Necesidad y urgencia

Necesidad y urgencia

Por Mauro Federico


Esta semana Alberto Fernández volvió a apostar al consenso con científicos y gobernadores para remozar su estrategia de combate contra la segunda ola de coronavirus. Pero más allá de los fructíferos intercambios con los dirigentes políticos y las eminencias de la epidemiología, el presidente necesita que la sociedad decodifique con claridad el mensaje que apela a la responsabilidad del conjunto de la población para evitar que los contagios continúen propagándose. Las imágenes de centenares de vehículos en la Panamericana embotellados rumbo a los countries de zona norte y las miles de personas disfrutando de un feriado al aire libre o practicando deportes en el primer día de vigencia del DNU que restringe este tipo de actividades, muestran el desinterés por las normas de prevención y cuidados sanitarios de ciudadanos que parecieran no creer en la eficacia de las medidas. Si no toma conciencia de la gravedad de la situación, Argentina puede pasarla mucho peor de lo que ya representan los casi tres millones de contagiados y las sesenta y cinco mil muertes. Pasen y lean.

El 12 de febrero de 1817 se desarrolló la batalla de Chacabuco, a unos 55 kilómetros de la ciudad de Santiago. Allí se enfrentaron las tropas independentistas del Ejército de los Andes en alianza con los patriotas chilenos al mando del general José de San Martín y el Ejército Realista comandado por el coronel Maroto. No fue una batalla simple, pero luego de múltiples incertidumbres y complicaciones, resultó una contundente victoria de los patriotas, fundamental para la Independencia de Chile y la región.

Según los estrategas militares que estudiaron las acciones del ejército americano, esta fue una de las batallas mejor planteadas y ejecutadas de la historia militar universal. El despliegue de unos 3500 hombres mediante una táctica de pinzas era perfecto en la teoría para encerrar a las tropas enemigas por el frente y la retaguardia. Pero las cosas no salieron según lo previsto y durante horas el resultado del combate fue incierto. Así fue que el jefe del Ejército de Los Andes debió improvisar sobre la marcha, tomando grandes riesgos. Entre ellos, involucrarse él mismo en el combate.

El ataque combinado de O’Higgins y San Martín, sumado al de Soler, permitió romper las filas realistas y provocó la retirada de la caballería, garantizando el triunfo del ejército de liberación. Chacabuco se transformó en una victoria completa que permitió torcer el rumbo de la guerra independentista a favor de los patriotas. Fue el desenlace de la campaña de los Andes, la más compleja de las operaciones militares que propició el fin del dominio colonial español en Sudamérica.

Para Alberto Fernández, la batalla contra la segunda ola del coronavirus que se despliega con toda su virulencia por territorio argentino, puede ser su “Chacabuco”. Frente a un enemigo poderoso e impredecible, el gobierno argentino construyó una estrategia que apuesta a recuperar la iniciativa y el consenso de los gobernadores, con el aval científico, para atacar con un movimiento de pinzas, evitando las fisuras en el frente. Luego del traspié generado por la polémica de la presencialidad escolar que provocó la escisión de la “columna porteña” —con Horacio Rodríguez Larreta a la cabeza—, el presidente echó mano de su mejor arma —su vocación dialoguista— y recuperó a un aliado imprescindible para esta guerra, sin perder de vista el reclamo de mayores restricciones del “comandante bonaerense” Axel Kicillof.

Pasaron dos semanas de máxima tensión política, hospitales y clínicas del AMBA al borde del colapso, récord de muertes diarias y un parcialmente cumplido retorno a la virtualidad educativa, con judicialización incluida. Hasta que finalmente este viernes logró retornar a aquella senda armoniosa del “tridente cuarentena” de 2020, coordinando anuncios de medidas sintonizadas con el consenso necesario como para lograr una mayor aceptación social. Todos bajaron un cambio, con la certeza que las fisuras en el frente interno no hacen otra cosa que desalentar a la tropa y facilitar el avance de la pandemia.

Las coincidencias del trío permitieron disponer las tan reclamadas restricciones para toda el AMBA, que incluyó una más enérgica vocación de control con el fin de reducir la circulación de personas, siempre con la espada de Damocles que representa la creciente ocupación de las camas de terapia intensiva. Sin embargo, una vez más la educación volvió a transformarse en el punto de conflicto donde CABA planta su bandera a pesar de un retroceso que no se animó a admitir con claridad. “Medidas cumplidas a medias, provocan resultados poco efectivos para aplanar la curva de contagios”, dijo a #PuenteAereo un funcionario de la cartera de Salud de la provincia de Buenos Aires, aludiendo al parcial cumplimiento del DNU instrumentado hace dos semanas por el Ejecutivo nacional sin el consenso porteño.

Larreta jugó su carta para consolidar el frente propio —centralmente conformado por el porteñaje anticuarentena— y, pensando en clave electoral, evitó asumir posiciones más restrictivas, a pesar de enfrentar un panorama epidemiológico tan o más preocupante que el del Gran Buenos Aires. “El año pasado actuó distinto, sin especulaciones políticas, cuando el panorama era mucho menos acuciante que el actual y lo único que cambió ahora es que estamos a meses de las elecciones de medio término”, concluyó un analista político consultado por este portal.

