Hablemos de datos

 -  -  6

Por Adrián Machado


Nick Couldry y Ulises Mejias presentaron el pasado jueves su último libro, en el que indagan sobre un tema medular: el uso de datos. Explotación, mercancías, vigilancia, colonialismo y capitalismo se entrelazan en una problemática que podría dar lugar a una nueva manera de vivir en sociedad.

El jueves 2 de julio se llevó a cabo el encuentro virtual “Los Costos de la Conexión: el colonialismo de los datos”, que sirvió como presentación del libro homónimo, cuyos autores son Nick Couldry y Ulises Mejias. La temática abordada se convirtió en un núcleo central de nuestras vidas, es un fenómeno holístico que afecta a la totalidad del planeta. Podríamos decir que no hay exterioridad, el tracking es continuo y se ha visto aumentado durante este periodo de confinamiento, a raíz del incremento del uso de plataformas de extracción de datos.

La reunión fue convocada por el Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina -MESO-, un espacio de investigación y debate sobre medios, cultura y tecnología digital, fundado por las universidades de Northwestern y San Andrés. El evento fue coordinado por los investigadores y directores de MESO: Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski. La moderación del mismo corrió por cuenta de Brenda Focás -investigadora del CONICET y de la UNSAM, autora de varios artículos de investigación sobre medios y comunicación-. Luego de una pequeña introducción, los autores desarrollaron los principales argumentos de su obra por alrededor de 25 minutos para, finalmente, responder inquietudes de la audiencia.

Nick Couldry es profesor de Medios de Comunicación y Teoría Social en la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres –London School of Economics and Political Science-. Sus análisis de medios han sido muy influyentes en el campo de los estudios de comunicación, últimamente ha centrado su estudio en los datos y la ética y las implicancias sociales del Big Data y la colonización de datos. Es un autor prolífico, superando la decena de libros publicados, entre los que se cuentan “The Mediated Construction of Reality” y “Media: Why It Matters”. Por su parte, Ulises Mejias es profesor asociado de Estudios de Comunicación y Director de Estudios de Acción Global en la universidad del Estado de Nueva York, Campus Oswego. Además, es investigador principal del Observatorio de Algoritmos y se especializa en el estudio del rol de los medios desde distintas perspectivas, como los estudios críticos de Internet y la economía política de los medios digitales. Es autor de “Off the Network: Disrupting the Digital World” y de numerosos artículos en revistas internacionales de ciencias de la comunicación. Ambos escribieron el año pasado un libro de intensa actualidad y fundamental para la discusión social: The Costs of Connection – How Data is Colonizing Human Life and Appropiating it for Capitalism, editado por la Universidad de Stanford, que aún no cuenta con traducción al castellano.

***

Los Costos de la Conexión: el colonialismo de los datos

La exposición fue iniciada por Couldry, al afirmar que el libro tenía muchos hilos que convergían en una cuestión central: ¿Qué está pasando con los datos? “Hay muchas propuestas que ya han sido extendidas sobre la mesa y generalmente son propuestas sobre un nuevo capitalismo, un capitalismo digital, un capitalismo informacional, un capitalismo de plataformas, un capitalismo de vigilancia como dijo Shoshana Zuboff o sencillamente un capitalismo de datos. Pero en nuestro libro preguntamos si lo que está pasando con los datos es algo potencialmente mayor, algo que verdaderamente podría cambiar el movimiento de la historia como tal, específicamente una nueva fase en las relaciones entre el colonialismo y el capitalismo”.

Estas relaciones tienen más de 5 siglos existencia y han atravesado distintas fases, que decantaron en la emergencia del capitalismo primigenio. “Algunos atisbos de esa conexión colonial los encontramos en los tópicos del negocio, por ejemplo, la frase ‘los datos son el nuevo petróleo’, una frase de la primera página de la revista The Economist de hace 3 años. El petróleo, un recurso colonial. Esa frase, ¿es solamente una metáfora? O, lo que es mucho más interesante, una forma ideológica que es necesaria para disfrazar un enorme despojo nuevo, que si merece el nombre de un colonialismo nuevo en sí mismo”, plantea Couldry.

***

Mejias, el coautor, retoma la idea y aclara que no utilizan el concepto colonialismo de manera metafórica: “estamos hablando esencialmente de una nueva fase de las relaciones entre colonialismo y el capitalismo, lo que llamamos el colonialismo de datos”. Esta fase, dice el investigador, sienta las bases de un nuevo modo de producción capitalista, del mismo modo que el colonialismo preparó los cimientos para el capitalismo industrial.

