Billions, apuntes sobre la desigualdad global

Billions, apuntes sobre la desigualdad global

Por Adrián Machado


Los multimillonarios estadounidenses han aumentado su fortuna en un trillón, para alcanzar los cuatro trillones, desde que comenzó la pandemia. Ese aumento supera el paquete de ayuda -908 billones- bloqueado en el Congreso por los republicanos, al considerarlo muy costoso. ¿Por qué importa la desigualdad global?

Desde el comienzo de la pandemia hasta el lunes 7 de diciembre, los 651 milmillonarios más importantes de Estados Unidos han incrementado en un trillón su fortuna, llegando a los 4 trillones en total. ¿Cuánto es un trillón? Al uno le siguen dieciocho ceros: 1.000.000.000.000.000.000. Este aumento en su riqueza supera el total de un paquete de estímulos negociado por ambos partidos en el Congreso y que aun no ha sido aprobado por la resistencia del ala más dura del Partido Republicano.

El aumento de la riqueza de este pequeño y poderoso grupo es del orden del 36% en casi nueve meses, según reporta Americans for Tax Fairness -ATF- y Institute for Policy Studies -IPS-. Combinados, solo los 10 más ricos tienen más de un trillón de dólares.

¿Qué significa esta ganancia de un trillón de dólares durante la pandemia? Esa cifra es:

  • Más de lo que costaría dar $ 3.000 a cada ciudadano estadounidense. Es decir, una ayuda mayor -en el marco de una recesión histórica- que el paquete de estímulo que se encuentra bloqueado en el Congreso.
  • El doble del presupuesto de los gobiernos locales y estatales por dos años, que se estima en alrededor de $ 500 billones. En medio de la crisis, para junio, dichos gobiernos ya habían despedido más de un millón y medio de trabajadores y los servicios públicos -especialmente la educación- sufrieron severos recortes.
  • Un poco menos del total federal de gastos en los Programas de Salud Medicare -$ 644 billones en 2019- y Medicaid -$ 389 billones en 2019-, que benefician a 120 millones de estadounidenses.
  • Casi cuatro veces el total -$ 267 billones- de pagos de estímulos realizados a 159 millones de personas desde que comenzó la pandemia.

Los cuatro trillones con que cuentan los 651 milmillonarios del país del norte significan casi el doble de la riqueza que posee la mitad más pobre de la población de EEUU: 651 personas combinadas doblan la riqueza de 165 millones en conjunto.

Nunca antes Estados Unidos había visto tal acumulación de riqueza en tan pocas manos”, señaló Frank Clemente, director ejecutivo de Americans for Tax Fairness. “Mientras decenas de millones de estadounidenses sufren los estragos económicos y de salud de esta pandemia, unos cientos de multimillonarios aumentan sus enormes fortunas. Sus ganancias pandémicas son tan inmensas que podrían pagar una importante factura de alivio de COVID y aún no perder un centavo de sus riquezas anteriores al virus. El crecimiento de su riqueza es tan grande que podrían proporcionar un pago de estímulo de $ 3.000 a todos los hombres, mujeres y niños del país, y seguir siendo más ricos de lo que eran hace 9 meses. Joe Biden ganó un mandato de equidad fiscal en noviembre. Esperamos trabajar con él y el Congreso para cumplir con el mismo y gravar la enorme riqueza de estos multimillonarios “, detalló Clemente.

Por su parte, Chuck Collins, del Institute for Policy Studies, mencionó que “la concentración de riqueza para la clase de los multimillonarios es inquietante en un momento en que millones enfrentan el desalojo, la indigencia y la pérdida” y aseguró que “los multimillonarios están extrayendo riqueza en un momento en que los trabajadores esenciales se ven empujados a la línea de fuego viral”.

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En contraposición, a los estadounidenses de a pie no les ha ido tan bien durante la pandemia:

  • Casi 14,9 millones han contraído el virus y 284.000 han muerto a causa de él
  • Los ingresos laborales colectivos de los empleados del sector privado disminuyeron un 2,3% desde mediados de marzo hasta mediados de octubre, según la Oficina de Estadísticas Laborales
  • Casi 67 millones perdieron el trabajo entre el 21 de marzo y el 7 de octubre de 2020
  • 20 millones estaban cobrando el seguro de desempleo al 14 de noviembre de 2020
  • 98.000 negocios han cerrado definitivamente
  • 12 millones de trabajadores perdieron el seguro médico provisto por el empleador durante la pandemia hasta el 26 de agosto de 2020
  • Casi 26 millones de adultos informaron que su hogar no tenía suficiente comida en la última semana entre el 11 y el 23 de noviembre. Desde el 28 de octubre al 7 de noviembre, entre 7 y 11 millones de niños vivían en un hogar donde no comían lo suficiente porque no podían afrontarlo económicamente
  • 12,4 millones de adultos, 1 de cada 6 inquilinos, informaron en noviembre de retrasos en el pago del alquiler

Sin una política federal de recomposición de los ingresos, los trabajadores enfrentarán una pérdida de empleos y servicios aún mayor de la que ya han sufrido. El Instituto de Política Económica calcula que sin más ayuda federal se perderán 5,3 millones de puestos de trabajo en el sector público, incluidos los de maestros, empleados de seguridad pública y trabajadores de la salud, para fines de 2021.

