Geopolítica de la jeringa

Por Mauro Federico

Por Mauro Federico


La difusión de la carta de Cecilia Nicolini al representante del Fondo de Inversión ruso reclamándole enfáticamente las dosis del componente 2 de la Sputnik V acordadas con el gobierno argentino, desató una previsible y especulativa reacción opositora que intentó tergiversar el sentido del mensaje, transformándolo en una declaración de impotencia. Putin, Biden, Xi Jinping y el rol de Argentina dentro de esta nueva versión de la Guerra Fría de las vacunas, reeditando el postulado peronista de la Tercera Posición. El ejemplo de Cuba. Pasen y lean.

Dos años y tres meses después de haber asumido por primera vez la presidencia de la Argentina, Juan Domingo Perón era plenamente consciente del contexto internacional en el que pretendía llevar a cabo su proyecto de desarrollo para un país muy bien posicionado en el escenario de posguerra. Con un mundo dividido en dos y una incipiente Guerra Fría que ya empezaba a mostrar sus primeros esbozos, aquel 5 de octubre de 1948 el General vertebró uno de sus discursos más recordados, en el que definió su visión geopolítica con claridad meridiana y planteó los postulados de lo sería una de las patas del ideario peronista: la Tercera Posición.

“El imperialismo ruso defiende el comunismo, vale decir, la explotación del hombre por el Estado. El otro grupo defiende el capitalismo, vale decir, la explotación del hombre por el hombre: no creo que para la humanidad ninguno de los dos pueda subsistir en el porvenir. Es necesario ir a otro sistema, donde no exista la explotación del hombre, donde seamos los colaboradores de una obra común para la felicidad común, vale decir, la doctrina esencialmente cristiana sin la cual el mundo no encontró solución ni la encontrará tampoco en el futuro. El capitalismo ha fracasado y el comunismo también. Son sistemas sobrepasados por los hechos. Están luchando por una cosa que el mundo en el futuro no podrá adoptar. A esta posición es a la que se ha llamado en este país la Tercera Posición, o sea, el Justicialismo”.

La Tercera Posición como construcción teórica del Peronismo obedeció a la búsqueda de una opción entre el capitalismo y el colectivismo, esto es, a la necesidad de encontrar formulaciones genéricas que operen como alternativa respecto a la explotación del hombre por el hombre y la explotación del hombre por el Estado. En sus comienzos la guerra fría polarizó el mundo y dejó escaso espacio para el pensamiento alternativo, de modo tal que aparece la intención del Peronismo de encontrar otros elementos que permitan eludir la dicotomía derecha-izquierda.

Setenta años después, el comunismo soviético es un capítulo cerrado de la historia de la humanidad y el capitalismo demuestra cotidianamente que no ha logrado resolver ninguno de los problemas que hoy acucian a la humanidad, sino más bien, los ha potenciado. Inclusive aquella Rusia que supo albergar a la primera república socialista, hoy es una nación abrazada a los postulados del libre mercado. Y China, con su centenario Partido Comunista emerge como el último bastión de aquel sueño parido al calor de la Revolución Bolchevique de llevar las ideas de Carlos Marx y Federico Engels al control del Estado.

El mundo es otro y la disputa geopolítica por el control de las naciones subordinadas a la división de un planeta bifronte, ya no se dirime en un campo de batalla, sino en el terreno de los negocios, que no registran fronteras de ningún tipo. De hecho, la pandemia dejó en evidencia que la preservación de la vida puede ser un escenario monumental para la Guerra Fría del tercer milenio, con el nuevo actor oriental incorporado al fixture de las confrontaciones.

Una vez más la Argentina, con otro gobierno peronista a la cabeza, elige adoptar un punto de referencia equidistante de los tres polos, acordando con todos, sin condicionar ningún posicionamiento geopolítico que la obligue a obrar contra los intereses de su sociedad. Por eso, Alberto Fernández mandató a sus funcionarios desde el primer momento para que inicien gestiones con todos los países/empresas que investigaran y produjeran vacunas anti covid a los efectos de comprar la mayor cantidad de dosis posibles y garantizar el acceso a la inmunización para todos y todas.

Ingleses, rusos, estadounidenses, chinos, no importó el color de la bandera, ni la ideología de sus gobernantes, solo si estaban en condiciones de entregar las dosis en tiempo y forma razonables. Con todos se comenzó a negociar. Pero también el gobierno argentino les planteó que no estaba dispuesto a pagar precios exorbitantes, ni adoptar compromisos imposibles de cumplir o violatorios de las normativas vigentes.

Por eso se firmó el acuerdo con la firma inglesa AstraZeneca y se estableció un emprendimiento conjunto con empresas argentinas y mexicanas para elaborar el producto de este lado del océano. Esa misma metodología explica la posibilidad otorgada al laboratorio Pfizer para que realice sus estudios clínicos, a pesar de lo cual se produjo la confrontación que obligó a adaptar las normativas vigentes con la finalidad de avanzar en las negociaciones y, en paralelo, se obtuvo la mayor donación para Latinoamérica del gobierno de Joe Biden (3,5 millones de dosis de Moderna).

Con China se acordó el envío de una cantidad millonaria de dosis de Sinopharm y, a pesar de los retrasos en las entregas comprometidas, durante este mes de julio se cumplimentaron las cifras oportunamente convenidas y todavía se aguardan más cargamentos. Finalmente, con el gobierno de Vladimir Putin hubo acuerdos que sufrieron las demoras propias del contexto de altísima demanda mundial para la compra de la Sputnik V, a pesar de lo cual las dosis producidas por el Instituto Gamaleya fueron llegando.

