tantos referentes y voces autorizadas –y no tanto– exigen modelos como los asiáticos –que hemos repasado aquí https://puenteaereodigital.com/columnistas/la-sociedad-del-conocimiento/el-modelo-asiatico-para-combatir-al-coronavirus/-. Lo que se destaca de dichos modelos son los recursos tecnológicos aplicados al testeo, rastreo y aislamiento.

Cabe aclarar que la metodología de contact-tracing se puede aplicar cuando hay pocos casos, si los infectados son demasiados es estéril –esta semana Corea del Sur dio marcha atrás con ciertas aperturas, escuelas, museos, parques y bares, por ejemplo, debido a un rebrote del virus–. Por otra parte, no existe una solución puramente tecnocrática, un virus no es un algoritmo. Quienes proponen soluciones chinas, coreanas o, últimamente, taiwanesas, dejan de lado el contexto de esos países. El último modelo a imitar, Taiwán, tiene una población de 3 millones de habitantes, un sistema de gobierno que va mucho más allá de sugerir la utilización de una app en algunas regiones del país y lo más importante: invierte el 5% de su PBI en Ciencia y Tecnología, contra un 0,5% de Argentina. El país viene de una sostenida demolición de su sistema tecnológico y aun así ha logrado concretar la creación de tests indispensables para intentar alguna de las estrategias exigidas -testear, rastrear y aislar-.

En el país existen 24 tipos distintos de cuarentenas, no es lo mismo Catamarca que el AMBA –concentrador del 90% del total de casos–. En la mayoría de los distritos se avanza hacia lo que será la “nueva normalidad”, excepto en el epicentro metropolitano. Es atinado llamar “nueva normalidad” al periodo próximo, hasta la existencia de una vacuna. La etapa nueva consistirá en la circulación de la mayoría de la población con distanciamiento y hábitos de higiene y cuidado sostenidos. El requisito básico para que esto sea llevado a cabo es la reducción de nuevos casos a cero o muy pocos para poder controlar los brotes futuros –con una enfermedad altamente contagiosa como la que estamos experimentado, se descuentan nuevos brotes–.

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Un repaso general por algunos países europeos desarma el argumento que indica la eliminación de restricciones circulatorias en todo el mundo y el retorno a la vida pre pandemia.

  • Alemania: comenzó su cuarentena el 22 de marzo, es de los países que mejor lidió con la pandemia gracias a su capacidad biotecnológica. El 6 de mayo se acordó entre todos los Estados que conforman el país relajar las medidas restrictivas con el requisito de no superar los 50 casos cada 100 mil habitantes durante el lapso de siete días, de lo contrario se retorna a la fase previa.
  • España: también se manejan con un plan de fases que se aplican en las diferentes provincias, según su situación sanitaria. Su aislamiento comenzó el 15 de marzo y, al igual que en Argentina, sus focos más problemáticos son las grandes metrópolis: Barcelona y Madrid. Consecuentemente, ambas zonas están en fases más atrasadas con respecto a otras zonas del país. Solo se permite salir con hasta 10 personas a un kilometro de la vivienda en determinados horarios, hubo reapertura de algunos parques y comercios. Los shoppings continúan cerrados, así como el transporte interjurisdiccional. El inicio de la “nueva normalidad” se espera, de manera optimista, para finales de junio. El país tiene más de 258 mil casos y más de 27 mil fallecidos por COVID-19.
  • Inglaterra: el 23 de marzo se impuso un estricto aislamiento, descartada la estrategia de lograr la inmunidad de rebaño por contagios masivos. La liberación paulatina comenzó el 13 de mayo con la vuelta al trabajo de algunos sectores, se desaconseja el uso de transporte público, los contactos se limitan a encontrarse con una persona en un parque con distanciamiento y las actividades deportivas se circunscriben a la práctica solitaria en espacios abiertos. Está previsto para el lunes la apertura de locales no esenciales, siempre y cuando el descenso de contagios continúe. El primer ministro aclaró que el avance de fases de relajamiento de medidas no significa que no se pueda volver atrás. El país cuenta con más de 271 mil casos positivos y más de 38 mil muertes por coronavirus.

Los efectos producidos por la pandemia son significativos. El sanitario es el más presente, seguido por el socioeconómico y el mental. Los estados de ánimo fluctúan diariamente, lo que no se modifica es la presencia del virus, que nos espera. El COVID-19 es inmune a nuestro aburrimiento, cansancio o angustia.   ♣♣♣

#PA

Domingo 31 de mayo de 2020.