Ellas siguen muriendo

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Por Silvia Risko

Desde 1983 y contando las elecciones de octubre de este año, los argentinos habremos elegido, con el voto popular, por novena vez a un presidente en nuestro país. Esto es algo histórico. Tenemos varias generaciones de argentinos que, gracias al esfuerzo y toma de conciencia de todos, han nacido y se han criado en libertad, sin amenazas de golpes cívicos-militares como en otras épocas.

Con el correr del tiempo también vamos conociendo los defectos de nuestro sistema –nada es perfecto– y seguramente en un futuro no muy lejano irán tomando fuerzas las diferentes propuestas para hacerlo más transparente, ágil, representativo y federal. Tenemos que crecer todos juntos, sino no sirve.

Pero de lo que sí estoy segura es que en estos años, sobre todo los últimos cuatro, participamos de un curso acelerado en mentiras electorales cargadas de hipocresía. Lo peor es que cada vez la vara, de la mentira, es más alta.

Hay mentiras y mentiras, todas son repudiables, pero algunas se podrían encuadrar en buenas intenciones a sabiendas no realizables, otras como escaramuzas inofensivas (o eso creen) que no afecta mucho si se realizan o no, pero están las de alto impacto y son las que causan muertes, o dicho de otra manera, no hacen nada –porque son mentiras– para evitarlas. Ejemplo de esto, es el caso de las mujeres que mueren a diario en nuestro país como consecuencia de abortos clandestinos.

En nuestro país se realizan anualmente entre 370.000 a 520.000 abortos clandestinos aproximadamente, de los cuales un gran porcentaje termina con una mujer muerta como consecuencia de no poder acceder a una atención de salud segura y gratuita que el Estado se la debe brindar.

En 2018, luego de muchos años de insistencia de las organizaciones feministas, se llevó adelante por primera vez en el Congreso el debate del proyecto de ley para despenalizar y legalizar la interrupción voluntaria del embarazo. Se festejó la oportunidad, no importando el alto grado de oportunismo político, lo importante era el espacio ganado para la discusión política y social de esta dolorosa e injusta realidad. Fueron meses de intenso trabajo, de exposiciones a favor y en contra, de muchísima participación de todos los sectores, pero sobre todo de mucha información. Casi nadie quedó al margen de la discusión, en las mesas familiares, bares, reuniones, charlas, programas de televisión, en las redes, etc, etc.

En ese momento podríamos haber pensado o creído que el presidente Mauricio Macri era más progre que los progre, que la problemática le importaba tanto que era capaz de poner en juego su relación con el Papa Francisco y con las diferentes iglesias; que era genuina su preocupación cuando decía “…el problema está y trabajamos para que esas chicas tengan la posibilidad de elegir…”; que más allá de las profundas diferencias ideológicas con los sectores de centroizquierda o de izquierda, él hizo lo que nosotras y nosotros no hicimos, puso el tema en agenda política para su discusión.

Lo que lo hacía más importante era que no fue una promesa de campaña, de hecho se negó a responder sobre el tema en el 2015, ni tampoco el 2018 era un año electoral. Todo hacía suponer que, aún con su mirada sesgada, sectaria y excluyente de la sociedad, este tema puntual le importaba.

Pero llegó el 2019 y con él caen todos los velos. “…claramente a favor de las dos vidas…” esta frase, además de marcar una clara estrategia de polarización, lo que muestra es una gran ignorancia. Sí, Mauricio Macri es un ignorante. Sin la aprobación de la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo no se salvan, muy por el contrario, se pierden dos vidas.

El besar pañuelos celestes y pies descalzos podrían pasar como un acto de desesperación –más que evidente– por ganar una simpatía esperando se traduzca en un voto, pero no pasa de eso. Pero, el usar un tema con tantas víctimas y sin respuestas es inaceptable. ¿Cree que todas y todos somos idiotas?

Nunca le importó ni le importa la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres, jamás se puso en la piel de una madre a la que violaron y asesinaron su hija adolescente, no hizo absolutamente nada para combatir el gran negocio de la trata por explotación sexual, es casi seguro que piensa “…por algo será…” ante una mujer golpeada, ni que decir de la indiferencia de su gobierno a la hora de implementar políticas para erradicar de raíz la violencia de género, los abusos, discriminaciones, violaciones y femicidios. Las niñas violadas obligadas a parir seguramente nunca formaron parte de su paisaje político.

Mientras él, que es más candidato que presidente, viaja, baila, promete y miente, ellas siguen muriendo.   ♣♣♣

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