Los rezos a San Voto

 -  -  1

Por Silvia Risko

Me encantan los cuentos e historias, por eso quiero compartir con ustedes la de un país ficticio, donde cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.

Había una vez… un país muy lejano que andaba esquivando baches por un camino de pedregullo y sobre un carruaje fundido. Se encontraba con la posibilidad de retomar el camino del desarrollo, con inclusión o derrapar totalmente. Sus habitantes decidieron rezar a San Voto, quien tenía poder para encaminar los destinos de aquella sufrida nación.

¿Es justo cargar con toda la responsabilidad a San Voto? ¿es suficiente su poder como para que con una aparición revierta tanto daño y retroceso? Se preguntaban los integrantes del círculo de filósofos de aquel país. “Espero que todas y todos tengamos verdadera conciencia que no es así”, respondió el más viejo. ¿Tiene poder San Voto?, sí. ¿Es suficiente?, no.

***

Hacen su aparición en escena pintorescos actores, políticos, medios de comunicación, analistas, economistas y politólogos, todos con la mirada puesta en el resultado, en el día después, en cómo van a reaccionar los mercados y a cuánto se disparará el otro santo: El Dólar, adorado al extremo por los habitantes de este país remoto. El remolino de la ansiedad pareciera no tener fin, y es ahí donde deben hacer un alto, subir a la montaña y ver el escenario completo para no volver a confundirse.

Retomando el relato, cuentan que tiempo atrás apareció el heredero de uno de los hombres más ricos de aquel país. Traía un discurso que caló hondo en gran parte de esa sociedad. La muchedumbre se dejó embelesar con la idea de que todas y todos serían exitosos sin mucho esfuerzo, que alcanzaría la pobreza cero, que se convertirían en el ejemplo de la lucha contra el narcotráfico, que tendrían una Justicia independiente, que se iba a sacar el enfrentamiento del centro de la escena, que les brindaría calidad educativa y desarrollo del conocimiento, que ninguna niña o niño iba a quedar sin protección del rey. Convocaron a jóvenes y viejos, a todas y todos a subir al barco que garantizaba que los tripulantes y pasajeros serían inmensamente felices, ricos y exitosos. Y rogaron y suplicaron a San Voto para que los favorezcan.

San Voto accedió y el heredero fue gobierno. Ahora, dicen algunos refranes populares, que lo que los santos dan, si no cumplís, te lo quitan. Cuentan que con ellos volvió un monstruo mitológico de dos cabezas conocido en la comarca como FMI que trajo consigo calamidades que se creían superadas, como el riesgo país. La hambruna creció tanto que se duplicaron los planes sociales, se cerraron miles de puestos de trabajo, quebraron comercios, pymes e industrias, precarizaron la salud pública y la educación, ningunearon a científicos e investigadores, expulsaron a los jóvenes, abandonaron a los más ancianos y maltrataron a los laburantes. Lo peor y más vil, cuenta la historia, es que profundizaron las diferencias alimentando las diferencias sociales, algo que les fue tan funcional tratando de dejar al pueblo sin la herramienta más poderosa, la política.

Cuentan que la desesperación y angustia asechaba al gentío, que las monedas de oro escaseaban tanto como el pan. La tristeza consumía la llama de la esperanza y que muchos bajaron la cabeza tratando de ser imperceptibles a los ojos del monstruo, pero no lo consiguieron. Todo era incertidumbre y dolor. Según la leyenda, San Voto -protagonista principal en el cuento- miró de forma piadosa pero firme a las personas que nuevamente recurrían a él suplicando ayuda y les dijo: “soy solo una herramienta para la conquista de sus deseos, lo demás depende de su real compromiso con el prójimo con el otro. Nadie se salva solo y no existe Robin Hood…”.   ♣♣♣

#PA.

Sábado 26 de octubre de 2019.
comments icon 0 comments

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *