Rumbo a la metamorfosis

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Por Qui­que Pé­rez

Una de las pocas certezas en el mar de dudas de los tiempos del post COVID-19 será las seguras metamorfosis de nuestras existencias. Las sociedades y los individuos se someterán a cambios radicales en sus estructuras más arraigadas, obligatoriamente habrá que acostumbrarse a los sorpresivos y obligatorios cambios que sobrevendrán como aquel hombre que se convierte en cucaracha para el genial Franz Kafka, de la misma forma amaneceremos a los nuevos tiempos absolutamente renovados, pero a diferencia de muchos que sostienen el derrumbe de nuestra civilización a causa de la economía, yo prefiero convencerme que el cambio será inverso y es altamente probable que nos sorprendamos reconociendo que nuestro estado actual se asemeja a los insectos, teniendo la posibilidad de renacer como seres humanos.

A lo largo de la historia las pandemias cambiaron radicalmente las relaciones sociales, a pesar de las trágicas muertes que acarrearon algunas, mejoraron drásticamente las condiciones de los pueblos que las sufrieron. La peste negra causo estragos en el siglo XIV, pero logro poner fin a los grandes latifundios, despoblando las ciudades y siendo el puntapié inicial de una gigantesca reforma agraria que cambiaría para siempre la economía europea, siendo el comienzo del esplendor renacentista.

La última de las pandemias sufrida hace un siglo, la gripe española, produjo cambios en el mundo, pero en este caso fomentó el liberalismo económico, una especie de sálvese quien pueda destructivo que todavía rige nuestras vidas.

Este milenio sorprende a la humanidad con enormes logros tecnológicos y sociales, pero con una innegable distribución retrograda de las riquezas. Es de esperar que la salida de esta pandemia logre modificar usos y costumbres destructivas que habrá que modificar si queremos seguir sobreviviendo como especie. El daño permanente al medio ambiente, el tránsito infinito e innecesario de individuos por el mundo ya va a resultar imposible y el incremento poblacional de las mega ciudades super pobladas que caracterizo los últimos 100 años tendrá que ser revertido con éxodos a regiones rurales, ya no tanto por cuestiones económicas si no por su inviabilidad sanitaria.

Estos tiempos de pandemia sacan a luz situaciones conocidas, pero convenientemente ocultas. Los grupos de riesgo son los geriátricos, marcando claramente la profunda decadencia de nuestra sociedad moderna, de sobremanera en países del tercer mundo como el nuestro. Cada caso es distinto y entendible, pero algo terrible debe de haber pasado en nuestras familias para que hayan proliferado exponencialmente estos depósitos de abuelos que, luego de haberles sacado todo el jugo productivo, terminan tristemente sus días solos y abandonados.

El otro gran grupo de riesgo son los barrios carenciados, sin condiciones sanitarias, donde se apiñan en condiciones infrahumanas cientos de miles de compatriotas, fruto de políticas que expulsaron pobladores del interior productivo fomentando los monocultivos, quizás el más mortífero golpe a nuestra economía perpetrado por la administración de Carlos Menen desmantelando los ferrocarriles, condenando a la muerte y al exilio a miles de pujantes pueblos del país profundo.

Estábamos muy mal y no nos dábamos cuenta, el COVID-19 puede terminar de hundirnos, pero existe una posibilidad que las cucarachas en la que nos habíamos convertido como sociedad, suframos una metamorfosis inversa y volvamos a ser saludables Gregorios. ♣♣♣

#PA.

Domingo 17 de mayo del 2020.
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