El lobby de las Big Tech en la UE

Por Adrián Machado

El caso europeo es un buen ejemplo del accionar de los gigantes tecnológicos: han pasado de rechazar todo tipo de regulación a intentar diseñar normativas a su medida. La reciente investigación de Corporate Europe Observatory pone al descubierto la red de influencias desplegada por estas compañías, que las ubica por delante de la industria farmacéutica, el sector de los combustibles fósiles, las finanzas y los productos químicos.

Corporate Europe Observatory (CEO) es una organización cuyos objetivos son la exposición del acceso privilegiado y la influencia, mediante distintos grupos de lobby, de la que gozan las corporaciones en la elaboración de políticas públicas de la Unión Europea. El diseño de normas públicas por parte de las empresas conduce a políticas que exacerban la injusticia social, la desigualdad económica, el cambio climático y la destrucción del medio ambiente, afirma la organización.

El 31 de agosto pasado, el CEO publicó una investigación que da cuenta de la fuerte presión que ejercen estas compañías con el fin de lograr una regulación a medida. “The Lobby Network: Big Tech´s web of influence in the EU”, entre otros aspectos, traza un mapa de los actores en pugna.

Se desarrolla un juego de pinzas, mientras que la UE se centra en aspectos problemáticos como la desinformación y los aspectos nocivos de la publicidad (la competencia desleal, por ejemplo), las empresas del sector tecnológico ejercen presión para la elaboración de nuevas normativas que se adapten a sus intereses.

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¿Quiénes son?

El universo de actores que presionan a legisladores de la UE, a través de distintos grupos de lobby, es variopinto: desde los gigantes de Silicon Valley, hasta las corporaciones chinas provenientes de Shenzhen, pasando por quienes proveen la infraestructura que mantiene funcionando a Internet, así como los nuevos jugadores del sector. Este amplio universo no es homogéneo, se encuentra profundamente desequilibrado: existen 612 empresas, grupos y asociaciones empresariales que presionan sobre las políticas de economía digital de la Unión Europea, consigna la investigación. En conjunto, invierten más de 97 millones de euros al año en actividades de lobby ante las instituciones de la UE. Esto convierte a la tecnología en el mayor sector de lobby de Europa por gasto, por delante de la industria farmacéutica, los combustibles fósiles, las finanzas y los productos químicos.

De los casi 100 millones gastados en lobby, casi un tercio lo explican casi diez empresas: Vodafone, Qualcomm, Intel, IBM, Amazon, Huawei, Apple, Microsoft, Facebook y Google gastan más de 32 millones de euros para hacer oír su voz en la UE. Además de los aportes individuales, las compañías se organizan de manera colectiva; solo las asociaciones empresariales que fungen como grupos de lobby de las Big Tech tienen un presupuesto que excede ampliamente al 75% de las empresas de la industria digital.

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Las 10 empresas con mayor capacidad de lobby en la UE.

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Un ejemplo que explica el funcionamiento del lobby y el acceso privilegiado de estos grupos es la propuesta de un paquete de servicios digitales, esfuerzo de la UE para ejercer algún tipo de regulación. Los altos funcionarios de la Comisión encargada del asunto tuvieron 271 reuniones para discutir la problemática, el 75% de ellas con lobistas de la industria, encabezados por Google y Facebook.

El cambio de posición de los grandes jugadores del sector digital incluyó una modificación de imagen y discurso público: no solo abandonaron la pretensión de la no regulación y la reemplazaron por el deseo de normas regulatorias a medida, sino que han celebrado públicamente este tipo de discusiones, como la citada anteriormente. De todos modos, tanto las actas públicas de las reuniones, como las estrategias de lobby filtradas a la prensa, demuestran que la presión por diluir cualquier norma estricta de regulación es la premisa principal.

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Cantidad de reuniones entre los altos funcionarios de la Comisión Europea y los lobistas de la industria digital.

El trabajo cita la opinión de la socióloga e investigadora Shoshana Zuboff, quien ha señalado que los grupos de lobby; junto el establecimiento de una puerta giratoria que permite que representantes del sector sean funcionarios y luego vuelvan a sus puestos previos, así como una fuerte campaña cultural y académica, son los fundamentos de que el modelo de negocios actual (basado en la violación de la privacidad de las personas y el crecimiento monopólico) se haya desarrollado sin mayores cuestionamientos.

Otro elemento distintivo de esta nueva etapa en el accionar público de las grandes compañías de tecnología (recordemos que el documento analiza las variables en la UE, pero se puede aplicar a todo el mundo, con las particularidades de cada caso) es la supuesta preocupación por afectaciones regulatorias no para si mismos, sino para los usuarios particulares y las PYMES del sector. De esta manera, se alerta que una posible regulación en Europa se perniciosa para el continente, en beneficio de Estados Unidos y China. La idea central que sostiene esta narrativa es que la regulación perjudica a la innovación tecnológica.

