Los dueños del hambre

Por Mauro Federico

Por Mauro Federico


A pesar de los esfuerzos que el gobierno le imprime a la asistencia social en medio de una pandemia devastadora, la desigualdad se profundiza en la Argentina. Las herramientas que el Estado tiene para amortiguar sus efectos, fueron cooptadas por el poder económico que incide sobre los precios y se apodera de los subsidios a la producción puestos en marcha en el marco de la emergencia con el fin de distribuir los ingresos de la economía. Entre los beneficiados en este contexto de crisis se encuentran los responsables del hambre que, a partir de su capacidad para dominar las góndolas que contienen los productos de primera necesidad, lograron traducir el excedente en ganancias millonarias. ¿Cómo es el nuevo plan que prepara la Secretaría de Comercio para contener los precios y evitar que la voracidad de las empresas termine por destruir el bolsillo de los consumidores? Pasen y lean.

Desde hace décadas venimos escuchando y leyendo cifras sobre la pobreza creciente en la Argentina. Cuántas veces se han preguntado cuándo llegará el gobierno que en vez de contarlos y clasificarlos, ponga en marcha políticas reales que los transformen en ciudadanos y ciudadanas con derechos plenos. Pero atención a los que piensan que este drama cotidiano solo los tiene como espectadores involuntarios. No ser considerados pobres según los parámetros estadísticos, no los exime de ser parte del problema. Porque las cifras son sólo una de las caras del verdadero problema que nos involucra a todos, que es la desigualdad económica.

En su libro “Los que tienen y los que no tienen”, el economista Branko Milanovic describe los tres niveles de desigualdad que existen en el mundo: entre los miembros de una misma comunidad; entre países, y la desigualdad global, que equivale a la suma de las anteriores. Además, el profesor de la Universidad de Maryland, que supo formar parte del Banco Mundial, expone una perspectiva que, sin excluir estadísticas y datos duros, contempla curiosos planteamientos con historias de la literatura que sirven para ilustrar algunas de las caras de esta realidad desigual.

Uno de esos relatos forma parte del clásico universal de Jane Austen “Orgullo y prejuicio” (no me digan que no lo leyeron, por favor). En aquella historia de amor imperfecto entre Elizabeth Bennet y el Señor Fitzwilliam Darcy ocurrida durante la Inglaterra georgiana de principios de siglo XIX, aparece la desigualdad social retratada con perfecta nitidez. De acuerdo a Milanovic: “es fácil ubicar en la distribución de la renta inglesa de la época, a Darcy, a Elizabeth en su estatus de no casada y a Elizabeth si decide no casarse con Darcy pero depende de una herencia de menos de 50 libras al año, una perspectiva plausible tras la intervención del torpe reverendo Collins, que le pide matrimonio”. El rango de opciones que tiene Elizabeth va desde una posición en el 0,1% de la distribución de la renta en Inglaterra, hasta reacomodarse en la mediana. La brecha de renta entre esas dos opciones es de 100 a 1. Cuando se casa con Darcy, su renta per cápita familiar alcanza las 5.000 libras; por lo tanto: 5.000/50=100. Como dice el autor de origen serbio, “el incentivo de enamorarse del señor Darcy parecía irresistible”.

Otro de los autores cuyas obras de ficción permiten trazar los contornos de la desigualdad en varias sociedades europeas de hace un siglo y medio, es el ruso León Tolstói. En “Ana Karenina” –también utilizada por Milanovic para extraer ejemplos- se aprecia que la familia de la protagonista se encuentra en el medio de la distribución de la renta. “Al casarse con Alekséi Aleksándrovich Karenin, con quien vive en un palacio, Ana asciende hasta el 1%. Pero con el conde Vronsky, igual que le pasa a Elizabeth con Darcy, Ana se mueve hacia el círculo más exclusivo de los extremadamente ricos, que forman parte del 0,1% más rico en la distribución de la renta en Rusia en 1875. Su mejora de nivel de vida es de 150 a 1, es decir, incluso más impresionante que la de Elizabeth”, explica.

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Los que ganaron y los que perdieron

En nuestras latitudes, la desigualdad tiene trasfondos menos románticos, pero no por ello responsabilidades anónimas. Que lo generado por una sociedad, se concentre cada vez más en menos manos, es una obra que tiene autores, con nombre y apellidos. Estos quince meses que la Argentina lleva inmersa en el combate contra la devastadora pandemia de coronavirus, dejaron en evidencia quiénes son los que capturan la mayor parte de esa renta y cómo se produce el mecanismo para obtener sus beneficios. “La capacidad del poder económico para incidir sobre los precios y capturar los subsidios a la producción puestos en marcha en el marco de la emergencia profundizaron la desigualdad en el reparto de los ingresos de la economía”, explica el economista Claudio Lozano. Esto desarticuló el objetivo principal de la política económica, que es lograr un aumento del poder adquisitivo y la ampliación del mercado interno.