En suma, se negoció con todos con parámetros claros y sin beneficiar, ni perjudicar a ninguno. Y entonces ¿Por qué se pretendió mostrar desde algunos medios y la oposición que estas gestiones fueron irregulares, ineficientes o teñidas de un barniz ideológico cuando fueron exactamente lo contrario?

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La diplomacia de las vacunas

El correo electrónico de Cecilia Nicolini reclamándole a Anatoly Braverman, del Fondo Ruso de Inversión Directa, los viales con el demorado segundo componente de la Sputnik V, puso en palabras la actitud firme del gobierno argentino ante cualquier posible incumplimiento por parte de los distintos proveedores. Lejos de confirmarla -como sostuvieron algunos- contradice la teoría acerca del alineamiento ideológico de la Argentina con esta Rusia, tan distante del comunismo como alineada con los postulados capitalistas.

La asesora especial del presidente le recordó en la carta a su contacto ruso que nuestro país se jugó por la vacuna del Gamaleya cuando pocos creían en ella, recriminándole por la demora en las entregas. Y se plantó con firmeza recordándole al emisario de Moscú que, del otro lado, los laboratorios norteamericanos presionaban para anteponer la voracidad de sus negocios por sobre las demandas legítimas de los pueblos más necesitados de la protección anti-viral. El resultado fue efectivo: tres semanas después comenzaron a llegar los segundos componentes de la Sputnik y hasta la materia prima para que puedan producirse en el país las cantidades requeridas a fin de completar la inmunización de aquellos que ya se suministraron la primera dosis.

Este no es un problema entre comunistas y capitalistas. La demanda de vacunas, combinada con las dificultades para satisfacerla, generó un nuevo tipo de enfrentamiento entre las naciones poderosas por el negocio, que no es solo vender la dosis a buen precio, sino también utilizar la necesidad de los países de ingresos bajos para obtener favores políticos. Si Estados Unidos, China y Rusia se pusieran de acuerdo, podrían detener la pandemia de inmediato y salvar vidas. La diplomacia de las vacunas debería emplearse con el objetivo de evitar que los poderosos le tuerzan cruelmente el brazo a los países más pobres para que acepten condiciones de negociación desfavorables impuestas por quienes suministran las dosis.

Con la llegada de Biden a la Casa Blanca, se consolidó el antagonismo con China como uno de los ejes de su mandato. De esa estrategia nació un polo dominado por Estados Unidos y asistido por Europa que confronta con la dupla que integran chinos y rusos. Paradójicamente si esos “enemigos de los valores occidentales” no hubiesen proporcionado sus vacunas, centenares de millones de personas más estarían condenadas a muerte. O sea que las contradicciones están al alcance de la mano. No hay “malos” y “buenos” en esta historia. Hay potencias que dominan y países con gobiernos que la pelean, como el de Argentina. Otros –que por suerte hoy miran el partido desde la platea- seguramente hubieran preferido arrodillarse.

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Cuba resiste

Esta semana un grupo de organizaciones estadounidenses solidarias con la lucha del pueblo cubano motorizaron una movida que se plasmó en la publicación de una carta abierta en el periódico The New York Times dirigida al presidente Joe Biden, con 400 firmas de personalidades mundiales, en reclamo del fin del bloqueo a Cuba y del envío del primer lote de jeringas donadas para hacer frente a la pandemia.

La iniciativa fue auspiciada por The People’s Forum, Code Pink, y la coalición Answers, que apoyan a La Habana en su esfuerzo por poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero que Washington impone a la isla desde 1962. Y la solicitada contó con las firmas de los ex presidentes de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, y Ecuador Rafael Correa; el Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel; el lingüista Noam Chomsky; artistas como Danny Glover, Susan Sarandon, Jane Fonda, Oliver Stone y Mark Ruffalo.

“No hay razón para mantener la política de la Guerra Fría que requirió que Estados Unidos tratara a Cuba como un enemigo existencial en lugar de un vecino. En vez de mantener el camino establecido por (Donald) Trump en sus esfuerzos por deshacer la apertura del presidente (Barack) Obama a Cuba, les pedimos que avancen. Reanudar la apertura e iniciar el proceso de poner fin al embargo, poner fin a la grave escasez de alimentos y medicinas, debe ser la máxima prioridad”, expresa el texto dirigido a Biden.

Nadie que haya conocido en profundidad al pueblo cubano, incluidas las dificultades que enfrenta su población y las críticas de los intelectuales y de algunos artistas de la isla, puede suponer que detrás de esa Revolución sostenida por más de seis décadas hay algún interés superior a la dignidad para continuar dando esta pelea desigual contra el capitalismo salvaje y el imperialismo. Cuba es una isla con pocos recursos. Se ve obligada a importar más del 60 por ciento de los productos esenciales del país. Con el endurecimiento del bloqueo promovido por Trump (243 nuevas medidas y, de momento, no retiradas por Biden), y la pandemia, que ha puesto a cero una de las principales fuentes de recursos del país, el turismo, la situación interna ha empeorado.

A pesar de esa desigual confrontación, si revisamos estadísticas del desastre causado por el Covid, las tasas de infección y mortalidad por millón de habitantes son notablemente más altas en Estados Unidos que en Cuba. Como si esto fuera poco, mientras Estados Unidos se atrincheró priorizando la vacunación de sus nacionales, miles de médicos brigadistas cubanos fueron enviados para asistir solidariamente la situación de poblaciones más vulnerables y sin ningún tipo de posibilidades de acceder a una salud digna.

Aunque generalmente es más tortuoso y difícil, el camino de la dignidad que eligen recorrer algunos pueblos, tarde o temprano logra el reconocimiento de las generaciones venideras. ¿Sabrán los gobiernos acompañar ese recorrido, con las banderas altas, o preferirán quedarse en el andén de la historia esperando la misericordia de los poderosos? ♣♣♣

#PA.

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