Gambito de Dama

Por Mauro Federico

Por Mauro Federico


Detrás de la renovada pelea entre Sergio Berni y Sabina Frederic -que esta semana incluyó cogoteo y reproches contra el segundo de la titular de la cartera nacional- puede apreciarse una sutil jugada política de la verdadera “armadora” de la alianza oficialista: Cristina de Kirchner. El conurbano bonaerense sigue siendo el bastión que el kirchnerismo necesita consolidar para darle continuidad a su proyecto. Y por eso debe fortalecer a todas sus figuras en el territorio, entre los que se destaca Axel Kicillof, pero no se descarta a su ministro más mediático. Pasen y lean.

Además de una exitosa serie de la plataforma Netflix estrenada el año pasado, “Gambito de Dama” define a una de las aperturas más importantes del ajedrez, que alcanzó su excelencia en la partida disputada en Buenos Aires por José Raúl Capablanca y el vencedor, Alexander Alekhine. Fue uno de los movimientos preferidos por los mejores jugadores del mundo e incluso Garry Kasparov la utilizó ante Anatoly Karpov, su mayor rival de la historia, a partir de que uno de sus analistas lo convenció de incluirla, por ser considerada como “la apertura de los campeonatos del mundo”.

En este milenario juego de origen asiático, la “Dama” tiene un rol fundamental.  Sin embargo, fue la última pieza en incorporarse al ajedrez moderno y la única de origeneuropeo. Los árabes introdujeron el juego en Europa y se cree que la “Dama” fue agregada en la ciudad de Valencia, en la segunda mitad del siglo XV. En primeros términos, se la llamó “la dama poderosa”, haciendo alusión a Isabel La Católica. “La importancia e influencia de las mujeres en Occidente en el siglo XV le otorgó en el ajedrez el rango de la pieza más poderosa”, explica el Gran Maestro Internacional y cinco veces campeón argentino Pablo Ricardi.

Si traspolamos la dinámica ajedrecística a la política argentina, el rol de la Dama le cabe como anillo al dedo a Cristina Fernández de Kirchner. No cabe duda que su capacidad para visualizar con nitidez el camino, a pesar de la densa neblina en la que quedó atrapado el peronismo tras la derrota de 2015, fue clave para recuperar el poder cuatro años después, con la estrategia de la unidad como basamento principal.

Sin embargo, para evitar los errores del pasado que condujeron a esa debacle, el kirchnerismo debe bascular entre las expresiones más radicales de su pensamiento y aquellos que se acomodaron al discurso más conciliador del gobierno nacional, con el único objetivo de evitar la ruptura del espacio. Para que estén “todos” en el Frente, a veces es necesario aprender la desagradable tarea de deglutir batracios.

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A los manotazos

Esta semana el oficialismo atravesó por una situación de máxima tensión producida, curiosamente, tras un episodio de características socio/policiales que terminó “bien”. La desaparición de una invisibilizada niña que sobrevivía junto a su madre adicta en una toldería ubicada a quince minutos de la Casa Rosada, motivó un operativo conjunto de fuerzas de seguridad porteña y bonaerense con un despliegue pocas veces visto de efectivos y recursos. La hasta el lunes imperceptible presencia de “M”, se transformó en el eje de una campaña nacional para dar con su paradero.

Finalmente, la criatura fue hallada sana y salva. Pero la aparición de un funcionario nacional en la conferencia de prensa donde se iba a anunciar oficialmente la noticia, provocó un incidente pocas veces visto: el ministro de Seguridad provincial Sergio Berni “cogoteó” al trajeado Secretario de la cartera que conduce Sabina Frederic, a quien echó del lugar acusándolo de “oportunista”.

La secuencia terminó por desplazar el eje del hecho noticioso, que dejó de ser la aparición con vida de la niña y se transformó en un nuevo escándalo entre ambos ministros. Después sobrevinieron -otra vez- los rumores del desplazamiento de Berni, su recorrida mediática, el enojo del gobierno nacional y, finalmente, la ratificación de Axel Kicillof quien, tras un encuentro con su ministro de Seguridad, lo mantuvo en el cargo.

El “albertismo” cuestionó duramente a Berni, incluso las mujeres funcionarias del gabinete nacional lo expresaron a través de un duro comunicado difundido por redes sociales. La Cámpora también manifestó su enojo, que hizo extensivo a la titular de la cartera nacional por “privilegiar sus disputas personales en lugar de ponerse a trabajar en aquellos municipios del conurbano donde la inseguridad ha empeorado”.

Otro dirigente histórico del peronismo como Jorge Rachid, que integra el gabinete provincial, planteó que “no se puede expresar públicamente una diferencia interna en medio de una situación tan compleja como la que estamos atravesando los argentinos, porque eso atenta contra la unidad del Frente de Todos y quien lo hace, complica el proyecto político”. Precisamente, si la recuperación del gobierno vino de la mano de una estrategia de unidad, todo lo que complote contra la misma pone en peligro la continuidad del peronismo en el poder.