Esta tendencia hacia la concentración, ampliación y captura del excedente verificada en 2020, se profundizó durante el primer trimestre de 2021. “La desigualdad se expandió en favor del empresariado mediante los aumentos de precios y la captura de subsidios”, añade el Director del Banco Nación e integrante del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP). “Entre diciembre de 2019 y el mismo mes de 2020 la remuneración de los asalariados creció nominalmente un 28,2%, pero considerando la inflación que hubo en ese período, los salarios experimentaron una caída real del 4,4%; mientras que el excedente empresarial, durante los mismos doce meses tuvo un crecimiento real del 3,7%”, detalla un informe elaborado por el IPyPP.

Queda claro que no todos perdieron durante 2020. Pero aún dentro de los que ganaron, existe también una concentración en la captura de ese excedente empresarial. Es decir que menos empresas, ganaron más plata, mientras que otras se derrumbaron. Y la figura no es poética. Realmente se vinieron a pique, ya que solamente durante el año pasado cerraron 22.860 empresas.

Para Lozano, “dentro de los actores que lograron beneficiarse en este contexto de crisis se encuentran los responsables del hambre en la Argentina quienes, a partir de su capacidad para fijar precios, lograron traducir el excedente en ganancias millonarias”. Entre los sectores que capturaron este excedente, se encuentran los grupos dedicados a la denominada “Gran Comercialización” (+ 1,92 puntos porcentuales), los “Agronegocios” (+ 1,24 p.p.), las “Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler” (+ 0,78 p.p.) y por último la “Renta Financiera” (+ 0,52 p.p.).

Esta tendencia hacia la concentración, ampliación y captura del excedente verificada en el 2020 se profundizó durante el primer trimestre de este año. Los ejemplos que detalla el relevamiento del IPyPP son muy elocuentes al respecto. Por ejemplo, la empresa Arcor tuvo durante el primer trimestre de 2020 una ganancia bruta de $11.192 millones; mientras que en el mismo período de 2021, ganó $15.212 millones. Esto significa que registró un aumento interanual del 35,9%.

Analicemos otro grupo alimenticio por excelencia de la Argentina: Mastellone. Su ganancia bruta en el primer trimestre del año pasado fue de $3.309 millones y este 2021 ascendió a $4392 millones, o sea un 32,7% de incremento en un año. Algo similar ocurrió con Molinos Río de la Plata, que ganó entre enero y marzo de 2020 $2.119 millones y durante el mismo período de este año casi duplicó sus ganancias brutas, alcanzando $4.156 millones. Otros grupos como Morixe (+110%), Los Grobo (+136%) y Cresud (+145%) completan el puñado de los grandes ganadores de la pandemia, al que se suman Mercado Libre (+389%) y Cencosud  (+51%).

Mientras la pobreza no baja del 45% y la indigencia supera el 10% de la población, las ventas y ganancias de estos grupos empresarios duplican prácticamente en promedio la tasa de inflación. En particular repasando las firmas presentadas muestran casos de expansión brutal”, concluye el documento al que accedió #PuenteAéreo.

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Cómo mantener a raya los abusos

La Secretaría de Comercio Interior negocia con las grandes empresas de consumo masivo una nueva canasta de alrededor de 120 productos que será rebautizada con un nombre que no contenga la palabra “precios”. “Canasta Hogar” o “Supercerca” son las dos alternativas que se barajan para la nueva denominación del plan con el que el gobierno pretende proteger a los consumidores de los abusos que cometen los que remarcan sin piedad, generando un espiral inflacionario cada día más preocupante.

La idea es congelar el precio de estos productos por 180 días y como gesto para “garantizarlo” las empresas deberán imprimir el precio acordado en el envoltorio de la mercadería que coloquen en las góndolas de todo el país. A los muchachos capitalistas no les gustó la idea y patalearon un poco, pero finalmente aceptaron (no les quedaba otra). Sin embargo, fiel al estilo que los caracteriza, hicieron una “trampita”. Van a freezar el precio pero a un valor más caro de arranque, cosa de que sus ganancias no se vean tan reducidas. Insólito. Los grandes ganadores de la pandemia, no quieren aflojar ni un tranco y siguen poniendo por delante sus intereses por sobre las reales posibilidades de los consumidores.

Desde el entorno de Paula Español sostienen que la renovada canasta se piensa con dos ideas fuerza. Que sea acotada (tendrá menos del 20% de los productos que la de Precios Cuidados, compuesta por 702 ítems), “pero no por eso menos representativa del consumo local y básico”. Y que llegue a los comercios de cercanía: almacenes, supermercados chinos, kioscos de barrio, evitando su concentración en las grandes cadenas de supermercados ubicadas en los centros urbanos, razón por la cual la inflación siempre termina siendo más alta en los barrios más alejados.

El objetivo más importante de la iniciativa es domar la inflación registrada en alimentos, que en los últimos meses registró subas por encima del nivel de precios general, con el impacto que eso tiene en las familias de menores ingresos. Solo en abril aumentaron 4,3% respecto del mes anterior (mientras que la inflación general fue de 4,1%) y acumulan una suba de 19,6% en los primeros cuatro meses del año, 2,4 puntos porcentuales por encima del promedio de todas las categorías. En un país donde hay sectores de la población que pasan hambre, es un mal indicador que no se les pueda poner límites a los que determinan cuánto cuesta la comida que las familias necesitan para subsistir. ♣♣♣

#PA.

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