Otra vez la falsa antinomia

Otra vez la falsa antinomia

Por Mauro Federico


Tras las medidas adoptadas por el gobierno nacional para restringir fuertemente la circulación y así achatar la curva de contagios, surgieron nuevamente los voceros de la grieta, instalando una supuesta disyuntiva entre “salud” y “economía”. Alberto Fernández les contestó confirmando lo que fue notorio en las calles de las principales ciudades del AMBA durante las primeras dos jornadas de vigencia del DNU. “La inmensa mayoría de la gente percibe la dimensión del problema y acata las restricciones porque sabe que son para proteger al conjunto”, afirmó el Presidente. El intento por judicializar el accionar protectivo del Estado pone en evidencia a los responsables de esta campaña que esconde una miserable especulación política. Pasen y lean.

Este sábado Alberto Fernández se despertó temprano. Mientras desayunaba y repasaba las noticias en su celular, como cada mañana, recibió las novedades de la residencia de Olivos. “¿Cómo que pusieron vallas? ¿Quién dio la orden?”, preguntó a uno de sus colaboradores cuando se enteró que durante la noche del viernes, la Policía Federal había dispuesto –“motu proprio”- vallar la quinta presidencial preventivamente para evitar desmanes ante eventuales manifestaciones violentas. La decisión tenía un motivo: 48 horas antes, una marcha de la que participó la presidenta del principal partido de la oposición en protesta por los anuncios que el presidente formuló el miércoles, había alertado al dispositivo de seguridad que protege al primer mandatario. “Las retiran inmediatamente, yo no necesito que vallen nada”, ordenó Fernández.

Las redes sociales se atestaron de convocatorias a una inexplicable “desobediencia civil” contra la medida que se sustenta en sobrados argumentos científicos y sanitarios y claramente persigue una finalidad protectiva para el conjunto de la sociedad. Aquella misma estrategia que utilizara Mahatma Gandhi para motorizar su “revolución pacífica” contra el imperio británico, o Martin Luther King para repudiar y resistir las leyes racistas de los Estados Unidos, hoy es banalizada por ciertos sectores de la oposición y grupos de minoritarios de la sociedad, para quienes evidentemente la salud no representa una prioridad. Además, algunos de estos grupos especulan políticamente con el desastre y alientan el desacato para forzar al gobierno a tomar medidas más enérgicas con el fin de velar por el bienestar general.

La pandemia genera una crisis de tal magnitud que obliga a pensar el presente y dificulta proyectar el futuro. “Su triunfo cultural consiste en bloquear la imaginación de nuevos rumbos y de nuevos horizontes. Encorsetado el futuro a la catástrofe, a la imposibilidad, se despliega una maquinaria que erosiona la voluntad de acción. Que coloca el destino en cualquier factor ajeno a la voluntad y a la sociedad. Que pretende doblegar deseos, sueños y construcciones colectivas”, sostiene el antropólogo social Alejandro Grimson en el prólogo del libro “El futuro después del Covid”.

Tras los años noventa, en los que primó la hegemonía global propia del neoliberalismo económico y de una narrativa individualista, anti-pública y anti-estatal, en los dos mil se inauguró un proceso que algunos catalogaron de “progresista” o “populista”, con un sesgo ideológico volcado a la centroizquierda, que supo inquietar al establishment de la región y del mundo (porque el fenómeno también se trasladó al viejo continente). Promediando la década pasada, en varios países retomaron el control de los Estados fuerzas con un sesgo profundamente antidemocrático, que desplegaron un discurso de odio muy notorio, que incluyó rasgos de racismo, xenofobia, homofobia, misoginia y discriminación de clase, además de las estigmatizaciones políticas (contra Lula en Brasil, Correa en Ecuador, los Kirchner en Argentina).

El mazazo global que representó la pandemia despertó ese sentimiento contenido de valoración de “lo público” que expresó la necesidad de una solidaridad global y la coordinación de esfuerzos sanitarios y macroeconómicos por parte de los gobiernos. No es para descorchar champagne, pero lo ocurrido exhibe una incipiente muestra de humanidad de quienes hasta no hace mucho, parecían máquinas de administrar las imposibilidades.

El coronavirus ha demostrado el modo exponencial en el que se multiplica la desigual distribución de bienes, pero también la forma inequitativa en la que se diseminan las malarias por el planeta. A todos nos golpeó el covid, pero los poderosos que tuvieron recursos para monopolizar la compra del antídoto, lograron una protección más rápida y efectiva que el resto de los mortales, más mortales que nunca sin la posibilidad de vacunarse.

Las terminales de esos sectores poderosos en la Argentina son los que hoy resisten las medidas adoptadas por el gobierno de Alberto Fernández ante el imparable avance del covid. Y lo hacen mediante los mismos métodos con los que intentaron llevarse puestas todas las conquistas del kirchnerismo: con difamación mediática, escraches y buscando la complicidad del siempre listo Poder Judicial. “No es razonable resistir en la justicia medidas que fueron adoptadas para proteger la salud del conjunto de la población, en medio de una pandemia. Les estamos exigiendo a los jueces que tomen decisiones que los exceden por el mismo marco objetivo de pandemia, dijo ayer el Presidente en diálogo con el portal Data Clave.

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Apuesta fuerte

Restringir de modo más severo la circulación, resignando la bandera de la presencialidad escolar y acelerar el proceso inmunizatorio, de la mano de las vacunas que están llegando en los próximos días, es el combo con el que el presidente piensa enfrentar el pico de una segunda ola que amenaza con transformarse en un problema mayor que su antecesora. La jugada le permitió al presidente recuperar la iniciativa en la lucha contra la pandemia, generándole un costo político muy alto que parece dispuesto a asumir sin ningún tipo de especulación miserable.

Las dos semanas de vigencia del DNU representan el tiempo que Fernández considera fundamental para lograr el achatamiento de la curva epidemiológica, que hace ya varios días no desciende de los veinte mil contagios diarios, con una mortalidad también muy elevada, mientras vacuna a las personas más vulnerables al coronavirus. A las 870 mil dosis de Covishield que llegarán este domingo provenientes de Ámsterdam en un vuelo de KLM como parte del acuerdo COVAX, se le suman unas 500 mil que un nuevo vuelo de Aerolíneas Argentinas traerá al país desde Moscú en los próximos días.

La respuesta del jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, que lo colocó una vez más como el máximo referente opositor, opacando la figura de Patricia Bullrich y Mauricio Macri (totalmente desdibujados en la reacción) y hasta de la reaparecida María Eugenia Vidal. “Alberto y Horacio se transformaron en los dos grandes antagonistas del escenario político, dejando de lado a sus respectivos mentores”, sostuvo un reconocido analista político.

Lo que ocurra en las próximas dos semanas determinará el destino político del presidente de la Nación. Pero también el del Jefe de Gobierno porteño. Si la estrategia definida esta semana es consigue el resultado buscado de frenar el avance letal del virus, Fernández logrará consolidar su liderazgo y podrá mirar el escenario electoral del último trimestre de 2021 con otra perspectiva. El “triunfo” también será festejado por Axel Kicillof, que se posicionó como el “hombre fuerte” del kirchnerismo, con clara proyección nacional, luego de haber logrado convencer al presidente de la necesidad imperiosa de restringir fuerte por un breve lapso temporal.

Para Larreta, la ganancia es doble, porque logró congraciarse con el porteñaje que lo idolatra y desplazó a sus adversarios internos del PRO en la carrera por la candidatura presidencial de un 2023 que parece lejano. Lamentablemente el saldo de esta disputa no solo se cuenta en futuros votos, sino en vidas que hoy se siguen perdiendo a manos de un virus que no sabe de especulaciones políticas.

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El mito y la falsa dicotomía salud/economía

La polaridad entre el factor sanitario y el económico pone de relieve una discusión que empobrece la significación histórica de la salud como proceso sometido a determinantes sociales imposibles de restringir a los microbios o las bacterias, como sostenía el gran sanitarista de la Argentina Ramón Carrillo.  Quienes reclaman que la economía mata tanto como el virus, son los mismos que nunca se preocuparon por la importancia de la economía en la salud a la hora de destinar recursos para la prevención. Mientras que los que afirman que es necesario privilegiar la salud sobre la economía son quienes desde siempre vienen planteando la necesidad de proteger la salud de la población a partir de garantizarle mejores condiciones socioeconómicas de vida.

“Esta convivencia paradójica conduce en algunos a la siguiente ilusión: esta pandemia vehiculizará una consciencia sanitaria que articule lo económico, lo político y la salud. Pero de nuevo, son curiosamente los liberales los que demandan esa articulación, y son los gobiernos anti-liberales (por llamarlos de algún modo) los que se asientan en una oposición para privilegiar la salud sobre la economía. Es que se vislumbra aquí la complejidad del mito y de las tácticas políticas para usarlo o combatirlo: cada quien dice lo contrario a lo que hace, excepción hecha de los liberales sensatos, que sólo articulan economía y salud como excepción de Estado. Mientras la pandemia no tome su dimensión histórica será esencialmente mitológica, y la denuncia de su invención no juega sino el juego del mito”, asegura Nicolás Garayalde, investigador del Conicet en su trabajo “La mitología de una pandemia”.

La pandemia del coronavirus puso en evidencia las deficiencias de los sistemas sanitarios del mundo y permitió vislumbrar el entramado histórico del que surge la salud de la población. Pero el mito es efectivo precisamente por naturalizar en lugar de ocultar y la construcción heroica es la contracara necesaria de aquella naturalización.

“De la misma manera, existen las mitologías inversas, las que vaticinan comienzos de una nueva era. Quizás el de ahora sea el caso, y el coronavirus sea el acontecimiento, necesariamente mitológico, que dispare transformaciones gestadas desde hace ya tiempo y en las que la técnica y sus usos den forma a otra manera de vivir juntos”, concluye Garayalde. ♣♣♣

#PA.