Amor a la grieta

Divisiones, grietas, intereses contrapuestos. ¿Los conflictos se generan en las redes sociales y plataformas digitales o la discusión política es independiente del ecosistema digital? Ese, entre muchos otros interrogantes, es analizado en Polarizados – ¿Por qué preferimos la grieta? (aunque digamos lo contrario), libro coordinado por Luis Alberto Quevedo e Ignacio Ramírez, en el que definen a la “grieta” como “la ley de gravedad de la política contemporánea”: eso que no se ve pero que determina todo lo demás.

Las divisiones identitarias son prexistentes a las redes sociales, los algoritmos segregan y personalizan, pero la polarización es anterior al ecosistema digital y va más allá de él. Esa idea está expresada en el ensayo ¿Polarización política o digital? Un ecosistema con todos los climas de Natalia Aruguete y Natalia Zuazo incluido en Polarizados – ¿Por qué preferimos la grieta? (aunque digamos lo contrario).

Antes de introducirse en la problemática de la polarización digital, las autoras reseñan los vertiginosos cambios estructurales de Internet. El tráfico en la red se distribuía entre miles de sitios en el mundo. Eso era en 2007, para 2014 la competencia se concentró en poco más de una treintena de compañías: por ejemplo, Google compartía mercado con Yahoo! y Altavista, Microsoft con IBM y Cisco. Facebook estaba en una etapa inicial, los blogs eran furor.

En la década de 2010, dicen Aruguete y Zuazo, se consolidó la posición monopólica de las plataformas digitales; Google, Microsoft, Facebook, Apple y Amazon concentran todos los servicios e infraestructura de Internet.

La polarización general se manifiesta en dos esferas particulares: la política-social y la mediática-digital. Las investigadoras detallan que en la polarización política conviven la polarización ideológica y la polarización afectiva. “La ideológica nos lleva a apoyar una agenda de temas alrededor de los cuales nos diferenciamos políticamente. La afectiva nos invita a simplificar la complejidad del mundo social y alinear sus atributos en una única dimensión”, explican.

Ambas polarizaciones -la ideológica y la afectiva- se vuelven difusas en las redes cuando se trata de algún evento deportivo, de la serie del momento, o de algún reality de moda. En esos casos, los usuarios intermedian entre las distintas comunidades, los contenidos van y vienen, existen ciertos acuerdos sobre los asuntos. Pero, cuando la conversación es sobre temas políticos la situación cambia.

La vertiente política de la discusión pública transcurre mayoritariamente en burbujas de filtro, es decir, con quienes coincidimos cognitiva y afectivamente. En esas burbujas las agendas se fusionan y se dialoga con quienes se comparte una interpretación común de los acontecimientos.

El texto trae a colación una cita del sociólogo William Thomas: “si las personas definen las situaciones como reales, estas serán reales en sus consecuencias” y la asocia con lo sucedido durante la pandemia de Covid-19. Parte de la oposición al gobierno argentino lo señaló como el gran culpable de la cifra de muertos por coronavirus y al mismo tiempo sostuvo que no eran necesarias medidas de cuidado o restrictivas alguna. Ambos argumentos convivieron sin contradicción en las redes sociales opositoras.

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Marcar agenda

En cuanto a la instalación de un tema, Aruguete y Zuazo relatan que para poder disputar una agenda se necesita que distintos actores comunicaciones participen en la discusión: medios tradicionales, influencers digitales, actores políticos. Luego se coordinan las distintas operaciones políticas, campañas negativas, violencias discursivas y estrategias de fake news y discursos de odio.

Un aspecto importante aclarado en el ensayo es que la fragmentación de las audiencias no ocurre únicamente en redes y plataformas, los medios tradicionales también recurren a la personalización de ofertas de contenidos para captar nichos de audiencia. “La uniformidad de temas termina por diferenciarse en su enfoque editorial. Todos pueden hablar de educación en pandemia; algunos propondrán el regreso a la presencialidad, otros destacarán el cuidado de la salud”, indican las autoras.

Las redes no son islas, ni el ecosistema mediático puede pensarse de manera dicotómica, expresan las investigadoras. Al contrario, medios y redes actúan de manera conjunta y de esa forma potencian su capacidad de instalar una definición de la realidad.

Existen momentos en que las narrativas político-comunicacionales hegemónicas ofrecen intersticios para que se cuelen otro tipo de narrativas. El texto se pregunta: “¿para tener éxito, las acciones sociales deben someterse a las dinámicas polarizantes de la escena mediática o existen otras alternativas? ¿Los movimientos sociales y políticos deben hacer coincidir su agenda con lo que espera el ‘gran público’ para que sus reivindicaciones sobrevivan? ¿O pueden aspirar a una redefinición de los eventos mediante dinámicas colaborativas que se salteen las rutas convencionales de la información?” y cita a continuación las experiencias de las agendas de género impulsadas en Chile, Colombia y Ecuador que, sumadas a otras iniciativas, lograron vehiculizar dinámicas transversales e interpartidarias. Además, se repasan algunas experiencias exitosas recientes en Argentina.

Las distintas demandas sociales expresadas a través de diversas marchas y manifestaciones en distintas ciudades latinoamericanas en los últimos años arribaron a la agenda mediática bajo la lógica dramática, señalan Aruguete y Zuazo. Se hizo hincapié en el escándalo y la controversia antes que en el consenso y la transversalidad de las iniciativas. Para ilustrar este punto, las investigadoras recuperan una cita de Todd Gitlin: “La noticia arquetípica es una nota sobre delito, y un movimiento de oposición se trata común, rutinariamente y sin pensarlo como una especie de delito”.

Para sostener cualquier reclamo popular una de las claves se encuentra en saltar la polarización para instalar el tema. Para ello, señalan las académicas, se deben construir narrativas transversales que se sostengan entre distintos actores y medir la correlación de fuerzas para evitar caer en el escándalo de los escenarios mediáticos-digitales polarizados.

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#PA.

7 de enero de 2022.

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