Aceleracionismo

Aceleracionismo

Por Adrián Machado


Breves apuntes sobre una de las teorías sociales que propone avanzar hacia el postcapitalismo: conceptos básicos, enfoques y cómo abordarlo desde Latinoamérica.

En esta columna sintetizaremos las ideas expuestas en el apartado introductorio, escrito por sus compiladores, de Aceleracionismo, estrategias para una transición hacia el postcapitalismo y en el Manifiesto por una Política Aceleracionista, documento de 2013 cuyos coautores son Alex Williams y Nick Srnicek. Además, indagamos sobre lo que nos deja el aceleracionismo y cómo utilizarlo desde América Latina.

El libro citado es una compilación de ensayos que fueron ordenados por Armen Avanessian y Mauro Reis, publicado en 2017 por la Editorial Caja Negra. La obra incluye ensayos de distintos autores que abordan la cuestión desde diferentes ángulos. Franco Berardi, Ray Brassier, el colectivo Laboria Cuboniks, Mark Fisher, Nick Land, Reza Negarestani, Antonio Negri, Benjamin Noys, Steven Shaviro, Benedict Singleton, Nick Srnicek, Tiziana Terranova y Alex Williams son los autores que conforman el corpus textual de la edición.

“El aceleracionismo es una herejía política: la insistencia en que la única respuesta política radical al capitalismo no es protestar, agitar, criticar, ni tampoco esperar su colapso en manos de sus propias contradicciones, sino acelerar sus tendencias al desarraigo, alienantes, descodificantes, abstractivas”, esta definición da inicio al texto. El núcleo de buena parte del pensamiento aceleracionista es la evaluación del vínculo de las fuerzas transformadoras, emancipatorias y las axiomáticas del valor de cambio y de la acumulación capitalista que organizan la sociedad.

Una postura de este tipo trae aparejada dos grandes riesgos, dicen Avanessian y Reis, la incapacidad de pensar el futuro sino como un apocalipsis que reiniciará al mundo desde cero y la tentación de reemplazar la vieja creencia de la muerte del capitalismo a causa de sus propias contradicciones por una euforia pro mercado, indistinguible de la fe que profesan muchos gobernantes.

Uno de los propósitos del aceleracionismo es dotar a la izquierda contemporánea de una idea de futuro, ya que buena parte de la misma se contenta con la melancolía y la resistencia: la denuncia, la protesta mediatizada, pequeños disturbios y la autocomplacencia de mantener una postura “crítica” acerca de la inmersión de la vida humana en el capital. Otra parte busca retroceder la velocidad -que no es sinónimo de aceleración, pese a su profusa utilización en ese sentido- capitalista imaginando un bucólico retiro campestre o algún tipo de resignación al miserabilismo, con el supuesto de la existencia de un “afuera” del capitalismo.

Por lo tanto, desde la izquierda el aceleracionismo ensaya un prometeísmo y un racionalismo renovados, con la convicción que la inmanencia de lo social y lo técnico no tiene retorno, y hasta es deseable que así sea, lo que lleva a considerar como un elemento importante para la transformación política el desarrollo y conocimiento de las formas contemporáneas de comprensión de la complejidad social, política y económica. Estas ideas fueron lanzadas a la discusión pública por el Manifiesto por una Política Aceleracionista.

Es menester detenerse brevemente en Marx; porque, al igual que muchas corrientes teórico-políticas, el aceleracionismo también dialoga y discute con el fantasma del alemán. Descartada la autodestrucción del capitalismo, el foco se posa en la relación del ser humano con la producción, la relación es mediada por un aparato social objetivo, acumulado, ramificado y construido a través de la comunicación, la tecnología, la replicación y el incremento del conocimiento y las habilidades. Esta cuestión es un nodo problemático divergente entre los diferentes aceleracionismos: “Williams y Srnicek, por ejemplo, nos urgen a descubrir los medios para la realización práctica de esta separabilidad, mientras que para Nick Land en los noventa, la imanentización de las máquinas sociales y técnicas -Deleuze y Guattari- debía ser consumada mediante el rechazo de la distinción entre máquinas técnicas y axiomática capitalista”.

El trabajo existe, afirman los autores del prólogo, solo subordinado al engranaje general de la iniciativa social, nuevos sujetos son producidos por el capital y el desarrollo de los mismos es indisoluble del desarrollo del sistema del capital mecanizado.

“No obstante, como observa Marx -y Deleuze y Guattari enfatizan-, el capitalismo continúa operando como si la base ‘miserable’ de ‘el robo del tiempo trabajo’ fuese todavía su supuesto necesario, incluso cuando el ‘nuevo fundamento’ de la producción maquínica proporciona ‘las condiciones materiales para hacer saltar esa base por los aires’”. Esta extorsión del trabajo humano sigue presente porque la innovación por sí misma no es de interés para el capital, de manera contraria si lo es la necesidad de extraer plusvalor. Luego de este planteo, Reis y Avanessian enumeran las preguntas principales del aceleracionismo: ¿Cuál es la relación entre los efectos socialmente alienantes de la tecnología y el sistema de valor capitalista? ¿Por qué y cómo son los efectos emancipadores del “nuevo fundamento” de la producción maquínica contrarrestados por el sistema económico del capital? ¿En qué podría convertirse el humano social si el capital fijo fuese reapropiado en el interior de un nuevo socius postcapitalista?

La disociación entre el individuo y las fuerzas de producción que el mismo hace posible es la policía del capitalismo, tal cual fue expresado por Deleuze y Guattari. El aceleracionismo viene desde lejos, se encuentra en el Fragmento sobre las máquinas de Marx y en un recorte menos conocido, señalan los autores, en el párrafo final del Discurso sobre el libre intercambio de 1848: “Pero en general, en nuestros días, el sistema protector es conservador, mientras que el sistema del libre intercambio es destructor. Disuelve las antiguas nacionalidades y lleva al extremo el antagonismo entre la burguesía y el proletariado. En una palabra, el sistema de la libertad comercial acelera la revolución social. Solo en este sentido revolucionario, señores, voto en favor del libre intercambio”.

Más adelante, en la filosofía francesa posterior a 1968, se encuentran vectores aceleracionistas en las obras de Deleuze y Guattari –El Anti Edipo y Mil mesetas-, Lyotard –Economía Libidinal– y Lipovetsky: “la indiferencia de la forma-valor, la composición maquínica del trabajo y el reformateo despiadado que lleva a cabo sobre todas las relaciones sociales previas, son percibidos como una máquina para la creación de un nuevo y fluido cuerpo social”. Mucho más cerca en el tiempo aparece Mark Fisher con una lectura de un texto de Ellen Willis de fines de los 70′ en el que expone que la aceleración cultural de los años 60′, de manera mayoritaria, fue a través de la música popular.

La reapropiación y el redireccionamiento de los elementos producidos bajo el capitalismo contra sus agentes, estructuras y procesos es una tarea subversiva del orden establecido, menciona Fisher. El ejemplo utilizado es el de las corrientes de liberación contracultural que buscaron remover la institución familiar.

Este autor fue parte de la Cybernetic Culture Research Unit -CCRU-, junto a su ex profesor, Nick Land y Sadie Plant. El grupo de estudios se afincó en la Universidad de Warwick y quería dinamizar el capitalismo mediante una combinación de las transformaciones tecnológicas y económicas de la época con la filosofía francesa, el jungle y la nueva ciencia ficción, desde Terminator 2 hasta Neuromante, la novela de William Gibson, y el ciberpunk en general. “El llamado a construir una hegemonía política capaz de reconfigurar y redirigir la infraestructura del capital hacia objetivos comunes se sostiene y se amplía. En este sentido, como ocurría ya en el mpa, la experiencia chilena de socialismo cibernético, encarnada en la puesta en funcionamiento del Cybersyn como sistema de planificación en red que utilizó los últimos avances en cibernética al servicio del programa de gobierno socialista de Allende, continúa siendo el paradigma de la reorientación de tecnologías capitalistas existentes para fines comunes”, explican Reis y Avanessian.

Finalmente, el prólogo de la compilación concluye con una síntesis del aceleracionismo: es multivectorial y sinérgico, asimila, más allá de la interdisciplinariedad, todos los ámbitos de teoría y práctica posibles para la captación de la totalidad.

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Manifiesto por una Política Aceleracionista

Williams y Srnicek plantean un sombrío escenario en cuanto a las condiciones de vida planetarias en el presente y futuro próximo, marcado de manera preponderante por el colapso del sistema climático y el agotamiento de los recursos, lo cual puede poner en riesgo la continuidad de la existencia humana. A esto le suman las recurrentes crisis financieras, que no son más que una nueva crisis del capitalismo y su incapacidad de mantener los niveles de vida actuales.

La profundidad de la crisis, afirman ambos politólogos, tiene como consecuencia la anulación del futuro. El neoliberalismo, como sistema político, social y económico es hegemónico hace más de 40 años y uno de sus éxitos fue sumir en una parálisis e inacción a buena parte de las izquierdas. Más enfocadas en una suerte de visión local y neoprimitivista, que por plantear una estrategia eficaz en pensar y difundir una idea superadora de las condiciones presentes.

En el segundo punto de su manifiesto los autores realizan una importante aclaración: velocidad no es aceleración. El capitalismo es frecuentemente asociado a esta última acepción, pero avanza siempre dentro de un conjunto estricto de parámetros que nunca oscilan. Lo que se desterritorializa por un lado, se territorializa por otro: “La desregulación impulsada por el tándem Tatcher-Reagan convive en armonía con los valores familiares y religiosos victorianos basados en el ‘retorno a los orígenes’”. Uno de los mayores problemas del sistema capitalista es su imagen autopercibida y proyectada como sinónimo de modernidad, una promesa que es incapaz de cumplir.

El núcleo del manifiesto discurre sobre una división central, consideran Williams y Srnicek, en la izquierda: la que se conforma con una política folk localista que busca un “afuera” del capitalismo y la que se debería considerar como una política aceleracionista, que intente preservar conquistas del capitalismo tardío, al mismo tiempo que se propone ir más allá de lo establecido, sus estructuras de poder y sistema de valores.

La cuestión tecnológica debe ser modificada, hoy las fuerzas productivas de la tecnología son reprimidas mediante guerra de patentes y monopolios, la competencia es vedada por el propio capitalismo. Al decir de Ferdinand Braudel, el capitalismo abomina el libre mercado.

No se trata de volver un pasado añorado, enfatizan los autores del Manifiesto por una Política Aceleracionista, es menester abandonar la melancolía. El fordismo es un recuerdo, no solo indeseable sino impracticable. No es necesario demoler la infraestructura capitalista, sino aprovecharla y redireccionarla hacia el post-capitalismo. Esto requiere planificación, no se trata de creer ciegamente en el avance tecnológico -del mismo modo de no practicar su contracara, el neo-ludismo-, la construcción de un sistema nuevo no florecerá por generación espontánea. Al contrario, lo más probable es que en el caso de una supuesta revolución se retorne a un sistema muy similar al capitalismo, buena parte de la población no conoció otro modo de vida que no sea bajo las reglas del mercado.

La formación científica es de suma importancia e implica utilizar, conocer y experimentar con los avances científicos y tecnológicos alcanzados hasta el momento -análisis de redes, big data, modelos económicos de no equilibrio-. La actitud experimental es ejemplificada en el texto con el proyecto chileno Cybersyn, sucedido en el Chile de Allende: “En él se fusionan tecnologías cibernéticas avanzadas con técnicas de modelación económica sofisticadas y una plataforma democrática materializada en la infraestructura tecnológica.  En los años cincuenta y sesenta también se realizaron experimentos similares en la economía soviética, empleando la cibernética y la programación lineal para intentar resolver los nuevos problemas a los que se enfrentaba   la   primera   economía   comunista   del   mundo”.

El ejemplo citado es una hiperstición, una ficción que motoriza una realidad futura, una profecía cumplida a partir de la retroalimentación del circuito cultural. Es plástica y contingente, no es nostalgia, sino la búsqueda de oportunidades perdidas entre la comunión de la izquierda con la tecnología. Está mas cerca del concepto acuñado por Mark Fisher, siguiendo a Derrida, de “hauntología”: lo que está y no está, un pasado todavía presente y un futuro que no se anuncia.

Cuando se refieren a los métodos para alcanzar la superación capitalista, Srnicek y Williams señalan que la acción directa es insuficiente para alcanzar ese objetivo. Del mismo modo que la democracia no se puede definir por los medios empleados, es más q una votación, es la emancipación y el autodominio colectivo. Ellos proponen un ecosistema de organizaciones, una infraestructura -instituciones y herramientas físicas- que permita materializar, inculcar y divulgar esas ideas. Entre las reformas se encuentra el sistema de medios de comunicación, el acceso y las voces en la esfera mediática, así como la integración de distintas identidades proletarias hoy fragmentadas: el precariado global.

El manifiesto propugna por la recuperación del argumento que enuncia al capitalismo no solo como un sistema injusto y perverso, sino también como un freno al progreso. Uno de los fines de la política aceleracionista es culminar el proyecto ilustrado de la autocrítica y el autodominio colectivo.

Por último, plantean una disyuntiva: un post-capitalismo globalizado o la fragmentación lenta hacia el primitivismo, la crisis eterna y el colapso ambiental.

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¿Cómo abordar al aceleracionismo desde acá?

Como afirma Alejandro Galliano en ¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?, la llamada nueva izquierda se turnó para discutir la propuesta de Srnicek y Williams; Fisher escribió su propio manifiesto, el colectivo feminista Laboria Cuboniks encuadró género y aceleracionismo en el “xenofeminismo”, Toni Negri dijo que el manifiesto era un “complemento anglosajón” de su comunismo spinoziano, aunque criticó la propuesta por ser prácticamente teleológica y descuidar la dimensión cooperativa y social.

Galliano rescata tres críticas realizadas desde la perifieria, Franco Berardi afirma que la desterritorialización no garantiza la emancipación, ni la aceleración asegura el fin del capitalismo -que ha mostrado una gran capacidad de reinventarse luego de cada catástrofe-. Esto es lo que sucedió en Argentina, señala el ensayista, durante los periodos 1976-1981, 1989-2001 y 2016-2019, en que tuvimos experiencias que aceleraron el capitalismo sin cambios benéficos para la mayoría.

La segunda crítica es la que hace Ray Brassier desde el plano filosófico: reconoce que los dos cientistas políticos le dieron racionalismo a la política de Deleuze y la CCRU, pero considera que se trata de un aporte abstracto, simplemente epistémico sin una vinculación con prácticas sociales. Benjamin Noys, quien le puso nombre a la teoría, lo caracteriza como una reacción recurrente; desde los futuristas italianos hasta la actualidad no hubo un sujeto social claro para movilizar ni una mirada compleja del rol social tecnológico.

La conclusión del historiador argentino es que el aceleracionismo, como propuesta política y económica, es confuso en ciertas ocasiones y en otras dañino. En Latinoamérica, por ejemplo, quedan muchas instancias del desarrollo capitalista por cumplirse, por lo que la aceleración nos parece mucho menos subversiva que en Europa central y los partidarios locales pueden repetir el proceso de los viejos marxistas que acompañaron el desarrollismo de los años sesenta. El salto de etapas en la conformación capitalista podría ser una opción, pero los antecedentes de Mao o Stalin deberían convencernos de descartar esa elección.

La idea aceleracionista no puede quedar en una simple polémica con el miserabilismo, los defensores de la reproducción de las condiciones de vida actuales y la política folk. Sobre todo, porque esa política tuvo éxito en América Latina durante más de una década.

Luego de este extenso, pero introductorio, encadenamiento de ideas, la preguntas que se imponen son: ¿Para qué nos sirve el aceleracionismo? y ¿Cómo abordarlo desde esta región?

Todos somos aceleracionistas, inmersos en el mercado y su lógica. Como señaló Bong Joon-ho, el director de la última película ganadora del Oscar -Parasite-, “Todos vivimos en el mismo país llamado capitalismo”.

El desafío es que hacer con eso, la sensibilidad neoliberal está instalada en todas las clases sociales, por ello es necesario instalar un imaginario de futuro atractivo. Un nuevo sistema de valores es lo que podemos rescatar como “lección” de esta teoría política, al igual que la apropiación de la subjetividad neoliberal para enfrentar a la versión contemporánea del capitalismo. Hacer algo con lo que hicieron de nosotros. ♣♣♣

#PA.

Domingo 18 de octubre de 2020.