Ojo al piojo muchaches

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Por Silvia Risko

Pareciera que desde el 2015 vamos de sorpresa en sorpresa con los resultados electorales nacionales. El que afirme que no se sorprendió con un Macri presidente allá por octubre del 2015, o con una Cristina retornando al sistema político con una banca en el senado en el 2017, o con la paliza que recibió el mismo Mauricio en las PASO de agosto pasado, o el que quedó con más dudas que certezas al ver la poca diferencia en la definitiva de octubre a favor de los Fernández, ese está mintiendo o le importa muy poco los resultados electorales.

Pero los que hacemos de la política un culto en nuestras vidas no podemos minimizar estos resultados y debemos hacer un análisis lo más objetivo posible para no cometer viejos y no tan viejos errores. Sé que esto no gusta. A la clase política –sobre todo a la conducción– no le gusta la autocrítica –mucho menos la crítica– al contrario, después de cada acto electoral y dependiendo del resultado se escuchan o leen los más inverosímiles argumentos para justificar (sin hacerlo) las estrategias que llevaron al resultado. Las victorias se festejan. Las derrotas no se justifican y se silencian.

En estas elecciones generales ha quedado más evidenciada que nunca la división –me animaría a decir– ideológica en nuestra sociedad. El resultado de un 40% a favor de un proyecto que, del progresismo revolucionario ofrecido en el 2015 pasó a ser el más conservador y reaccionario contra las libertades e igualdades, fomentando sin escrúpulos la diferencia de clases en la Argentina, es desde mi punto de vista, preocupante.

Que, supuestamente, cuatro de cada diez argentinos voten por odio hacia el otro, no es un tema menor. ¿Y porqué digo esto? Porque al votante macrista tampoco le va bien con su gobierno, no pudo crecer ni progresar (salvo los CEOs pero son los menos), sufre al igual que el resto las consecuencias de la ineptitud de su líder, pero la diferencia es que no le importa. Lo único que sabe es que odia al pobrerío, en realidad más que odio es miedo. No sea cosa que tengan las mismas oportunidades y terminen gobernando. Para muestra está Brian, un joven humilde, morocho, con gorrita, que no puede ser presidente de mesa sino debe ser un pibe chorro, pero Campanella y el dueño de Mercado Libre son ejemplo de compromiso cívico.

La división de clases en Argentina no es nueva, sino pregunten a cualquier viejo laburante cuál era su realidad antes de Perón y las conquistas sociales y laborales que introdujo el peronismos al sistema que hoy todos disfrutamos.

¿El proyecto nacional y popular ha cometido errores?, sí claro que lo a hecho. Uno de los más graves a sido el cerrarse políticamente, abroquelarse cual orga perdiendo en el camino la capacidad de escuchar a las bases y callando al pensamiento diferente. Esas bases que militan y defienden hasta cuando no están del todo de acuerdo, pero de tanto no ser escuchados o tenidos en cuenta tiran la toalla y abandonan el barco.

La propuesta de transversalidad en el 2003 logró unir no solo a la clase política sino a gran parte de la sociedad, pero lamentablemente la idea del unicato terminó siendo letalmente más fuerte. No supimos cuidar lo construido y pagamos, como país, un alto precio porque lo que vino después con Mauricio Macri nos va a llevar varias décadas reconstruir. La tarea será titánica y nos necesitará a todas y todos, no hay lugar para peleas de cartel o mezquindades banales, mucho menos para divismos u oportunistas. Alberto Fernández nos necesita, pero juntos.

La única herramienta que puede soldar diferencias y consolidar compromiso social es la política, pero es momento también para empezar a diferenciar los tipos de hacer política. Para algunos, la capacidad de la política es la de imponer ideas ficticias sobre una realidad sumisa, usar al ciudadano fortaleciendo sus debilidades y debilitando sus fortalezas. Nos convierten en ovejas, útiles pero mansas. Terminamos siendo simples peones descartables en su tablero de ajedrez. Para otros, es el medio para la conquista de derechos, de discusión para crecer, de unir voluntades en búsqueda del bien común y el crecimiento colectivo. Es la lucha diaria hasta lograr incluir definitivamente a los Brian al sistema con igualdad de oportunidades y sin resentimientos.

Las estrategias son necesarias, las coyunturas marcan acuerdos, el debate enriquece, el compromiso social es indispensable, la conducción es importante, pero ojo al piojo muchaches que la calle es del único que manda y pone límites: el pueblo.   ♣♣♣

#PA.

Domingo 3 de noviembre de 2019.
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