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Alberto no tiene “libreta”

Por Mauro Federico


El presidente inició este fin de semana una gira por Europa, donde mantendrá encuentros con mandatarios y reforzará los acuerdos para lograr mejores condiciones en la negociación con los acreedores. El frente interno puso en dudas la unanimidad del oficialismo para sostener al principal alfil de las gestiones frente al Fondo Monetario y el Club de París. Pero antes de emprender su viaje, Alberto Fernández dejó en claro su apoyo al ministro Guzmán y lo empoderó, dándole participación en un acto donde se anunciaron medidas para asistir a los sectores golpeados por la pandemia. Segmentación tarifaria y un renovado reclamo a los empresarios instándolos a poner el hombro (y los recursos) ante el crítico escenario, son los ejes de la estrategia gubernamental para atravesar el crudo invierno que se avecina. Pasen y lean.

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Durante una de las primeras giras presidenciales en 2004, Néstor Kirchner viajó a Río de Janeiro para entrevistarse con su par brasileño Lula Da Silva. Lo hizo en el mítico avión Tango 01, acompañado de una comitiva muy importante de funcionarios, entre los que se encontraban su Jefe de Gabinete Alberto Fernández y el ministro de Economía Roberto Lavagna. Tal como se acostumbraba en aquellos años, también viajaban en el vuelo los periodistas acreditados. En una recordada crónica que quedó en la historia, uno de ellos -el por entonces conductor del programa “Punto Doc”, Daniel Tognetti– aprovechó para utilizar al Presidente de guía, recorrer la aeronave y entrevistarlo, con la mordacidad y agudeza característica de uno de los mejores cronistas televisivos de todos los tiempos.

Durante el reportaje, Tognetti le consultó sobre una de los tantas “leyendas” que rodeaban la figura presidencial. “¿Es verdad que usted tiene una libretita, donde lleva las reservas, los ingresos fiscales, tiene la libreta acá o no?”, preguntó el colega. A lo que Néstor respondió: “Si, un cuaderno, acá” y abrió su maletín y extrajo uno repleto de papeles sueltos en su interior. Entonces Tognetti quiso saber aún más sobre qué era lo que se anotaba allí. “¿Esto lo anotó todo usted?“, preguntó, y el presidente contestó: “Si claro, acá están los intereses que tengo que pagar este año de la deuda, me acompaña a todos lados”. Mientras repasaba las páginas del anotador, el periodista comentó: “Cuánta plata entra, cuánta plata sale, cuánta plata tengo, 6489 millones… ¿En el 2005 toda esa guita vamos a tener que pagar?”. Y Néstor respondió “Si”.

El relato se completa con otra historia supuestamente ocurrida seis años después, en los días posteriores al fallecimiento del ex presidente. Otro colega, Carlos Arbia, recuerda la charla con un ex funcionario de confianza del matrimonio político más poderoso de los últimos cincuenta años, refiriéndose al mismo objeto: “El problema es que la libretita la manejaba solo él, y él solo entendía lo que escribía allí”. Allí Kirchner anotaba todos los días el dinero que el Estado recaudaba y pagaba. Por eso, cada tarde lo llamaba al secretario de Hacienda Juan Carlos Pezoa para que le dijera cómo cerraban las cuentas fiscales al final de la jornada. “Era muy obsesivo para contar el dinero y siempre quería que entrara más de lo que salía y eso lo ponía en la libretita”, comentaba el funcionario.

Alberto Fernández no usa libreta para anotar las cuentas. El único objeto del que no se separa nunca es su teléfono celular. Sin embargo, tiene en claro cada dólar que debe pagar la Argentina producto del irresponsable endeudamiento en el que nos sumió el gobierno de Mauricio Macri; y cada peso que el elástico presupuesto nacional viene destinando a sostener la endeble estructura económica de centenares de miles de familias asfixiadas por las restricciones impuestas para proteger la salud colectiva, ante el impiadoso avance de la pandemia.

En los dos frentes, el presidente tiene un escenario complicado, no solo por las características del problema, sino también por las diferencias internas respecto al enfoque que debería imprimirle a la estrategia oficial con la que afrontar ambos desafíos. La heterogeneidad del Frente de Todos permite la coexistencia de dirigentes y funcionarios con pensamientos tan disímiles que mantener el equilibrio de la coalición gobernante termina transformándose en el principal desafío de sus líderes.

La interna desatada tras el frustrado intento de separar al subsecretario de Energía Federico Basualdo mediante una maniobra desprolija de Martín Guzmán -quien pretendió echarlo por los medios- dejó al descubierto las diferencias entre las dos visiones económicas en disputa y promovió los rumores de renuncia del ministro de Economía. La “excusa” para la confrontación, esta vez, fue la necesaria readecuación tarifaria de las eléctricas que debe autorizar el gobierno. El presidente –más enojado por la forma que por el fondo de la cuestión, en la que tiene más acuerdos que desacuerdos con su ministro- lo reprendió en privado y le otorgó otro crédito más, permitiéndole seguir con vida al frente de un equipo económico necesitado de goles.

