Que se doble, pero que no se rompa

Por Mauro Federico

Cincuenta y cinco días le quedan al Frente de Todos para demostrarle al conjunto de la sociedad argentina que entendió el mensaje de las urnas y está dispuesto a enmendar los errores cometidos y corregir el rumbo de las políticas que, evidentemente, no fueron percibidas por la ciudadanía como se esperaba. La unidad “dolió”, pero se mantuvo; ahora el desafío del Gobierno es reencauzar la gestión y revertir el revés electoral de las PASO. Pasen y lean.

Algunos integrantes del Frente de Todos sostienen que Alberto Fernández se parece demasiado a su admirado Raúl Alfonsín“Se va a tener que afeitar el bigote para parecerse menos al radical y hacer un gobierno más peronista”, le dijo a este cronista un dirigente del PJ a fines del año pasado. Sin embargo, esta semana, el presidente demostró que es mucho menos dogmático que los miembros del centenario partido creado por Leandro N. Alem a fines del siglo XIX y evidenció un pragmatismo muy propio de los justicialistas, capaces de adaptar sus ideas a los contextos históricos.

Justamente Alem fue quien –en lo que se considera su testamento político tras su suicidio en julio de 1896–legó una frase que quedó inscripta en el ideario de sus correligionarios. El fundador de la UCR dejó un sobre bajo el rótulo “Para publicar”. El texto hallado en su interior dice: “He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble!”.

Fue exactamente lo contrario a este concepto expresado por el malogrado dirigente radical el principio rector que guio el accionar del presidente, quien este viernes prefirió no romper la coalición gobernante que él mismo encabeza, tras las diferencias manifestadas por su vice en una explosiva carta en la que expuso su desacuerdo con las políticas del gobierno que ella misma integra, y torció su decisión de mantener el gabinete intacto hasta después de las elecciones del 14 de noviembre, tal como lo había expresado al día siguiente de la derrota electoral sufrida el domingo pasado en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.

Las cuarenta y ocho horas que vivió la Argentina desde las renuncias en masa de los funcionarios kirchneristas, hasta que finalmente el primer mandatario anunció la reestructuración de su gabinete, fueron frenéticas y no exentas de dramatismo. “La unidad no estuvo en riesgo, aunque los modos en los que se planteó el debate dieron esa imagen”, le dijo a #PuenteAereo una fuente muy cercana al despacho principal de la Casa Rosada. El precepto es claro: “romper sería trabajar para Macri y Alberto no va a hacer eso porque tiene en claro cuáles son las contradicciones fundamentales”, agregó el funcionario consultado, que sobrevivió a la purga.

La primera interpretación que se hizo de los cambios instrumentados fue lineal: ganó Cristina y le intervino el gabinete al presidente, que queda debilitado ante el resultado de la pulseada. Sin embargo, una mirada más detenida de la jugada permite apreciar otros matices de la definición que adoptó en la noche del viernes Fernández.

“Alberto aceptó los errores cometidos y se dispuso a modificar el rumbo para reencauzar la gestión y dar vuelta el resultado de las PASO. Pero Cristina también se dio cuenta que con renuncias mediáticas y cartas no lo va a arriar y aceptó las propuestas de nombres que hizo el presidente, sin objetar ninguno”, sostuvo otro dirigente albertista. “Todos los nombrados son muy cercanos a Alberto, con mucha trayectoria, que también padecieron las actitudes duras del kirchnerismo y que le van a dar volumen político a la gestión”,añadió.

Anibal (Fernández) es amigo de siempre, que estuvo enfrentado en su momento a La Cámpora; (Juan) Manzur es uno de los gobernadores con quien mejor se lleva el presidente, fijate que en 2019 se puso de su lado cuando Cristina bancaba a su rival interno (José) Alperovich; (Julian) Domínguez fue parte de la campaña de 2017 que impulsó la candidatura de Florencio (Randazzo) y cuyo jefe fue Alberto; a Daniel (Filmus), lo impulsamos en la Ciudad como candidato, cuando muchos lo resistían; y finalmente a Santiago (Cafiero) no lo voltearon y quedó en un lugar central, como es la Cancillería; y ni a Matías (Kulfas), ni a (Martín) Guzmán, los tocaron. Así que me parece que no nos fue tan mal, detalló este histórico del albertismo.

Objetivo: ganar en noviembre

Para el presidente, la crisis interna ya quedó superada. Este sábado se terminó de sellar el acuerdo con los gobernadores peronistas en La Rioja. Tras bajar las aguas de la interna y la confirmación del nuevo staff ministerial, Fernández encabezó una reunión de trabajo con los mandatarios provinciales del Frente de Todos, a quienes le demandó “laburo fuerte hacia adentro” y “multiplicar los esfuerzos para revertir el doloroso resultado electoral del domingo”. “Mis candidatos son los candidatos de los gobernadores”, les dijo Alberto, mientras le hincaba el diente a un cabrito a las brasas. Y remató con una frase para la tribuna: “recuerden que mi palabra empeñada es la de ser un gobernador más. No es un enunciado, milito el federalismo como política central de mi gobierno”.

También aseguró que va a trabajar full time para revertir el traspié sufrido en las Primarias. De hecho, además de enviar en su reemplazo a Felipe Solá para participar de la Cumbre de la CELAC (el depuesto canciller que quedó varado en México como Viktor Navorski en “La Terminal” y a su regreso lo espera el llano), Fernández tampoco asistirá a la Asamblea General de la ONU en Nueva York (donde estará presente a través de un mensaje ya grabado), con el objetivo de concentrase en la campaña.

Es evidente que la locura de esta semana no es la mejor terapéutica para una Argentina que necesita funcionarios abocados a resolver los graves problemas que padece la ciudadanía y no a dirimir el tamaño de sus capacidades políticas a través de cartas y mensajes en las redes sociales. La locura nunca fue buena consejera a la hora de tomar las decisiones correctas. A pesar de los volantazos que sean necesarios, el país necesita de un piloto sereno y con temple, que pueda conducir el rumbo de la Nación hacia aguas menos agitadas. Ojalá que esta crisis haya servido como aprendizaje para no repetir los errores en el futuro. 

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