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La milagrosa mandioca

Por Quique Pérez

Jamás pensé en llegar a odiar a los profesores que me inculcaron el amor por las matemáticas, en este trágico rebrote del COVID, realizando sencillas ecuaciones descubro el irracional comportamiento de nuestros políticos y comunicadores, que nos arrastraron a esta situación de terapias con miles de muertos. Los principales hospitales de las grandes ciudades nos informan que tres de cuatro internados son portadores de las nuevas cepas del virus. Es decir, que con la única medida de impedir los viajes estivales al exterior sobrarían camas en el saturado sistema de salud y los casos positivos estarían alrededor de cinco mil en los peores días, probablemente con ese nivel de contagios -con un bicho menos agresivo-, la vida de los argentinos transcurriría con total normalidad.

Las vacaciones en paradisiacas playas extranjeras no reactivan la economía, todo lo contrario, dejan escapar divisas que necesitamos como el agua en el desierto para paliar el desastre económico que produjo la prolongada cuarentena. Entonces la pregunta cae de madura: ¿Por qué permitieron la partida de decena de miles de compatriotas a disfrutar de edenes foráneos, cuando ningún país serio del mundo tomó estas irresponsables medidas? La respuesta es tristemente sencilla: los poderosos presionaron a un gobierno débil que cedió ante el asedio para permitir semejante disparate sanitario. Increíblemente, la oposición que se queja absolutamente de todo, no abre su inmensa bocota criticando esta aberración, probablemente porque ellos mismos la propiciaron y aprovecharon, a solo nivel de muestra podemos nombrar a Rodríguez Larreta viajando en avión privado con su familia a Rio de Janeiro, epicentro de la transmisión de las variantes brasileras que espantan al mundo. También su vice Jefe de Gobierno envió a su hijo de viaje de egresados a Cancún, por supuesto el adolecente y sus compañeros volvieron infectados y jamás sabremos a cuantos compatriotas trasmitieron el virus.

Los medios tampoco critican la medida, las principales figuras y sus magnates dueños también veranearon en el exterior y aprovecharon para hacer turismo vacunatorio. Ellos la pasaron genial y están inmunizados, nosotros corremos el riesgo de morir en la sala de espera de algún nosocomio por falta de camas.

Nuestros patrióticos dirigentes e indignados comunicadores sostienen que el regreso al país por avión es absolutamente seguro y el gran problema sanitario son las extensas fronteras con los países vecinos que según ellos hace imposible un control sanitario, el  absurdo de  esta teoría es precisamente que las provincias limítrofes con Brasil y Paraguay son las de menor casos por millón de habitantes y no se detectan cepas foráneas haciendo prácticamente imposible el contagio creciente en las ciudades grandes por un desborde de casos en el NEA argentino.

Creo religiosamente en las informaciones de los medios hegemónicos, razón por la cual investigué con ahínco posibilidades por la cual el virus haya ingresado por vía terrestre fronteriza. Es bien conocido los gestos ampulosos y el subido tono de voz de nuestros hermanos brasileros cuando abusan del consumo de cerveza y caipiriña, es probable que tanta fuerza traspase nuestras provincias y caiga más allá de los mil kilómetros, infectando a ciudades como Córdoba, Buenos Aires y La Plata. Teoría irracional pero más creíble que la de las cepas no entraron por los aeropuertos.

La segunda posibilidad está referida a la milagrosa mandioca, es bien sabido el alto consumo de esta raíz en las provincias de Misiones y Formosa, a diferencia del resto del país, es lógico pensar que la ingesta de esta dicotiledónea impida las enfermedades producidas por las nuevas cepas, pero no la transmisión, motivo por el cual el virus transita nuestras provincias sin causar estragos para luego castigar al resto del país.

Sugiero a los científicos del CONICET el estudio que demuestre al mundo las propiedades milagrosas de la mandioca para derrotar al peor virus del último siglo, estas investigaciones traerían a nuestra nación riquezas suculentas y la segura obtención de otro premio Nobel. Declino cualquier tipo de reconocimiento científico por mi descubrimiento, pero no me ofendería si me otorgan la recompensa monetaria que distribuye la academia sueca. La gloria es pasajera y los euros no hacen a la felicidad, pero créanme que ayudan a conseguirla. ♣♣♣

#PA.