Instant-táneas

Por Mauro Federico

Por Mauro Federico


La difusión de una imagen registrada hace un año durante el festejo del cumpleaños de la Primera Dama en Olivos, puso en evidencia la torpeza del entorno de Alberto Fernández al soslayar la trascendencia de un hecho que, en un contexto de campaña como el actual, podría tener consecuencias graves para el gobierno. Pero también dejó al descubierto la hipocresía de un sector de la dirigencia política argentina, que se cansó de incitar a la violación del aislamiento preventivo dispuesto para prevenir la propagación del coronavirus y ahora pontifica con el dedo acusador ante el error cometido por el Presidente. Las esquirlas de una foto que el Frente de Todos quiere esquivar saltando hacia adelante, con gestión, anuncios de obras y beneficios para el conjunto de la sociedad. Pasen y lean.

Una cálida tarde de junio de 1997, el ingeniero francés Philippe Kahn estaba en una sala de espera de un hospital californiano, aguardando uno de los momentos más felices de su vida: el nacimiento de su primera hija. Después de colgar una llamada, se dio cuenta que quería enviar una fotografía al instante, del mismo modo que se envía la voz por el teléfono. Para saciar su aburrimiento y anticipándose a la llegada de la cigüeña, se puso a desarrollar su nuevo invento. Al momento de nacer Sophie, su padre ya tenía todo preparado, solo había que sacar la foto. Kahn compartió el registro de la bebé recién nacida con sus familiares y amigos. Así, inauguró la comunicación instantánea de imágenes.

La idea de Kahn fue refinada con el paso del tiempo hasta que la cámara se convirtió en una de las características más destacadas del Smartphone, los teléfonos inteligentes que hoy tienen en sus manos millones de personas a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Se trata de artefactos que permiten enviar audios, videos, capturas de pantalla, fotos, sin demasiado esfuerzo. Si a esto le sumamos la gran expansión de las redes sociales durante los últimos veinte años, a nadie se le escapa que controlar la viralización de una imagen –incluso las privadas- puede resultar una tarea imposible. Lo sufrieron integrantes de la comunidad artística, políticos, poderosos empresarios y gente de a pie. ¿Por qué no la iba a sufrir el Presidente?

Esta semana, el mainstream de las redes sociales y ese universo de la población con el “indignómetro” sensible, debatió con fruición sobre el cumpleaños de Fabiola Yáñez al que asistieron diez de sus amigos para un brindis en la quinta de Olivos, en pleno aislamiento, el 14 de julio de 2020. La “polémica” se desató por la (in)oportuna difusión de una fotografía tomada en ese momento, que cobró notoriedad justamente un año después, en plena campaña electoral. Cualquier mal pensado elucubraría acerca de servicios de información clandestinos que colectan elementos para luego venderlos al mejor postor. O redes de espionaje ilegales alimentadas desde el poder que acumulan información privada de las personas y luego la utilizan con fines extorsivos. Nada más cercano a la realidad de nuestro país, donde jamás ocurrieron semejantes barbaridades, podría alegar si quisiera tomarles el pelo a los lectores. Pero no es el caso.

***

Hipocresía al palo

Este es un sistema hipócrita, donde las apariencias ocultan las turbiedades de los bajos fondos. “Argentina es un país raro, hay una gran indecencia y lo que paso esta semana es un acto de hipocresía mayúsculo, los que han incitado a violar las normas una y otra vez, acusan al Presidente de haberlas infringido una vez, él lo reconoce, asume el error, pide disculpas y resulta que esos mismos que llamaban a romper el aislamiento preventivo, ahora lo condenan”, le dijo a #PUENTEAEREO una fuente con acceso directo al despacho principal de la Casa Rosada.

El comentario se alinea con lo que afirmó el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero: “fue una equivocación, pero los mismos que ahora la usan para criticar al Gobierno en esa época convocaban marchas y concentraciones de gente apiñada, donde se quemaron barbijos y se rechazaban las vacunas”, afirmó el funcionario en declaraciones radiales.

Construir política buscando el escándalo en un acto privado de los adversarios es miserable. Lamentablemente, son muchos los que lo hacen (o lo han hecho). Pero hay una diferencia sustancial: el establishment mediático donde militan los que sacan chapa de formadores de opinión se encarga de descarnar con mucha más saña los errores de quienes se animaron a tocar sus intereses.

Hace muchos años lo explicó con maestría Arturo Jauretche en uno de sus escritos: “Los gobiernos populares son débiles ante el escándalo. No tienen, ni cuentan con la recíproca solidaridad encubridora de las oligarquías y son sus propios partidarios quienes señalan sus defectos que después magnifica la prensa. El pequeño delito doméstico se agiganta para ocultar el delito nacional que las oligarquías preparan en la sombra y el vende patria se horroriza ante las sisas de la cocinera”.

Sin ir más lejos,justo para la misma fecha de la desafortunada foto en Olivos, Mauricio Macri realizó un viaje a Paraguay cuyos motivos nunca pudo explicar y donde el ex presidente Horacio Cartes lo recibió y lo abrazó sin barbijo ni distancia social. Sus comportamientos irregulares continuaron cuando, tras otra travesía por el Viejo Continente, el ex presidente violó la cuarentena obligatoria para reunirse con intendentes y dirigentes de su partido en Los Abrojos.