Por su parte, el gobernador bonaerense mantuvo una línea discursiva más coherente y perseveró en los mismos argumentos con los que viene defendiendo la necesidad imperiosa de mantener a la sociedad lo menos expuesta posible al virus, restringiendo al máximo posible la circulación y comunicó una batería de medidas económicas para sostener la situación de los sectores que se verán más afectados por las restricciones. 

El garante de este delicado equilibrio fue —una vez más— el experimentado equilibrista de la Casa Rosada, que asumió nuevamente el rol de garante del diálogo y del consenso, y aprovechó para jugar una carta que le permita sortear en el futuro inmediato, las dificultades generadas por los eventuales desacuerdos que pudieran surgir: propuso que el Congreso debata la posibilidad de conferirle facultades extraordinarias al presidente para gestionar federalmente la pandemia. Así arrancó este nuevo período de tres semanas con mayores restricciones que persiguen la finalidad de consolidar una baja significativa en el número de contagios, pero con una variable complicada de decodificar en la previa: la reacción de la sociedad ante el nuevo escenario.

***

Nada que festejar

El primer día de vigencia del nuevo DNU coincidió con la conmemoración del Día del Trabajador. Habitualmente, durante estas jornadas suelen realizarse actos que —en el contexto pandémico— solo quedaron reservados para la virtualidad. Pero lo que no faltaron fueron los desbordes de gente incompatibles con las restricciones establecidas 24 horas antes mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia que comenzaba a regir justamente este sábado.

Centenares de vehículos se embotellaron durante la mañana de este primero de mayo en los Accesos Norte y Oeste con personas que parecían huir de la ciudad en busca de la tranquilidad de su countries. Lo que no imaginaron los que solo pensaban en relajarse es que la provincia de Buenos Aires se había tomado muy a pecho esto de restringir la circulación y por eso dispuso retenes con efectivos de la Policía bonaerense que tomaban la temperatura a los ocupantes de los vehículos. El operativo fue parte de los controles sanitarios dispuestos por la administración Kicillof con el objetivo de desalentar el movimiento de personas durante el fin de semana.

“En este caso son controles sanitarios, que reforzamos los fines de semana, porque tenemos que movernos pura y exclusivamente para ir a las actividades estrictamente obligatorias: el resto del tiempo hay que priorizar quedarse en la casa”, explicó el Jefe de Gabinete provincial Carlos Bianco. El funcionario explicó que el distrito realiza permanentemente “controles de carácter sanitario, pero también en la circulación, independientemente del horario” y agregó que “durante la franja del día en la que no está permitido circular, los controles son más estrictos: se pide el certificado Cuidar. De día eso no se hace. Se toma la temperatura y nada más”.

Esto provocó las quejas de muchos automovilistas y también de un sector de la política que entiende la libertad de circulación como un derecho irrenunciable, aún en momentos en los que la situación epidemiológica es de máxima gravedad y se hace imprescindible controlar la difusión viral restringiendo todo lo posible el tránsito de personas. “Esta medida es contraproducente, pues si está cortada la autopista, la gente tomaría el transporte público y eso no está bueno. No encuentro el sentido sanitario de tomar una decisión de estas características”, dijo el responsable de Transporte de la Ciudad de Buenos Aires Juan José Méndez en declaraciones radiales.

“Demasiado drama se está viviendo como para que ahora Axel Kiciloff juegue a ser Gildo Insfrán”, lamentó el jefe del interbloque de diputados de Juntos por el Cambio, Mario Negri, utilizando para la comparación al gobernador formoseño que logró contener el desmadre de la pandemia a fuerza de controles estrictos. Con la habitual falta de empatía hacia las medidas protectivas del Gobierno nacional, el dirigente radical cordobés reclamó: “paren con esa locura, liberen los accesos en horario sin restricciones o van a provocar un desastre”.

Si bien es cierto que en los vehículos se supone que se trasladan familias integrantes de una misma burbuja sanitaria, el muy bien explicado objetivo de los retenes es desalentar que la gente salga a la calle y propiciar justamente lo contrario: que se quede en sus casas. Cualquier acción que nos impida hacer lo que se nos plazca, provoca malestar. Pero debemos tomar conciencia ciudadana y reflexionar acerca de la importancia de los cuidados para evitar que la situación sanitaria se desmadre. No podemos quejarnos porque no se toman medidas más enérgicas para contener los contagios y luego refunfuñar justamente porque se controla la circulación.

De lo que hagamos en las próximas tres semanas depende nuestro destino. La progresión de los casos notificados diariamente coloca a la Argentina en una situación de extrema peligrosidad. No alcanza con amesetar el número de infectados, que actualmente no desciende en promedio de los 20 mil casos cada 24 horas. Es imprescindible reducir drásticamente ese marcador para impedir el tan temido colapso sanitario. Si no lo logramos, dentro de 21 días podemos encontrarnos inmersos en una tragedia de proporciones difíciles de calcular, más parecida a Cancha Rayada que a la de ChacabucoEs necesario y urgente entender que evitarlo depende mucho más de nosotros que de nuestros gobernantes.   ♣♣♣

#PA