Como ocurre siempre, la frazada es corta y hay que decidir si dejamos que se enfríen los pies o la cabeza. Desde la óptica de Guzmán, si queremos acordar una refinanciación con el FMI y el resto de los acreedores para recuperar la confianza de los mercados y que comiencen a llegar las inversiones, es necesario dar señales de austeridad. Y esto se traduce en reducir el gasto público, en cualquiera de sus expresiones: subsidios para la energía o asistencia social frente a la implacable segunda ola de coronavirus. Del otro lado, el sector alineado con el pensamiento de Cristina Kirchner, argumentan que pactar con el Fondo en este escenario, significa resignar capacidad de asistir a los que más demandan la ayuda estatal.

El Plan Guzmán trae consigo dos premisas: descongelar las tarifas eléctricas que vienen atrasadas; y propender a una readecuación del cuadro tarifario en base a la segmentación. Esto significa, lisa y llanamente, dejar de subsidiar a los sectores que tienen la capacidad de abonar facturas con valores “planos”, inalcanzables para una gran mayoría de los usuarios del servicio eléctrico, pero perfectamente asimilables para un grupo privilegiado al que hoy todavía el Estado asiste. Una medida de características similares fue instrumentada hace una década durante el segundo gobierno de Cristina, mediante un mecanismo que garantizó su fracaso: se dejó librado a la voluntad de los consumidores que consideraran innecesaria la asistencia gubernamental, la decisión de renunciar al subsidio. Algo similar al apelativo a la responsabilidad social para atenuar la curva ascendente de contagios.

En el otro lado del cuadrilátero del Frente de Todos, algunos piensan que el equilibrio fiscal solo se logra a costa de restringir una imprescindible expansión del gasto público “para salir de la crisis”. El incremento de la inversión en obra pública aún no aparece con la nitidez que muestran los discursos de algunos funcionarios y el gasto público se contrajo en términos reales, si se lo compara con el primer trimestre previo a la pandemia. Esta es la principal objeción del kirchnerismo a la gestión Guzmán, que se suma a la mirada oblicua que le propinan a la política de control de precios, a cargo de una funcionaria con la que el economista “tripero” no tiene un gran feeling: Paula Español, mentora de algunas iniciativas “non sanctas” para el evangelio “guzmanista”.

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“Juan Domingo” Biden versus el FMI

Al Fondo Monetario le sienta bien que Guzmán sea el interlocutor argentino en las negociaciones.  “Alberto no es Néstor y Martín no es Lavagna”, conjetura un ex funcionario del gabinete de aquel ministro de Economía con el que el primer gobierno kirchnerista logró acordar con el FMI, saldando de contado la totalidad de la deuda que tenía el país con el organismo. Kirchner miraba de reojo al “Pálido” (así lo llamaba Néstor a Lavagna) y tenía una obsesión por las cuentas que lo desvelaba. “Los intereses nos comen la plata y sin plata, no hay proyecto político”, solía argumentar el Pingüino patagónico para justificar su decisión de pagar aquellos 9800 millones de dólares. Las divisas giradas directo desde las Reservas del Banco Central permitieron, además del ahorro de intereses, cerrarle la puerta a “las intromisiones y exigencias” que imponía la entidad financiera en la economía interna. Además de la señal política, la cancelación de aquella deuda le permitió al país un ahorro de 842 millones de dólares en intereses.

Pero esta semana, el rebautizado presidente de los Estados Unidos “Juan Domingo” Biden se comprometió a analizar un proyecto impulsado por setenta diputados de su partido –a instancias de una jugada motorizada desde el massismo- para que la Casa Blanca le exija al FMI suspender los pagos de todos los servicios de la deuda argentina hasta que amaine la crisis generada por la pandemia. El movimiento de Biden, sumado a su explosivo discurso de apertura de sesiones en el Capitolio en donde le reclamó a los ricos aportar más recursos en beneficio de los más desprotegidos, envalentonó al kirchnerismo, que estuvo a punto de proponer la apertura de una Unidad Básica con el nombre del mandatario estadounidense.

En la misma sintonía, Alberto Fernández sacudió la modorra del establishment el viernes cuando cerró el quinto encuentro del Consejo Federal contra el Hambre, que incluyó un anuncio del orden social: “el Estado está haciendo el esfuerzo, cuéntenme el resto qué esfuerzo van a hacer para ayudar al Estado a sacar a los argentinos de la pobreza”, dijo. Según precisó Fernández, este plan representará en 2021 un 0,7% del PBI, es decir alrededor de 250 mil millones de pesos. Pero además del anuncio, hubo en el discurso del Presidente varios mensajes hacia adentro y fuera del Frente de Todos. Hacia adentro, dijo: “Guzmán ha hecho un gran trabajo para ordenar la deuda heredada. Pero los acreedores deberán esperar hasta que los argentinos recuperen la dignidad de vivir en una sociedad que los contenga”.

Hacia afuera, apuntó contra los sectores especulativos: “celebro que crezcan los precios internacionales de los commodities, de la carne, pero no celebro que los argentinos paguemos la carne como se paga en Francia, China o cualquier país del mundo, pensemos en nuestra gente”. Y remató con una frase contundente: “El esfuerzo debe ser de todos, no de los que menos tienen”. ♣♣♣

#PA.