Debido a las desigualdades raciales y de género de larga data; los trabajadores con salarios bajos, las personas de color y las mujeres han sufrido de manera más contundente la crisis económica y sanitaria ocurrida a raíz de la irrupción del coronavirus. Los negros y los latinos tienen muchas más probabilidades de contagiarse y morir de Covid-19. Los multimillonarios son abrumadoramente hombres blancos.

El aumento especulativo del mercado financiero y el cierre de la economía debido a las medidas de aislamiento dictadas para combatir la pandemia han sido una bendición para los monopolios tecnológicos y ayudaron a crear cuatro “centimillonarios” estadounidenses. Jeff Bezos, Elon Musk, Bill Gates y Mark Zuckerberg ahora valen cada uno más de $ 100 mil millones. Antes de este año, Bezos había sido el único centimillonario de EE.UU., lográndolo en 2018. Bezos y otros multimillonarios, Musk entre ellos, han experimentado grandes aumentos en su riqueza entre el 18 de marzo y el 7 de diciembre:

  • La riqueza de Jeff Bezos creció de $ 113 mil millones el 18 de marzo a $ 184 mil millones, un aumento del 63%. Sumando la fortuna de su ex esposa MacKenzie Scott de $ 60 mil millones ese día, los dos tenían una riqueza combinada de casi un cuarto de billón de dólares gracias a sus acciones de Amazon. Si el crecimiento de la riqueza de $ 71.4 mil millones de Bezos se distribuyera entre sus 810.000 empleados estadounidenses, cada uno obtendría una bonificación de más de $ 88.000 y el dueño de Amazon no sería más “pobre” que hace 9 meses.
  • Elon Musk vio incrementarse su fortuna en casi $ 119 mil millones, de $ 24,6 mil millones el 18 de marzo a $ 143 mil millones, un aumento de casi cinco veces, impulsado por sus acciones de Tesla. El fundador de SpaceX ha disfrutado de uno de los mayores aumentos en el patrimonio neto de cualquier multimillonario. Ese crecimiento de $ 119 mil millones en riqueza es más de cinco veces el presupuesto de $ 22,6 mil millones de la NASA para el año fiscal 2020. Precisamente, la agencia federal espacial ha salvado la compañía de Musk con un enorme contrato público en el momento en que sus cohetes eran un fracaso y se enfrentaba a la bancarrota.

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Desigualdad Global

Branco Milanovic, economista serbio y uno de los mayores especialistas en desigualdad económica, ensaya distintos conceptos de utilidad para pensar en la problemática de la desigualdad desde un abordaje global. Muchas de sus definiciones se relacionan con la situación estadounidense que hemos reseñado párrafos atrás.

Los cambios en la desigualdad mundial reflejan el crecimiento, estancamiento o declive económico —y con frecuencia político— de los países, los cambios en los niveles de desigualdad al interior de los países y las transiciones de un sistema social o de un régimen político a otro”, esta sintética definición se encuentra al comienzo de su libro Desigualdad Mundial – Un nuevo enfoque para la era de la globalización, editado por el Fondo de Cultura Económica en 2017.

A continuación, Milanovic ejemplifica esa definición: “El crecimiento de Europa occidental y de los Estados Unidos después de la Revolución industrial dejó su marca en la desigualdad mundial, incrementándola. Mas recientemente, el rápido crecimiento de varios países asiáticos ha tenido un impacto igualmente significativo, que ha tendido a reducir la desigualdad mundial. Y los niveles nacionales de desigualdad, ya sea que aumentaran en Inglaterra durante los comienzos del periodo industrial o que crecieran en China y los Estados Unidos en décadas recientes, también han tenido implicaciones mundiales”. Es relevante conceptualizar lo global dentro del fenómeno de la desigualdad: “la suma de todas las desigualdades nacionales más la suma de todas las diferencias en ingresos medios entre países”, es decir, la desigualdad entre los ciudadanos ricos y pobres de un mismo país y la diferencia de ingresos entre los distintos países medidos de forma general.

Una particularidad mencionada por el autor es que la situación por la que atravesamos no tiene antecedente en los últimos dos siglos. Por primera vez desde la Revolución Industrial que la desigualdad mundial no ha sido impulsada por diferencias cada vez mayores entre los países. Esta brecha se ha estrechado como consecuencia, en buena parte, del aumento de los ingresos medios de los países asiáticos. Si la tendencia continúa, advierte Milanovic, la desigualdad global disminuirá y aumentará la misma al interior de las naciones. “En alrededor de 50 años podríamos volver a la situación que había a principios del siglo XIX, cuando la mayor parte de la desigualdad mundial se debía a las diferencias de ingresos entre británicos ricos y pobres, entre rusos ricos y pobres o entre chinos ricos y pobres, y no tanto al hecho de que los ingresos medios en Occidente fueran mayores que los ingresos medios en Asia”, grafica el serbio.

