Políticos perros

Políticos perros

Por Quique Pérez

Lealtad, protección, acompañamiento y amor son los cuatro pilares donde se construyen los vínculos de cariño que nos unen a nuestros animales. En una sociedad cada vez más compleja este tipo de vínculos sólo lo puede brindar una mascota, y si es un perro muchísimo mejor.

No preguntan, no juzgan, no realizan ningún tipo de cuestionamientos morales; sencillamente nos protegen y están, en el más amplio y bonito sentido de la palabra. Si los momentos son buenos moviendo su cola en señal de alegría y si la vida nos hace llorar nos miran con cara larga de tristeza, pero jamás nos abandonan y sea cual fuere su tamaño intentan protegernos de las agresiones externas, sin pedir nada a cambio, solamente cariño. A todos estos beneficios que nos brindan nuestros pichichos se le suma quizás el más importante, su fidelidad, en un mundo de traiciones un perrito jamás te dará la espalda, para ser exactos el rabo, una de las virtudes casi imposibles de conseguir entre los humanos.

Las naciones americanas en general y Argenta en particular siempre buscó lideres políticos con características de super hombres, el padre de todos que nos solucionara los problemas y los dramas de nuestra vida. Así pasamos siglos entregándonos a pasiones y fabricando ismos sin tener en cuenta las limitaciones de nuestros elegidos, que invariablemente fracasan en el objetivo de contentar a toda la población, generando amor incondicional entre los beneficiados y odio visceral entre los perjudicados, alimentando una grieta cada vez más parecida a una fractura.

Las naciones con mejor calidad de vida del planeta en la actualidad son las nórdicas, en esos helados parajes sus dirigentes se caracterizan por comportamientos perrunos, son absolutamente leales con sus sociedades, sencillamente cumplen con sus obligaciones sin pretender conseguir fanáticos que los eternicen en el poder. Protegen ciegamente a sus electorados sin dejarse presionar por los poderosos, así consiguen los niveles impositivos más altos en los estratos importantes de la economía y ante los momentos malos esas naciones apuntalan a su gente en silencio, sin estridencia, sencillamente acompañan, como cualquier buen perro.

Con la honorable excepción de Don Arturo Illia, todos nuestros dirigentes en dos siglos de historia pretendieron ser super hombres generando amores incondicionales, pero también odios profundos. Los resultados generales fueron pésimos, es el momento para probar políticos parecidos a los incondicionales perros, sólo cumplir sus obligaciones. Como primera condición ser leales, no dejarse convencer por intereses espurios y simplemente cumplir con sus promesas electorales. Protegernos de fanatismos de ambos lados de la grieta. Pueden sobrevenir malos momentos como nación por razones externas, pero como los canes deberán cumplir con la obligación de acompañarnos en el dolor y cuando lleguen los momentos felices no pretender su endiosamiento por la bonanza adquirida, al fin y al cabo, demostrar amor por los habitantes de la nación que les toca gobernar.

Con seguridad nosotros como país, con nuestros talentos y recursos naturales, saldremos adelante sin necesidad de líderes mesiánicos. La recompensa será el reconocimiento silencioso y el agradecimiento eterno para los grandes hombres que decidan acompañarnos en esta nueva Argentina.

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En nuestra familia perdimos hace unos días al gran Lonco, un gigantesco labrador con alma de caniche, que cumplió con todos los requisitos anteriormente expuestos, siendo una fuente de amor incondicional para Leo, Cory, Cuyen e India. Seguí cuidándolos desde donde quiera que estés. Buen viaje y hasta siempre viejo amigo. Ojalá aparezcan políticos perros iguales a vos.    ♣♣♣

#PA.

Domingo 15 de noviembre de 2020.