La lista de los “pecadores” que arrojan piedras a los “adúlteros” es larga. La bonaerense pre-candidata a diputada nacional en representación del pueblo porteño María Eugenia Vidal, se contagió de Alex Campbell mientras mantenía reuniones políticas sin el más mínimo de los cuidados y terminó empestando a la madre de su pareja Enrique Sacco, de 88 años. Mientras que el vice jefe del gobierno porteño, que ahora se postula para representar en la cámara baja a los bonaerenses Diego Santilli, se vio involucrado en un confuso episodio con su hijo quien, tras retornar de un viaje por Cancún con un PCR negativo trucho, dio positivo al llegar a Ezeiza. Todo esto sin mencionar las “marchas por la libertad” impulsadas desde sectores anti-cuarentena, de las que participaron Patricia Bullrich, Fernando Iglesias y muchos otros que hoy se rasgan las vestiduras por el traspié presidencial.

***

Dispararse en el pie

Esta historia también cuenta con un componente de error propio que el gobierno deberá revisar si pretende evitar que circunstancias tan inconvenientes se repitan en el futuro. La primera gran equivocación fue haber permitido la realización de un encuentro social en plena cuarentena en el corazón del poder. El propio Fernández reconoció que esa reunión no debía haberse hecho, la calificó de “error” y pidió perdón. Suponer que con ese gesto basta para calmar a las fieras, sería subestimar el contexto. Estamos en plena campaña electoral y la oposición –carente de ideas y de propuestas que seduzcan a las mayorías- no va a perdonar la “gaffe”, por el contrario, va a enterrar el facón hasta el fondo para exprimir al máximo el impacto negativo que pueda tener en la imagen presidencial.

Pero también se equivocó el entorno del Presidente al permitir que personas ajenas a su círculo íntimo llegaran con un celular hasta el mandatario y se sacaran fotografías con él posando. Alguien con tanta experiencia en el manejo de la seguridad de líderes mundiales por sus participaciones en diferentes cumbres, no puede desconocer medidas mínimas de precaución.

Una sociedad golpeada por la pobreza y el cierre de empresas, con la consecuente desaparición de miles de fuentes de trabajo, debería reflexionar sobre la conveniencia de colocar en el eje del proceso proselitista el desafortunado episodio de la fotografía. Estamos en el fondo del mar, sacando el agua del submarino para intentar emerger a flote, tras la tragedia que significó un gobierno depredador del Estado y sus posibilidades de mejorar la vida de las mayorías. Habilitar un debate sobre la ética presidencial promovido por dirigentes que avalaron el saqueo de la Argentina en medio de este escenario tan precario, sería atentar contra nuestras posibilidades de recuperación.

Los festejos en Olivos no debieron haber existido. Pero ocurrieron y Alberto Fernández asumió su responsabilidad y se hizo cargo de las consecuencias frente a la sociedad. Ahora deberá hacerlo también ante la justicia, que no debe privilegiar a nadie en la observancia de las leyes. Pero si centramos el debate político en este episodio lamentable, en vez de poner en discusión el modelo de país que necesitamos delinear para la post-pandemia, nos estaremos equivocando otra vez y corremos el riesgo de perder una nueva oportunidad de sortear este destino errante que llevamos desde hace mucho tiempo.

***

Mirar para adelante

Tras la semana de turbulencias atravesada por el Olivos Gate, Alberto y Cristina saldrán nuevamente a la arena de la campaña el próximo martes 17 de agosto para mostrar unidad y fortaleza del gobierno, a tres semanas de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). El territorio elegido para buscar la foto que disipe dudas sobre la cohesión entre presidente y vice será la Isla Maciel, en pleno corazón de Avellaneda, un distrito afín, en donde manda uno de los ministros más kirchneristas del gabinete: Jorge Ferraresi, titular de la cartera de Desarrollo Territorial y Hábitat.

El contexto guardará relación con el lanzamiento de uno de los tantos programas con el que la administración Fernández intenta reactivar la economía y resolver la acuciante problemática habitacional de los argentinos y las argentinas: el Plan Hábitat Integral que, en el caso de la Maciel, representa casi 1.000 puestos de trabajo y una inversión del Estado Nacional de más de $1.124 millones.

Además, durante la actividad -que tendrá tono proselitista- se entregarán unidades habitacionales dentro de las cuales una de las familias recibirá la vivienda número veinte mil de la gestión. “El plan es completar para fin de año la entrega de treinta mil casas y tener en ejecución otras cien mil, generando 300 mil puestos de trabajo”, confió una fuente muy importante del Frente de Todos. “El objetivo del acto es mostrar unidad y gestión”, explicó el funcionario quien, al ser consultado sobre las esquirlas de la denuncia por las presuntas reuniones sociales en Olivos durante la vigencia del ASPO, que motivó un insólito pedido de juicio político por parte de la oposición en el Congreso, remató: “tenemos la responsabilidad de gobernar un país que los que ahora nos denuncian por una foto, chocaron contra un muro a cien kilómetros por hora y no vamos a detenernos para responder chicanas”. ♣♣♣

#PA.

Notas Relacionadas

“Habrá un antes y un después” de la movilización en Uruguay

Con la emoción contenida bajo un cielo de un solo color, una multitud de uruguayas y uruguayos de distintos ámbitos y procedencias, de los más diversos colores y sectores del sector productivo, social y económico del país, este miércoles 15 se celebró una jornada de lucha y reflexión, de propuestas y señales, de esperanza y futuro.