Otra deuda pendiente: Anticonceptivos para ellos

Otra deuda pendiente: Anticonceptivos para ellos

Por Silvia Risko

La incorporación de nuevos conceptos en materia de derechos, o mejor dicho respecto a exclusiones, es prácticamente infinita. Todos los días –de estar atentos– descubrimos una nueva punta del ovillo a desatar.

En un congreso al que asistí esta semana, Patricia Sara Cuasnicú, investigadora Superior del CONICET y doctora en Ciencias Químicas, con una sencillez envidiable graficó en minutos la realidad de la anticoncepción masculina. Debo reconocer que al principio mis propios prejuicios y preconceptos me llevaron a pensar que ese no era un tema del cual nos debiéramos ocupar las mujeres y mucho menos las organizaciones feministas. Grave error.

“Hay una necesidad de más opciones de métodos de planeamiento familiar que satisfagan las diferentes necesidades y preferencias de la gente, en distintas partes del mundo, y en distintas etapas de la vida reproductiva”, comenzó diciendo para luego explicarnos las distintas opciones de anticoncepción para la mujer: Hormonales (famosa píldora anticonceptiva), DIU, diafragma, tapón cervical, esponjas, condón femenino y los métodos naturales (fechas).

Hasta ahí, nada nuevo. Luego comenzó con los métodos disponibles para los hombres. Sólo, hasta ahora, existen dos: el condón y la vasectomía, a esta última tampoco se la considera anticonceptiva sino que es una esterilización. Sólo el 50% pueden revertir el proceso y procrear. Una lotería.

Su trabajo de investigación se focaliza al desarrollo de métodos de regulación de la fertilidad masculina. Para ello, lucha a diario con la industria de los laboratorios que prefieren destinar fondos al Viagra antes que al descubrimiento de una píldora anticonceptiva masculina.

Tiene su lógica. Los sistemas económicos-financieros con una mirada netamente patriarcal y machista deciden destinar recursos para atender la disfunción sexual o la falta de erección que afectan la endiosada virilidad masculina, sin atender al derecho a la no paternidad.

¿Porqué desarrollar métodos anticonceptivos masculinos?

En principio para preservar y cuidar la salud de la mujer. Si hacemos cálculos somos nosotras las que prácticamente durante los 35 años de edad fértil debemos “cuidarnos” para no tener la consecuencia de un embarazo no deseado, luego para que la planificación familiar sea compartida, pero sobre todo porque es un derecho y una obligación del hombre hacerlo, y no para “ayudar” a la mujer sino básicamente por ellos mismos.

Los reclamos por ampliación de derechos de las mujeres hacen visibles otras realidades, como por ejemplo la ausencia de anticonceptivos masculinos, y esto vulnera de alguna manera el derecho del hombre a ser padre o no.

En la medida que sigamos ampliando derechos, derribando costumbres, prejuicios, discriminaciones y tabúes, el beneficio es para la sociedad en su conjunto. Esta es una de las principales características de la lucha feminista, somos la punta de lanza que abre camino a la inserción de otros sectores excluidos e invisibilizados como también para aquellos –como en este caso– que no serían tomados en cuenta de otra manera.

Y ahí también está el Estado. Debemos exigir que el apoyo a la ciencia y tecnología sea una política de Estado inamovible. Cuando un científico debe abandonar una investigación por falta de presupuesto, no lo están perjudicando a él, sino a todos.

Cierro con la conclusión final de Cuasnicú: “Estamos convencidos que el desarrollo de nuevas y mejores opciones de métodos anticonceptivos contribuirá a disminuir los altos porcentajes de esterilizaciones, embarazos no deseados, abortos y mortalidad materno-infantil existentes a nivel nacional e internacional y, por ende, a garantizar la salud sexual y reproductiva de nuestra población”.   ♣♣♣