¿A qué juega Berni? ¿Es un tirador solitario que dispara municiones a sus circunstanciales enemigos? ¿O, por el contrario, es una pieza clave en el armado kirchnerista que responde obedientemente a una planificación con roles claramente definidos por su única y verdadera jefa? El episodio del jueves ¿fue producto de una reacción espontánea de un tipo indudablemente temperamental o formó parte de un “acting” para instalar las diferencias con la gestión nacional y posicionar la figura de uno de los funcionarios con mejor imagen pública dentro del gabinete bonaerense.

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Todos en el mazo

Néstor Kirchner era un verdadero maestro en el arte de la negociación. Sabía cómo seducir o confrontar a quien tuviese enfrente, según la necesidad del contexto. Esa capacidad fue clave en la construcción de la fuerza política que lo llevó, primero a la gobernación santacruceña y luego a la presidencia de la Nación. Las anécdotas que muestran su capacidad negociadora son miles y cada una de ellas lo exhiben en su dimensión de “hombre político” a tiempo completo. Su compañera de vida y socia en los proyectos de poder no tiene esa característica innata. Y a estas alturas, es muy difícil que las adquiera. Tal vez el primogénito de ambos haya heredado esa gran virtud, tan necesaria para los liderazgos constructivos. Pero eso está por verse.

Sin embargo, Cristina ha adquirido en estos años posteriores a la derrota del 2015 la enorme capacidad de saber seleccionar a quienes puedan ejercer esa facultad de negociación o, en su defecto, acomodar en el tablero las piezas que le permitan llegar al objetivo.  Ella tiene un plan. Hace algunas semanas, en esta columna esbozamos algunos de los lineamientos de ese proyecto, que aspira a “recuperar las banderas levantadas entre 2003 y 2015”. En la consideración de la vicepresidenta, el período actual es “una transición necesaria entre el desastre macrista y una gestión más comprometida con los principios históricos del Frente para la Victoria” que llevaron al matrimonio Kirchner a la cima del poder hace dieciocho años.

La única manera de cristalizar ese objetivo es calibrar los motores para preparar un triunfo contundente en el tradicional territorio donde se libra “la madre de todas las batallas”: la provincia de Buenos Aires y, más específicamente, su populoso y heterogéneo conurbano. Obteniendo un triunfo holgado en ese distrito electoral, puede darse el gusto de resignar otros conglomerados urbanos donde el votante se perfila hacia posiciones más centristas, como Córdoba, Mendoza o la propia Ciudad de Buenos Aires.

Pero para alcanzar esa meta es imprescindible combinar el sostenimiento de la unidad y la consolidación de la tropa propia, con el enamoramiento de aquellos sectores medios que todavía tienen resistencia para con los modos y las ideas de Cristina. Por eso, a los propios les habla directamente Axel, que ya supo cómo cautivarlos discursivamente desde el llano durante la campaña de 2019 y ahora deberá buscar la reválida de ese apoyo desde un lugar distinto, el oficialismo.

Al otro votante, al que integra esa clase media podrida de los políticos y de la inseguridad, que toma decisiones sin basamento ideológico, sino más bien por lo que le dice su instinto de supervivencia (generalmente conectado directamente con el bolsillo), le habla Berni, sin eufemismos, ni palabras difíciles. El teniente coronel, médico y abogado, tiene el phisique du role perfecto para captar la preferencia de ese ciudadano o ciudadana que espera al dirigente que no duda y nos dice lo que hay que hacer.

Por eso Berni fue elegido por Cristina para ocupar el sillón más caliente del gabinete bonaerense, para equilibrar y asumir una tarea imposible: la de ponerse al frente del ejército más ingobernable de la democracia argentina y simular una ficción de orden que ningún otro dirigente hubiera podido asumir sin fracasar en el intento. En el entorno de Berni son conscientes de la situación a la que se enfrentan. Y saben que muchas veces, “el comandante” -como lo llaman algunos colaboradores- juega al fleje, como esta semana, arriesgándose a que la presión ejercida por sus detractores termine truncando su proyección.

Pero, en el fondo, Berni sabe que su destino no depende ni del Presidente, ni del gobernador, ni de La Cámpora. Sólo depende de lo que decida Cristina. Y “ella” lo quiere tener dentro del mazo, como está Axel, como está el “reconquistado” Sergio Massa, todos dirigentes que el día de mañana pueden ser utilizados para disputar una elección. Porque, al igual que en el ajedrez, la Dama -además de ser la pieza más importante- tiene la capacidad de mover para cualquier lado, de acuerdo al contexto que se le presente. ♣♣♣

#PA.

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