“El colonialismo de datos coexiste con las desigualdades generadas durante el colonialismo anterior, la herencia del subdesarrollo, el racismo, la violencia y es profundamente continuo con los objetivos del colonialismo”, asevera el profesor de Oswego. Aunque con una diferencia central: no se observa ni el tipo, ni el nivel de violencia física que llevó a la muerte de millones de habitantes originarios de América durante la época colonial; “estamos hablando de diferentes medios, pero fines similares”.

El colonialismo de datos es, según sus autores, un orden emergente para la apropiación de la vida humana de modo que los datos puedan ser extraídos continuamente de ella para obtener ganancias. Mejias señala la importancia de la comprensión de la diferencia entre colonialismo y colonialidad para poder entender la definición previamente explicitada. La colonialidad es un concepto desarrollado por el sociólogo peruano Aníbal Quijano y expresa que el colonialismo no existe en el mundo contemporáneo, las colonias se independizaron, pero la herencia de ese proceso nos acompaña. El legado persiste y uno de los autores de “Los Costos de la Conexión” señala que la función de los dos colonialismos es la misma: despojar, extraer. El antiguo se apoderó de la tierra y el nuevo de nuestras vidas sociales, a través de los datos.

El profesor mexicano explica la forma en que todo esto se racionaliza: “Una razón por la que este nuevo orden social es muy efectivo es porque las nuevas racionalidades en las que está basado son muy similares a las anteriores racionalidades, sean estas económicas, legales o tecnológicas, todas ellas tienen un profundo pasado colonial”. De la naturaleza barata -sin dueño civilizado-, para colonizar el mundo, se pasó a la mano de obra barata -proporcionada por algunas clases de seres humanos- para transformarla en riqueza. Ahora estamos en el estadio de los datos baratos. “Si nos fijamos, tienen la misma racionalidad extractiva que vimos con la naturaleza y el trabajo. Son abundantes, se dice. No tienen propietario, no tienen dueño, por lo menos en su forma agregada. Nosotros individualmente los producimos, pero colectivamente no tienen dueño y se tratan por eso como un residuo. Se necesitan procesar con alta tecnología que solo tienen ciertas empresas. Nuestra única responsabilidad es generarlos y se nos dice que esto es orden y progreso”, sentencia Mejias, antes de devolver la palabra a su colega.

***

Nicholas Couldry anticipa la conclusión del libro y resume las ventajas de la perspectiva colonial para entender lo que está pasando con los datos: alcance y escala. “En cuanto a la temporalidad, en un marco colonial podemos pensar a lo largo de 500 años, no solamente a lo largo de cuatro décadas y por eso ver el despojo de los datos como una nueva forma histórica de extracción de recursos tan importante como el colonialismo histórico. También, y pensando hacia el futuro, podemos ir más allá del hoy en día y anticipar la próxima etapa del capitalismo a la que allanan el terreno esos nuevos actos coloniales de despojo de datos”, detalla el investigador inglés.

La otra ventaja es el alcance, “el colonialismo de datos supone, por supuesto, los medios sociales, pero también supone la vigilancia de muchos tipos de trabajo. Especialmente el trabajo de los estratos bajos, eso supone la emergencia de la economía de contratistas –gig economy-, también supone la emergencia de la logística a través de todo tipo de negocios desde hace tres décadas”. La perspectiva colonial también facilita comprender la profundidad de lo que sucede actualmente con los datos, comenta el expositor. La construcción de un nuevo orden social se basa en formas emergentes de dependencia y gobierno, que a su vez se fundan en la conveniencia y la personalización. Esa es la ventaja ofrecida a cambio de la vigilancia permanente.

***

“También, y finalmente, cuando adoptamos una perspectiva histórica y colonial podemos ver más claramente que es el uso de los datos masivos, sino una continuación de una antigua racionalidad occidental: la idea de una totalidad social que niega la diversidad, que niega la heterogeneidad humana y que anhela manejarlas como si fueran todas las mismas”, finaliza el segmento sobre las ventajas de adoptar la perspectiva colonial para comprender la dinámica actual de los datos.

El siguiente argumento abordado por Couldry es un matiz a la definición de Marx acerca de la reproducción del orden capitalista. El profesor de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres indica que el orden actual no se reproduce solamente a través de las relaciones laborales -como sugiere Marx- sino que debe entenderse también desde las relaciones de datos: “Es decir, una nueva forma de relaciones sociales, formas de reproducir la vida social que configuran nuestras relaciones para optimizar exactamente la extracción de datos con fines de lucro”.

