Pichetto, el gran facho argentino

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Por Silvia Risko

Todos hablamos de la pobreza, algunos con miedo –no sea cosa que se nos pegue–, otros con preocupación; también están los que lo hacen desde un lugar filo indiferente y después están los que dejan en evidencia el desprecio visceral que sienten hacia los pobres.

Si bien es cierto que vivimos en una democracia y que uno de los derechos más protegidos en este siglo XXI es la libertad de expresión, pareciera que algunos no terminan de entender que hay que ejercerlo pero con responsabilidad, y más aún si se ostenta o ejerce un cargo representativo.

Coincidiremos que estos últimos años, con la gestión de Mauricio Macri y su troupe de CEOs devenidos en aprendices de la política, sirvieron –además de destruir el tejido social, económico y productivo del país– para desenmascarar a los fachos disfrazados de populares que han estado enquistados en el poder usufructuando sus beneficios, como Miguel Ángel Pichetto que día a día nos da cátedras sobre el ejercicio del cinismo ultra conservador.

El desdén al hablar de la extrema y delicada situación de pobreza de más de 10.000.000 de ciudadanos en Argentina; el decir que no trabaja el que no quiere olvidándose de que el gobierno que defiende y representa destruyó de manera meteórica desde los comercios, pymes, industrias hasta el propio trabajo informal, no hace más que demostrar su verdadera esencia. Sería bueno que salga de su burbuja y tome contacto con la realidad: destruyeron hasta las “changas”.

Por otro lado, reniega de la declaración de Emergencia Alimentaria aduciendo que en Argentina nadie pasa hambre… por lo menos no del famélico. ¿Desde cuando un dirigente político –y más aún siendo peronista– utiliza una escala métrica para medir la hambruna? ¿Cuáles serán sus parámetros para determinar si es verdad que actualmente las escuelas públicas pasaron a ser comedores comunitarios en estado de emergencia? ¿Sabrá el alto índice de desnutrición que tienen nuestros niños y viejos producto de las políticas de desprecio al ser humano de su gobierno? ¿Será consiente de que se violan a diario garantías constitucionales y vulneran derechos humanos? ¿Le importará?

Sinceramente creo que no. Este es el verdadero Pichetto, el que desde hace más de 32 años vive de cargos políticos, el que ha pasado por concejalías hasta llegar y enquistarse en el Congreso, el que hizo de la política su proyecto empresarial, el que siempre, sin escrúpulos, fue oficialista. El que usó todos los trajes, aplacó sus ínfulas, se mimetizó pero al final, lo facho es más fuerte.

Deja en evidencia además, su gran nerviosismo. Sí, Pichetto está preocupado y nervioso. Está quemando su última nave, su gran ego y resentimiento lo llevaron a cometer un grave error y se equivocó de socios. Su poder se diluye, su tiempo se acaba, y tal vez por eso, comete yerros de principiante.

Estigmatizar a la totalidad de un núcleo social, como la Villa 1-11-14, como extranjeros parásitos sociales y responsables del narcotráfico es tirar la pelota fuera de la cancha culpando a pobres e inmigrantes por la falta de políticas de estado que garanticen inclusión e igualdad de oportunidades de parte del gobierno nacional y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Queda más que claro, después de su propuesta de dinamitar la villa y hacer desaparecer a todos, que si dependiéramos de él estaríamos en una sociedad donde imperaría el autoritarismo y sería más sectaria y excluyente que la actual.

De todos nosotros depende que esto no suceda y como dijo Perón, “el que no lucha contra los enemigos del pueblo, es un traidor”.   ♣♣♣

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