El huevo de la serpiente

El huevo de la serpiente

Por Mauro Federico


Los extremismos siempre han tenido efectos negativos para la estabilidad y la pacificación de la sociedad. El episodio de las bolsas mortuorias depositadas frente a la Casa Rosada o la arrojada en una Unidad Básica del Frente de Todos esta semana, pone en evidencia el grado de violencia subyacente en la praxis política de los sectores más reaccionarios, que se colocan en las fronteras del sistema democrático. La condena formal resulta insuficiente para cachetear a una ciudadanía que no debe permanecer pasiva ante el surgimiento de estas expresiones que esconden una peligrosa semilla de autoritarismo. ¿Es posible monitorear y sancionar las manifestaciones totalitarias sin lesionar las libertades individuales? ¿Cómo actúan los países desarrollados? Pasen y lean.

La escena tiene lugar en Berlín; la noche del sábado 3 de noviembre de 1923, un paquete de cigarrillos cuesta 4 billones de marcos y casi todos han perdido la fe en el futuro y en el presente. Faltan apenas días para el “putsch de la cervecería”, el intento de un joven Adolf Hitler por derribar al gobierno de Múnich que terminó en un rotundo fracaso y con el futuro dictador encarcelado.

El relato tiene como hilo conductor la historia de Abel Rosenberg, un trapecista de circo norteamericano de origen judío, quien junto con su hermano Max y la mujer de este, Manuela, forman un trío de acrobacia circense. Sin embargo, una lesión en la muñeca de Max les hace perder el trabajo, por lo que Abel, deprimido, cae en las garras del alcohol, mientras que Manuela termina en un burdel.

En ese ambiente Abel llega a su pensión esa gélida noche y encuentra el cadáver de Max, que se ha suicidado de un tiro en la boca, por lo que debe comparecer ante la policía. El inspector que lo interroga da cuenta del miedo que infectó a toda la sociedad. “Todos tienen miedo y yo también, el miedo no me deja dormir, nada funciona bien, excepto el miedo”, dice el uniformado. A partir de este incidente se desarrolla una trama en la que Abel se reencuentra con un viejo conocido, el profesor Hans Vergerus, que lo ayuda a superar la dolorosa contingencia y le ofrece trabajar en una clínica que dirige.

Allí descubrirá los macabros experimentos que se llevan a cabo en ese lugar y confronta a su amigo, quien termina por contarle el plan en el que trabaja para vengar la derrota alemana en el primer gran conflicto bélico mundial. “El futuro próximo de Alemania es predecible como un huevo de serpiente, a través de cuya fina y traslúcida membrana se puede distinguir al reptil ya formado”, dice Vergerus en el diálogo central de este guionazo escrito por el enorme realizador cinematográfico sueco Ingmar Bergman, quien además dirigió este peliculón, uno de los más emblemáticos de su obra: “El huevo de la serpiente”.

Estrenada en 1977 y protagonizada por el recordado David Carradine –el actor de la serie Kung Fu– y por Liv Ullmann, el film da cuenta de los ataques de agitadores nazis a los judíos, que se producen a la vista de todos, sin que la policía intervenga. En ambientes que casi siempre denotan una amenazante oscuridad, se observa a personas cortando y comiendo el cadáver de un caballo en plena calle, mientras que una mujer se queja en otra escena de la prohibición de poseer dólares que había implantado el gobierno alemán. “El huevo de la serpiente” transmite la idea de que la depresión económica y social, el miedo generalizado y la indiferencia ante la injusticia siembran la semilla de lo que vendrá.

Tras el devastador paso del nazismo por Europa, el “Viejo Continente” parecía haber aprendido la lección. Sin embargo, en los últimos años reemergieron los movimientos filonazis, que fueron puestos en la mira de los monitores que los países desarrollados tienen para detectar tempranamente cualquier atisbo de autoritarismo. El caso de Alemania es el más representativo de este aprendizaje.