Luego de dar cuenta de lo que llama “prima de ciudadanía”, la determinación del lugar en que nacemos y/o vivimos sobre 2/3 de nuestros ingresos a lo largo de nuestras vidas, el investigador propone que para reducir las desigualdades al interior de los países es mejor “un mayor énfasis en la igualación de dotaciones —tanto en propiedad del capital como en nivel de educación— que en la tributación sobre los ingresos actuales”.

En cuanto a la reducción de la desigualdad mundial, argumenta a favor de un crecimiento más rápido de los países pobres y de menores obstáculos para las migraciones —premisa más compleja de llevarla a cabo que la primera—. En el capitalismo actual es tanto imprescindible como extremadamente difícil gravar al capital, expresa el autor, porque es sumamente móvil y los Estados que se benefician de esta movilidad no tienen ningún interés en hacerlo para ayudar a quienes pierden con ella. También subraya una cuestión que parece ampliamente conocida, pero que conviene recordarla: “Los paraísos fiscales no solamente existen en los microestados, sino también en países grandes como los Estados Unidos y el Reino Unido”.

Otro aspecto que debe presentarse es el referente a los tipos de igualdad para un mejoramiento general de la sociedad. La igualdad formal, ensaya Milanovic, es necesaria pero no suficiente; no se requiere solo de igualdad legal entre las personas, sino también de una igualdad mucho mayor que la actual de ingresos y riqueza. Esta diferenciación es ejemplificada con el concepto de John Rawls “igualdad meritocrática”: “lo que él ve como el nivel más bajo de la igualdad, en la que todos los participantes son legalmente libres de elegir la carrera que prefieran, pero en la que sus posiciones de inicio son a menudo tremendamente diferentes. Aquellos a quienes solamente les importan ‘las identidades’ aspiran a poner a todas las personas en la misma línea de inicio, pero no les importa que algunos lleguen a la línea con Ferraris y otros con bicicletas. Su trabajo está hecho una vez que todos están en la misma línea de inicio; caso cerrado: justo donde comienzan los verdaderos problemas”.

Finalmente, y antes de exponer que la desigualdad no desaparecerá con la globalización porque las ganancias generadas por dicho proceso no se reparten equitativamente, el economista serbio subraya la vigencia del crecimiento como la herramienta más importante para reducir la pobreza y la desigualdad en el mundo. Enfatiza Milanovic en la dificultad de sobreestimar la importancia del crecimiento en los países pobres como un medio para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos de a pie: “El menosprecio por el crecimiento que de vez en cuando emerge a la superficie proviene principalmente de gente rica en países ricos que creen que pueden prescindir de un mayor crecimiento económico. Sin embargo, estas personas están engañándose a sí mismas o son hipócritas: su propio comportamiento, por ejemplo, cuando negocian sus salarios y comisiones, muestra que sí les importan los incentivos materiales. Además, si el crecimiento no fuera necesario, ¿por qué no celebramos la recesión en lugar de tratar de deshacemos de ella?”.

Luego aborda a los promotores del decrecimiento —una doctrina que también tiene sus adeptos en Argentina—, quienes promueven, al menos, una desaceleración del crecimiento debido a preocupaciones ambientales. En palabras del autor, “son a menudo los principales contribuyentes a la degradación ambiental y al calentamiento global. Solo tenemos que pensar en la hipocresía de las conferencias sobre la neutralidad del carbono en las que los organizadores tratan de convencer a los adinerados participantes de evitar sentirse mal por haber volado 15 horas para llegar a la conferencia mediante el pago de la llamada ‘compensación de emisión de carbono’, una práctica similar a la antigua práctica de pagar indulgencias para la expiación de los pecados en la Iglesia católica”.

Los principales contribuyentes al cambio climático son los ricos, pero son ellos quienes claman por una reducción del crecimiento tanto en países ricos como pobres, bajo la premisa de que si sus condiciones de vida pudieran ser alcanzadas por los pobres el mundo sería insostenible en términos ecológicos. Esta preocupación por el equilibrio ecológico debe ser plasmada en limitaciones al crecimiento de ese pequeño grupo de milmillonarios y no al resto de la humanidad.

La brutal recesión causada por la pandemia nos brinda múltiples ejemplos de esta corriente de pensamiento socioeconómico: excepto un puñado de países que presentarán un crecimiento módico de su PBI, la mayoría sufrirá bruscos descensos —Argentina más del 10%—. En ningún caso, aun con los esfuerzos realizados por los Estados para atenuar el impacto de la crisis, se observa reducción de pobreza, de indigencia, suba de salarios, descenso de la desocupación o una mejora en el índice GINI. Por lo tanto, proponer un decrecimiento económico en pos de una vida “verde”, frugal y campestre, es, como mínimo, ingenuo. ♣♣♣

#PA.