Los lobistas de las grandes empresas tecnológicas también se basan en la financiación de una amplia red de terceros, como Think Tanks, Cámaras de PYMES y de empresas emergentes y consultorías jurídicas y económicas, para hacer llegar sus mensajes. Estos vínculos a menudo no se revelan, lo que oculta posibles sesgos y conflictos de intereses.

El lobby no solo incluye a organizaciones y asociaciones creadas ad hoc, existen también 14 Think Tanks y ONG que representan el pensamiento del sector. La ética y la práctica de estas organizaciones políticas varía, pero algunas parecen haber desempeñado un papel especialmente activo en los debates en torno al paquete de servicios digitales, organizando discusiones exclusivas o sesgadas en nombre de sus financiadores o publicando informes alarmistas, reseña “The Lobby Network”.

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Think Thanks y ONG.

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Los vínculos corporativos se expanden también a las asociaciones y cámaras que agrupan a las pequeñas y medianas empresas, las startups, y los “expertos” mediáticos que tienen voz en la esfera pública, presentándose siempre sin mencionar sus relaciones corporativas.

En ese sentido, la eurodiputada de los Verdes Alexandra Geese dijo que “es inaceptable cómo las empresas tecnológicas dominan el debate público sobre la legislación digital, especialmente la DSA/DMA (la reforma legislativa que pone el foco en los prestadores de servicios digitales), a través de su acceso directo a la Comisión Europea y a los legisladores, así como mediante Think Tanks e instituciones académicas financiadas por ellas”. Aparentemente dispuestas a conformarse con la legislación y a cooperar con las autoridades, dirigen el debate hacia temas que no cuestionan su modelo de negocio”.

La situación actual era diferente hace una década, rememora la investigación, el dominio del lobby en contra de las regulaciones estatales estaba liderado por sectores como el financiero o farmacéutico. Estos y otros han sido superados por los gigantes digitales en gasto, alcance e influencia. La potencia de la presión y la concentración del sector digital afecta a los derechos individuales, la competencia y, en última instancia, al funcionamiento democrático de la sociedad.

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Finalmente, el Observatorio Europeo de Empresas propone un programa para limitar la enorme influencia en la arena pública y política de las Big Tech:

  • Transparencia efectiva de los grupos de lobby sin puntos grises, incluyendo un Registro de Transparencia mucho más fuerte y con mayor capacidad de control
  • Requisitos adecuados de transparencia en la financiación para que los Think Tanks y otras organizaciones revelen sus fuentes de financiación
  • Bloquear la puerta giratoria entre las instituciones de la UE y las grandes empresas tecnológicas reforzando las normas éticas y creando un comité de ética independiente que pueda iniciar investigaciones y aplicar sanciones
  • Más transparencia y responsabilidad democrática a nivel de los Estados miembros y del Consejo Europeo
  • Garantizar un equilibrio entre las partes interesadas que se escuchan, lo que podría incluir la limitación de las reuniones de los grupos de lobby en cuanto haya un desequilibrio tanto a nivel de la Comisión como del Parlamento Europeo
  • Los funcionarios y los responsables políticos de la UE también deberían buscar de forma proactiva las voces de los que tienen menos recursos: PYMES, académicos independientes, grupos de la sociedad civil
  • Los funcionarios y responsables políticos de la UE deberían ser escépticos con respecto a los lobistas: cuestionar sus fuentes de financiación, comprobarlas, denunciar cualquier tipo de actuación incorrecta, no transparente, o no ética de este tipo de grupos
  • Los funcionarios y responsables políticos de la UE no deben asistir ni participar en actos o debates cerrados al público, celebrados bajo las normas de Chatham House (Instituto Real de Asuntos Internacionales), o que no revelen su patrocinio
  • Los expertos que participen en debates políticos deben revelar siempre sus clientes y posibles conflictos de intereses. Siempre que las organizaciones de expertos participen en la comunicación con los responsables de la toma de decisiones y en eventos políticos en nombre de sus clientes, deben inscribirse en el Registro de Transparencia de la UE y revelar quiénes son sus clientes que aportan el dinero para estas actividades
  • Hacer frente al excesivo poder de mercado de las grandes empresas tecnológicas reforzando las obligaciones de los “gatekepeers”, los controles de fusiones y desarrollando instrumentos estructurales para acabar con los monopolios digitales
  • Dar poder y proteger a los ciudadanos abordando el modelo de negocio de explotación de la privacidad de las plataformas digitales, prohibiendo la publicidad basada en la vigilancia y permitiendo a los usuarios excluirse de los sistemas de recomendación de contenidos
  • La sociedad civil también debe actuar. El mundo académico, los Think Tanks y las ONG que mantienen vínculos con las grandes empresas tecnológicas deben considerar de forma crítica cómo pueden funcionar como parte del poder blando de la empresa y deberían plantearse cortar esos vínculos

El objetivo final es, concluye el trabajo del Corporate Europe Observatory, lograr una Internet mejor, que sirva a los ciudadanos, las pequeñas empresas, y las comunidades en su conjunto. ♣♣♣

#PA.

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