Allí funciona la Oficina para la Protección de la Constitución (BfV), una agencia de inteligencia policial del Gobierno Federal que se dedica a investigaciones concernientes al ámbito doméstico alemán y responde al Ministerio del Interior. El organismo tiene en observación al partido de ultraderecha “Alternativa por Alemania”, considerado un “caso sospechoso” de extremismo y por eso objeto de vigilancia. Los monitoreados no son dirigentes con representación parlamentaria, sino colaboradores, asesores o militares del partido que puedan tener cercanía con pensamientos neo-nazis.

El partido “Alternativa por Alemania” fue fundado en el año 2012 pero su auge comenzó en 2014 cuando obtuvo 7 % de los votos y 7 escaños en las elecciones para el Parlamento Europeo. Su máxima participación electoral ocurrió en los comicios de 2017 cuando obtuvo 6 millones de votos (12,6%) que le permitieron sumar 94 parlamentarios en el parlamento alemán.

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Los “ultras” vernáculos

El episodio de las bolsas mortuorias frente a la Casa Rosada durante la protesta opositora de la semana pasada visibilizó el accionar de Unión Republicana, agrupación que transita por el carril derecho de la principal coalición opositora y cuya rama Jóvenes Republicanos encabezó la protesta que despertó repudio de casi todos los sectores de la política nacional.

Las referencias nacionales de estas terminales –que reivindican a nivel global la figura del presidente brasileño Jair Bolsonaro y de los españoles de VOX– son los dirigentes del ala dura del PRO, entre los que se mencionan a Patricia Bullrich, Miguel Ángel Pichetto, Guillermo Dietrich y Cristian Ritondo. Este conglomerado que a su derecha solo tiene la pared, cuenta con una filial patagónica muy fuerte en la provincia del frustrado Frank Underwood argentino, liderada por el diputado nacional por la provincia de Neuquén Francisco Sánchez.

Además de promover una campaña para que la gente se arme y tratar al pensamiento feminista como la “sanata del género”, Sánchez acaba de validar la patética performance de las bolsas negras, al tuitear: “Se escandalizan con las simbólicas bolsas mortuorias y al mismo tiempo hacen todo para llenarlas de verdad. Formosa, vergüenza K”, comparando el vergonzoso accionar de estos grupos minoritarios, con la represión de los manifestantes formoseños que pretendían resistirse al retorno a la fase 1 del aislamiento social.

Desde el punto de vista formal, figura como la cabeza visible de esta organización un integrante de la Fundación Grupo 25 -Martín Pugliese-, creada por el ex ministro de Transporte Guillermo Dietrich y Esteban Bullrich, quien lo contrató como asesor de la cartera educativa en la ciudad y en la Nación, cuando al actual senador le tocó ocuparlas. Pugliese hoy asesora a la titular del PRO, Patricia Bullrich.

Ulises Chaparro, un tuitero cercano a la ex ministra de Seguridad de Cambiemos fue el autor intelectual de la bazofia de los contenedores cadavéricos, que generó el repudio de un amplio sector del espectro político, pero no tuvo mayores repercusiones institucionales que evidencien la capacidad de reacción estatal para proteger a la ciudadanía de la barbarie que este accionar representa.

“En Alemania, ser una expresión de extrema derecha significa estar en contra o trabajar para derrumbar el orden democrático y por eso el Estado lo tiene bajo la lupa”, explica Franco Delle Done, director de Epidemia Ultra, una iniciativa que se dedica a estudiar la derecha radical en todo el mundo. “Lo cuestionable no es el perfil democrático del partido o su representación parlamentaria sino el comportamiento de sus integrantes y voceros que, según las pruebas reportadas, registran declaraciones antidemocráticas”, completó el catedrático.

Se abre en este punto otra polémica y es la que plantea debatir si el Estado debe tener la potestad para determinar lo que es democrático o no y si eventuales sanciones contra quien ejerce un discurso no roza la violación a la libertad de expresión. Para eso es imprescindible construir herramientas que puedan monitorear las actividades antidemocráticas desde el consenso de todos los sectores políticos, sin depender de ningún gobierno en particular y con la premisa clara de prevenir cualquier atisbo de autoritarismo, siempre presente en los márgenes del sistema. ♣♣♣

#PA.