Couldry rescata el pensamiento del historiador, filosofo y economista canadiense Moishe Postone, quien “escribió sobre la extracción como la característica fundamental del capitalismo, no la mercantilización, no los métodos, sino la abstracción, el proceso de hacer abstracto el flujo continuo de la vida”. La producción de datos es un proceso de abstracción, “un proceso por el cual la vida social ordinaria se convierte en un factor directo de la producción capitalista” y “que, si eso sigue desarrollándose sin fin, en el futuro no podremos comprender la vida humana como algo exterior del capitalismo, en el futuro vivir la vida humana supondrá existir dentro de los límites del capitalismo sin posibilidad de dar un paso afuera”, advierte el investigador británico.

Antes de concluir este bloque discursivo, traza un contrapunto con otras etapas capitalistas: el capitalismo de datos funciona bien sin ninguna violencia física y eso se debe a que “hace dos siglos nos hemos acostumbrado a aceptar las condiciones de vivir bajo el capitalismo y sus condiciones de ley y orden social. Es decir, ya estábamos listos para las relaciones de datos”.

***

Ulises Mejias interviene para el último tramo de la presentación del libro “Los Costos de la Conexión”, en el que ejemplifica la colonialidad de las relaciones de datos en el presente a través de un videojuego y sugiere algunas estratagemas para resistir este orden social emergente. En cuanto al primer aspecto, menciona que junto a su colega realizaron diversas comparaciones transhistóricas para comprender la colonialidad en las relaciones de datos actuales, las organizaron mediante el plan de juego 4 E que se encuentra en los videojuegos de estrategia: explora, expande, explota y extermina. El académico de la Universidad Estatal de Nueva York se enfocó en la primera de ellas: explorar. Y lo hizo a través de la comparación de dos documentos históricos.

“El primero es los términos de servicio de Google Chrome y en el caso que usted, como la mayoría de nosotros, no los haya leído esto es lo que dice en parte: cuando uno instala Google Chrome, usted le da licencia perpetua, irrevocable, global, sin derechos de regalías y sin derechos de exclusividad, para reproducir, adaptar, modificar, traducir, publicar, representar públicamente, exhibir públicamente y distribuir cualquier contenido que usted entregue, publique o exhiba en o a través de los servicios. Entonces, cuando instalamos Chrome, a todo esto le estamos dando permiso a Google”, este contrato de uno de los navegadores más populares es contrastado con un texto del siglo XVI.

“Quiero compararlo con otro documento histórico, el requerimiento, que era un documento que leían los conquistadores cuando llegaban a las aldeas de las ciudades en el nuevo mundo, a veces llegaban en el medio de la noche sin ser percibidos y procedían a leer este documento, en español, a una población que no hablaba español. El documento decía, en parte, ‘y si así no lo hicieses [aceptar la autoridad real]…os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos…’”. Claro está que no sucedió lo mismo después de la lectura del Requerimiento que posteriormente a instalar Google Chrome, el punto de la comparación es “llamar la atención al uso del lenguaje engañoso y ciertamente abstracto para llevar a cabo este truco del despojo”.

El último tópico desarrollado en el encuentro virtual fue el de una posible descolonización de los datos: “lo primero que tenemos que darnos cuenta es que las soluciones de una sola vía no van a funcionar, porque este es un problema multifacético que amalgama 500 años de injusticia, las soluciones unidimensionales no van a dar buenos resultados”. Esto no significa, dice Mejias, dejar de ejercer presión para que los gobiernos regulen a las corporaciones, el boicot individual a ciertas plataformas no es efectivo, pero si la capacidad de daño que pueden tener múltiples compañías quitando sus anuncios de Facebook -como ocurrió esta semana-.

¿Con que propósito descolonizaríamos nuestros datos? “Tenemos que pensar que hay que recuperar el espacio y el tiempo colonizados para proteger esencialmente la integridad del ser. El espacio colonizado por las cámaras de vigilancia por ejemplo o por los asistentes digitales que ahora tenemos en nuestros hogares, el tiempo colonizado, por ejemplo, por las pantallas. Hay que rechazar también la racionalidad universal de la recopilación y extracción de datos. Y, por último, hay que aprender de las luchas de descolonización pasadas y presentes”.

***

“La descolonización de datos es principalmente un ejercicio creativo, imaginar colectivamente como vivir la desconexión y como formar nuevas formas de conexión, algo particularmente importante durante estos tiempos de distancia social”, finalizó así la presentación .♣♣♣

#PA.

Domingo 5 de julio de 2020.
6 recommended
comments icon 0 comments

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *