¿Qué tal si nos dejamos de joder?

 -  -  2

Por Silvia Risko

Mi abuelo paterno, Gusmán, se embarcó a sus diecisiete años –luego de haber huido de su Rusia natal– en un barco polaco que lo trajo a Buenos Aires. No hablaba una sola palabra en español, tampoco traía dinero ni conocía nada de Argentina, mucho menos de Misiones, donde se radicó. Nunca había trabajado la tierra y, según tengo entendido, se había preparado para continuar la carrera militar como su padre y su hermano mayor. Todo cambió con la Revolución Rusa. Asesinaron a sus padres, confiscaron la casa familiar y lo obligaron a convertirse en un fugitivo para sobrevivir. El subirse a ese barco, luego de meses de penurias, fue una cuestión de vida o muerte, literal.

Muchas veces traté de imaginar, no sólo sus pensamientos sino sus sentimientos, pero me fue imposible. El contexto de una situación límite a ese extremo me es ajena, difícil de dimensionar. Tenía una hermana que estaba en sillas de ruedas y dos hermanos mayores. Nunca supo que sucedió con ellos, pero seguro se imaginaba lo peor. Su única esperanza de vida era llegar vivo a Polonia y que lo embarcaran lejos, lo más lejos posible de esa cacería humana que lo había dejado sin futuro y en completa soledad.

Conoció a mi abuela, hija de ucranianos llamada Rosa, y con ella formó una gran familia, pero según lo poco que sé de él siempre fue un hombre taciturno con una mirada melancólica. Estaba agradecido de haber sobrevivido y echado raíces pero seguramente en otras circunstancias jamás se hubiera ido de su tierra natal.

Cuando en pleno 2019, después de casi 36 años de haber recuperado la democracia en nuestro maravilloso país, tierra de oportunidades de cientos de inmigrantes, como mi abuelo, vemos cómo nuestros jóvenes son expulsados del sistema laboral y productivo, que se cierran fábricas, industrias y se achica la producción es inevitable sentir una gran desazón, porque al final de cuentas, la opción –de los que pueden– es convertirse en inmigrantes en otras tierras.

Es hora de salir de la comodidad de lo establecido y animarnos a modificar lo que ya no funciona.

Todos hablan de la importancia de que Argentina integre el primer mundo, pero primero coincidiremos que es necesario establecer políticas de estado que se mantengan en el tiempo, para garantizarnos a los ciudadanos el bien más escaso: estabilidad.

Que dejemos de ser rehenes de los gobernantes, como el actual, que en tan solo tres años y medio destruyó nuestra realidad e hizo polvo toda posibilidad de proyectar a futuro; que busquemos la forma de sentar las bases, como hacen los países que admiramos, para que la salud, educación, capacitación, investigación científica y producción no sean variables cómoda de ajuste. Es el Estado el que tiene la responsabilidad de asegurar que los beneficios se obtengan y se distribuyan de manera justa buscando como fin inmediato la inclusión para luego garantizar la equidad.

Es hora de salir de la comodidad de lo establecido y animarnos a modificar lo que ya no funciona o, mejor dicho, lo que es evidente que no nos protege. Debemos –entre todos– dejar de lado peleas estériles que sólo atrasan, que nos distraen y nos hacen perder el tiempo y abocarnos a diseñar propuestas que ayuden a fortalecer al Estado.

Que no sea tan fácil abandonar a su suerte a los jubilados, es terriblemente injusto que después de haber aportado tanto, con trabajo y dinero, pierdan la tranquilidad de transitar su vida con bienestar; que no sea tan fácil quitar hasta la posibilidad de soñar con una realidad diferente a nuestros niños precarizando su educación y condenándolos a la desnutrición; que no sea tan fácil dejar a una mujer o un hombre sin trabajo y convertirlo en un paria social; que no sea tan fácil robar a nuestros jóvenes la posibilidad de proyectar a corto y largo plazo en el país; que no sea tan fácil destruir desde, las industrias, pymes y comercios hasta las despensas de barrios; que no sea tan fácil destruir la credibilidad en nosotros mismos; que no se tan fácil abandonarnos.

Estoy segura que si hoy pudiera conversar con mi abuelo, él me preguntaría ¿cuándo se van a dejar de joder y decidirse a cuidar lo que tienen?   ♣♣♣

2 recommended
comments icon 0 comments

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *