El talón de Aquiles

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Por Silvia Risko

–Presidenta Fundación Raúl Roque–

Aquiles, según la mitología griega, era el más fuerte y rápido guerrero, gozaba de una belleza extraordinaria, su capacidad y formación en el arte de la guerra y el combate, como también su valentía y fortaleza, lo llevó a convertirse en el héroe de la Guerra de Troya. Era considerado invencible. Su cuerpo había sido sumergido al nacer por su madre, Tetis, sujetándolo del talón, en las aguas del río Estigia, que supuestamente tenían el don de inmortalizar a quien se sumergía en él. Como su talón jamás tocó las aguas del río, pasó a ser su parte vulnerable. Podría ser invencible pero no inmortal, de hecho, siguiendo el relato mitológico, Aquiles es asesinado por una flecha envenenada que le atravesó el talón izquierdo.

Sin entrar en análisis escabrosos ni rebuscados, podríamos interpretar a esta cuasi leyenda como el recordatorio de que todas, todos y todes –tanto de manera individual como colectiva– tenemos un punto vulnerable, y si no somos conscientes de ello, podemos ser atravesados por la flecha venenosa.

Nuestra debilidad o vulnerabilidad se puede convertir en el arma del que pretende ostentar u ostenta poder sobre nosotres y nos convierte en un chasquido de dedos en simples marionetas de turno, haciéndonos creer que somos los actores principales.

Existen diferentes tipos de Poder; por ejemplo el económico, espiritual, etcétera; pero sin dudas el más peligroso y astuto es el Poder político. ¿Y porqué? porque es el que tiene la capacidad para influir en el comportamiento de otras personas y así lograr su objetivo. Esto, lejos está de demonizar a la política, muy por el contrario, es la herramienta más noble para transformar la realidad, por eso mismo hay que estar atentos para protegerla.

En pos del poder, y no sólo de conquistarlo sino de mantenerlo e incrementarlo, se provocan guerras, se esclaviza, somete y hasta masacran pueblos; se erigen iglesias, cultos y sectas que condicionan el libre albedrío; se demonizan razas y excluyen personas por colores; nos transforman de ciudadanos a consumidores; se divide al mundo en parcelas con inexistentes fronteras naturales; se combate el pensamiento propio y la libertad de expresión, entre otras tantas e innumerables estratagemas utilizadas por el Poder.

Pero, ¿cuál sería el talón de Aquiles que nos hace vulnerables? En lo personal y basado en mi experiencia política, me animo a afirmar que sin dudas nuestra vanidad es el arma más utilizada por el poder y la que mejores resultados arroja. Los cantos de sirena que ensalzan virtudes –a veces inexistentes o exageradas– acompañados del tintineo que producen las danzantes odaliscas del Poder sobre el desprevenido, puede ser letal. Si a esto sumamos el miedo –hasta patológico– a ser invisibles ante la mirada del poder da por resultado el más grande y vulnerable talón de Aquiles con consecuencias sociales inimaginables, porque el Poder generalmente gana.

Gana porque se transforma, mimetiza y camufla. Si pensamos que tiene nombre y apellido cometeríamos un error, los que lo ejercen son circunstanciales, finitos. El Poder es una entelequia que nos abraza y rodea, a veces con más fuerza que otras, pero siempre busca nuestro talón de Aquiles porque nos necesita funcionales.

La formación, conocimiento, educación, empatía, compromiso y conciencia social pueden ser la tabla que nos permita cruzar el río Estigia, llegar y mantenernos en tierra firme a salvo, sabiendo que juntos podemos ser invencibles pero si no estamos en alerta nuestra vulnerabilidad nos puede envenenar.   ♣♣♣

#PA.

Domingo 8 de diciembre de 2019.
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