Pedagogía de la esperanza

Por Mauro Federico

La polémica generada a raíz de la difusión de una secuencia protagonizada por la docente de Ciudad Evita, muestra el lado B de un sistema educativo que no admite revisiones sobre sus métodos y encorseta los debates ideológicos que enriquecen el proceso formativo. La intervención del Presidente a favor de la maestra puesta “en la picota” y la posterior reacción del sistema que moldea pensamientos y define la agenda mediática, deja en evidencia la hipocresía de quienes condenan supuestas acciones autoritarias en las aulas, pero avalan prácticas escolares anti-democráticas y se niegan a discutir una reforma integral de la educación que incluya contenidos formativos acordes a las transformaciones socio-culturales de la Argentina. ¿Puede el acto solitario de una profesora que expone las debilidades argumentativas de sus alumnos ser calificado de “adoctrinamiento”, cuando es el propio método pedagógico el que está diseñado para formatear mentes pasivas, que no se cuestionen las supuestas “verdades” emanadas de las usinas de información hegemónica? Pasen y lean.

“Merlí” es una serie catalana con mucho éxito de audiencia, que relata las aventuras protagonizadas por un profesor de Filosofía de una escuela pública en Barcelona. En tiempos en los que las nuevas tecnologías desdeñan el arte de pensar, el ecléctico educador se las ingenia para conectar el mundo interior de sus alumnos con las cuestiones de fondo que aborda la ciencia, en busca de la verdad. Merlí Bergeron, un sesentón rebelde e idealista, cuya vida es todo menos ejemplar, explica las teorías filosóficas de Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Nietzsche, Schopenhauer, entre otros, partiendo de los conflictos que afectan a sus estudiantes y provocándolos con métodos poco convencionales para que reaccionen ante la realidad. De espíritu crítico, mordaz e irritante, sus principios éticos no entienden de eufemismos ni de comentarios políticamente correctos. Su pragmático sentido del deber no le impide cometer acciones reprochables, como robar un examen a un compañero para beneficiar a un alumno que resulta ser su hijo; o intimar con las madres de sus educandos. Pero, a pesar de todo, logra ganarse el respeto de sus pares y el amor de sus alumnos, a quienes llama cariñosamente “peripatéticos”, en evidente homenaje a los discípulos aristotélicos.

El cometido del profesor Bergeron no es la mera trasferencia del conocimiento, sino que sus estudiantes se cuestionen todo lo que les rodea, a través de métodos que lo alejan de la enseñanza lineal y rigorista del aula conservadora del siglo XXI. Interpela a sus pupilos, los provoca, los manipula, los deja en evidencia y los desafía a romper con el orden establecido, sin definir jerarquías. Defiende una educación basada en la pedagogía de la esperanza y en el pensamiento crítico, lo cual le llevaba a potenciar la integración y el aprendizaje cooperativo en el aula y fuera de ella.

El papel del educador como agente que estimula y genera el cambio entre los jóvenes, es clave. La pedagogía moderna sostiene que debatir sobre un tema ayuda a afianzar los conocimientos, pone en marcha los mecanismos del pensamiento crítico, la argumentación y contribuye a la comprensión y expresión oral. Uno de los principales inconvenientes que ostenta el actual proceso educativo es la notable ausencia de discusión por parte de los estudiantes dentro del aula, aun cuando se propone o incentiva a hacerlo. Si bien siempre hay excepciones, gran parte del alumnado manifiesta cierta abulia o desinterés en el debatir ideas. Para el doctor en filosofía y especialista en pedagogía francés Oscar Brenifier “animar la discusión es un proceso que constantemente oscila entre la voluntariedad, la apelación a la voluntariedad y el recurso a la obligación. Sería preferible que los alumnos hablasen de forma voluntaria, pero tampoco pasa nada porque recurramos a medios más coercitivos”.

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Hipocresía y doble discurso

Esta semana, una docente de La Matanza fue suspendida por discutir sobre política a los gritos con un alumno durante una de sus clases. Según confirmó la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, se inició una investigación administrativa “por presunta falta del artículo 139 del estatuto” y, “si se corroboran los hechos”, se seguirá con un presumario y, eventualmente, un sumario. La discusión entre la profesora y el estudiante se viralizó rápidamente a partir de un video que circuló por redes sociales y generó un debate donde no faltaron las calificaciones de “adoctrinamiento” y “autoritarismo”.

En un gesto que sorprendió a propios y a ajenos, Alberto Fernández, salió públicamente a relativizar el accionar de la docente y planteó en una entrevista radial que “en las aulas se debate con más o menos pasión, si la profesora castiga al alumno descalificándolo con una nota, eso es inadmisible. Pero si no lo hizo, solo debatió, con más o menos pasión, el debate es formidable porque abre las cabezas”.De algún modo el presidente, molesto porque desde ciertos sectores –incluso del oficialismo- se lapidó a esta mujer por los métodos empleados en el aula, salió a poner el cuerpo y dejó en evidencia la hipocresía del propio sistema político.

“Es obvio que a la pobre docente la tenían junada, un pibe la provocó, ella explotó mientras otro la filmaba, después lo viralizan y arman este escándalo. Y hay un sector del oficialismo que hace lo de siempre: toma distancia del conflicto, la suspende y la entrega, cuando está caída, la patean en el piso”, reflexionó ante este cronista una fuente con llegada directa al presidente. En términos políticos, Alberto Fernández no quiso ser cómplice del acto miserable de entregar a una mujer que puso el cuerpo para defender las políticas de su gobierno ante un estudiante que la verdugüeaba repitiendo los zócalos de TN. Y se interpuso para evitar el escarnio público, incluso a sabiendas del desgaste que esa acción implicaba para su imagen.

La hipocresía de varios de los cuestionadores es tan grande, que en la Ciudad de Buenos Aires “hay un director de colegio que defendió el proceso militar, un genocidio, un golpe de Estado, una ruptura institucional y nadie dice nada”, dijo el primer mandatario en la misma entrevista con Gustavo Sylvestre. La referencia presidencial fue sobre Gustavo Albónico, quien resultó elegido como director de la Escuela N° 2 del distrito escolar octavo de CABA, pese a que en sus redes sociales realizó polémicos posteos, entre otros en defensa de la dictadura, misóginos y violentos.

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¿Adoctrinamiento o debate de ideas?

¿Puede el acto solitario de una docente que expone las debilidades argumentativas de sus alumnos a la hora de proponer una mirada histórica contemporánea con una vehemencia inapropiada, pero desde la más absoluta honestidad intelectual, ser calificado de adoctrinamiento, cuando es el propio sistema educativo el que está diseñado para formatear mentes pasivas, que no se cuestionen las supuestas verdades que emanan de las usinas de información hegemónica?

Laura Radetich tiene 59 años y es profesora de historia de la Escuela Secundaria Técnica Nº 2 “María Eva Duarte”, de la localidad bonaerense de Ciudad Evita. Uno de sus ex alumnos –que siguió los pasos de su antigua formadora y hoy es licenciado en historia y profesor de geografía- es Walter Ariel San Lorenzo quien, a través de las redes sociales, aportó información y reflexión acerca del episodio.

“Fui alumno de la profe Radetich en el profesorado de Ramos Mejía. Ella es doctora en Historia (UBA) y también estudió en España. Además de participar en foros de educación, escribió libros dedicados al cine y la historia, por ejemplo, que son bibliografía obligatoria en cualquier carrera o licenciatura. O sea que no es una improvisada. Pero tampoco es una docente que baja línea, como se cansaron de decir en estas horas, y mucho menos adoctrina alumnos. Ella es muy apasionada con la historia política y la política en general. Siempre abierta al debate, algo que impulsaba desde sus enseñanzas. Por eso me indigna que se la maltrate. No se puede conjeturar de un video recortado, utilizado para desacreditar por sus dichos contra las políticas del gobierno de Macri. Cuando la tuve como docente, recuerdo que nunca ofendió a nadie ni su voluntad fue hegemonizar el discurso. Ella es enérgica y segura de sus convicciones. Y tal como se la escucha en el video, de la misma manera explicaba la Revolución Rusa o la China de Mao. Escribo esto para que entiendan que le jugaron una trampa y no pudo darse cuenta. Sin embargo, Laura con su pasión y vocación docente, le prestó la atención que el chico se merece. Otros posiblemente hubiesen optado por terminar la interpelación y dar por finalizada la clase. Ella siempre fue de argumentar, con las ideas y las evidencias”.

Adoctrinar no es discutir con un alumno, aún en términos inapropiados, sobre una idea política. El adoctrinamiento es otra cosa. Durante décadas existió un sistema de ideas hegemónico en base al cual se construyeron la mayor parte de los programas educativos con los que hemos sido formadas muchas generaciones. Esa construcción fue cimentada con dogmas, no conceptos, incuestionables en base a los cuales debíamos edificar nuestros preceptos morales, sociales y hasta políticos.

El primer gobierno peronista, a mediados del siglo pasado, fue el primero en plantear una discusión de fondo sobre esta cuestión. Con el objetivo de propugnar la construcción de una “Nueva Argentina”, se vertebraron un conjunto de “saberes” a infundir en la conciencia del pueblo argentino y era el Estado el que debía llevar adelante esa acción. Esos saberes nuevos o resignificados por el peronismo, pretendieron que en esa nueva sociedad, la clase obrera se constituyera masivamente alrededor de una nueva forma de producción económica nacional; con una nueva idea de urbanización en torno a la industria; con nuevos conocimientos en relación al trabajo, a su organización y ejecución; y en cumplimiento de los postulados de la Doctrina Peronista, que se convirtió en Doctrina Nacional. También fue necesario establecer una nueva relación entre el capital y los obreros, donde el Estado jugaba el importante rol de mediador. Nueve años apenas duró aquel período político y fueron más que suficientes para dejar una impronta tan fuerte que destinó a las generaciones venideras a toparse con una formación de neto sesgo anti-peronista que primero intentó negar la existencia de ese proceso, pero luego –ante la imposibilidad de borrar de la memoria tamaña huella indeleble- procuró demonizarlo.

La difusión de este episodio, seguido de la valiente actitud presidencial de defender el accionar de la docente, logró poner en discusión algo que pocos se animan a debatir: la necesidad imperiosa de reformular los cimientos de la matriz con la que se forma hoy a los ciudadanos y ciudadanas del mañana. Probablemente el método empleado por Radetich no haya sido el más adecuado. Tal vez debió haber matizado información con debate, contrastando las consignas zocaleras utilizadas por sus alumnos para provocarla, con razonamientos basados en la evidencia empírica y así demostrar con contundencia los efectos nocivos de las políticas macristas.

Pero antes que linchar a esta mujer por su reacción y condenarla por las formas utilizadas, pensemos en cómo podemos contribuir a despertar el pensamiento crítico de nuestros jóvenes como único camino posible para que busquen las respuestas a las preguntas esenciales de la condición humana y puedan erigirse en sujetos de derecho dentro de una sociedad desigual que los condena a la imposibilidad. Esa es la verdadera pedagogía de la esperanza. ♣♣♣

#PA.

29 de agosto de 2021.

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