Isidoro versus el gaucho Barralde

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Por Mauro Federico


Detrás del modo peyorativo utilizado por el senador porteño Martín Lousteau para referirse a su par de Formosa José Mayans durante la sesión del viernes en la Cámara alta, se esconde una concepción centralista de cierto sector de la política que subestima la mirada provinciana de los grandes temas nacionales. Mientras tanto, en el peor momento de la pandemia, los “vendedores de optimismo” de la Ciudad de Buenos Aires propician una salida de la cuarentena que promueve un crecimiento de los contagios difícil de controlar. La gran preocupación de las autoridades sanitarias nacionales es evitar el casi inminente desborde de las unidades de terapia intensiva y acelerar la llegada de la vacuna anti COVID-19. Pasen y lean.

Isidoro Cañones es un personaje de historietas creado por Dante Quinterno que refleja al “playboy mayor de Buenos Aires”. Se trata de un fiel representante del típico “chanta porteño” que recrea el prototipo del hombre de la noche. En las décadas de su apogeo (los cuarenta y los cincuenta) sus andanzas fascinaban aún a aquellos que no comulgaban con su ética y sus métodos. Sin proponérselo, lograba ser un sujeto aspiracional porque muchos anhelaban vivir su vida, la de un “aristócrata” que conocía el Buenos Aires nocturno y disfrutaba de las fiestas de la alta sociedad.

Si bien en la imaginación de su creador, el antagonista perfecto de Isidoro es su “ahijado” tehuelche el cacique Patoruzú, lo acontecido en la Cámara de Senadores nos obliga a recurrir a otro personaje célebre, en este caso de la comedia argentina, para confrontarlo. Se trata del compuesto por el humorista mendocino Mario Sánchez conocido como Barralde, una especie de Juan Moreira con bigotes a lo Cantinflas, cuya muletilla principal era la frase: “¡No sabe las ganas que tengo de darle un abrazo…!”, con la que el gaucho acusaba recibo de su soledad. Otra de las características de la máscara era su tendencia a divagar recurriendo a expresiones retóricas que aludían a “los pajaritos” y “las florcitas”.

Durante la sesión entre virtual y presencial del viernes pasado, el senador Martín Lousteau (Juntos por el Cambio) y la presidenta de la Cámara, Cristina Fernández de Kirchner, protagonizaron un contrapunto a raíz de discrepancias sobre una cuestión reglamentaria. En un fragmento de la discusión, Cristina lo retó a Lousteau por haber comparado al senador José Mayans con el cómico argentino, cuando el formoseño le puso los puntos al ex embajador macrista en los Estados Unidos que intentaba desviar el debate.

“La verdad es que si hay alguien que es llamativo que haga alusión a que nos vamos de tema es un senador que cada vez que cierra, se pone a hablar de cualquier cosa como Mario Sánchez”, había dicho el marido de Carla Peterson. Estas expresiones evidenciaron el concepto estereotipado que ostentan ciertos integrantes de la clase política porteña respecto a los dirigentes provinciales y su manera de analizar la realidad argentina. Una mirada similar a la que tuvieron los sectores dominantes de aquellos “cabecitas negras” que inundaron el centro de la ciudad de la mano del primer peronismo. Una disputa de antigua data mucho más profunda que las meras diferencias evidenciadas en este contrapunto parlamentario.

Porque el soslayo del mal llamado “interior” (¿adentro de qué están los que viven en las provincias?), tiene su correlato en la diferencia de clases. Así como hay ricos y pobres, también hay una porteñidad poderosa y provincianos postergados. En uno de sus ensayos, el antropólogo social Alejandro Grimson describe la forma en la que en aquel 17 de octubre de 1945 “una sociedad establecida, orgullosa de ser cosmopolita, blanca y europea como la porteña, percibió con la extrañeza de lo desconocido la presencia de esos grupos y columnas de cabecitas negras en las calles. Estupor, vergüenza, desprecio, indignación, compasión, desinterés, tristeza y temor son algunas de las emociones que manifestaron”.

En un libro publicado ese mismo año, Florencio Escardó había dicho que Buenos Aires era “una ciudad de raza blanca y de habla española”. Afirmaba que no había negros, aindiados ni mulatos. Es “mucho más blanca que Nueva York”. Por eso mismo, diría el historiador Félix Luna un cuarto de siglo después, “lo más singular del 17 de octubre fue la violenta y desnuda presentación de una nueva realidad humana. La ciudad los vio con la misma aprensión con que vería a los marcianos”.

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Cuarentena porteña

Bien podría haber sido la quinta pata de aquel opus magistral de Astor Piazzolla (que no era porteño, sino marplatense) dedicado a las cuatro estaciones del año. Sin embargo, ni en sus más febriles arrestos compositivos el revolucionario del tango pudo haber imaginado una situación como la que vive el área metropolitana de Buenos Aires desde hace cuatro meses y medio producto de la pandemia de coronavirus.

La notificación de los contagios en un crescendo sostenido, al igual que el número de fallecimientos y un nivel de ocupación de camas de terapia intensiva cada vez más alto que amenaza con un inminente colapso sanitario, transforman al AMBA en una de las zonas con mayores riesgos sanitarios y epidemiológicos de la Argentina.

El retorno a una fase más distendida de la cuarentena y el traslado de la responsabilidad de cuidado hacia el conjunto de la ciudadanía no parecieran estar dando el efecto deseado por el presidente Alberto Fernández. Si bien de momento nadie se anima a hablar de “retroceso” en los niveles de aislamiento social, son muchos los funcionarios del ministerio de Salud de la Nación que lo evalúan en silencio. Incluso a pesar de la opinión que ya han manifestado las autoridades de CABA. “Los datos que manejamos no nos indican que haya que endurecer la cuarentena”, aseguró el Jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel.

Según Miguel, “hoy en la Ciudad, el sistema público está por debajo de la ocupación del 60% por lo tanto el sistema de salud está robusto para hacerle frente a la pandemia”. Lo que no percibe con claridad -o no admite- el funcionario de la administración que encabeza Horacio Rodríguez Larreta, es que la mayor parte del núcleo duro que sostiene políticamente la gestión de Cambiemos en la ciudad no son los usuarios de los servicios públicos de salud sino que, en su gran mayoría, integran la clientela de las prepagas y se atienden en el sector privado. Y allí el porcentaje de ocupación de camas UTI oscila hoy entre el 80 y el 95 por ciento, según el establecimiento.

De momento, el “porteñaje” parece haber entendido que la situación de mayor gravedad ya está superada y que ahora solo resta aguardar que la curva de contagios descienda y que nos acomodemos a la “nueva normalidad”. Así lo evidencia la actitud de miles de habitantes de CABA que se vuelcan a las calles y a las plazas del distrito casi sin tener en cuenta el imprescindible distanciamiento social, la gran mayoría de los cuales son menores de 40 años.

“Se ha quebrado la solidaridad intergeneracional porque los más jóvenes ya se dieron cuenta que las complicaciones de la enfermedad son infrecuentes entre los que no superaron la barrera de las cuatro décadas y por eso toman menos recaudos, sin reparar en que pueden ser vehículo de transmisión del virus y contagiar a los adultos mayores, que sí son más vulnerables”, explica un funcionario de la cartera sanitaria nacional con acceso al despacho ministerial. “Y esto es potencialmente muy peligroso porque los portadores asintomáticos pueden ser el factor desequilibrante que termine por provocar el tan indeseado colapso sanitario”, completó la fuente.

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La vacuna que se viene

Tal como afirman los infectólogos y epidemiólogos más prestigiosos, mientras no haya vacuna, seguir con el distanciamiento social, el uso del barbijo y la higiene de manos sigue siendo la única forma de frenar los contagios. En ese sentido, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, estimó que la vacuna contra el coronavirus llegará a la Argentina “para mediados de año” en 2021, en caso de que se termine de desarrollar antes de que concluya 2020.

“En caso de que para fin de año se termine de desarrollar, va a haber una gran demanda en el hemisferio norte para el invierno de ellos, o sea nuestro verano, por lo que es lógico que en ese escenario nosotros la tengamos para mediados del año que viene”, sostuvo el funcionario nacional.

Sin embargo, desde otro ámbito gubernamental, aseguraron a #PuenteAereo que “los cálculos más optimistas prevén contar con la tan ansiada vacuna para el primer trimestre de 2021”. Y la estrategia que está urdiendo el gobierno nacional procura establecer un acuerdo entre el laboratorio de la Universidad de Oxford y AstraZeneca, a cargo de la investigación más avanzada, para que el fármaco pueda ser producido en dos países latinoamericanos, entre ellos la Argentina y México. “Estamos elaborando un plan para llevar a cabo esta producción que nos permitiría acceder antes a la vacuna”, confió el informante. ♣♣♣

#PA.

Domingo 26 de julio de 2020.
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