El huevo de la serpiente

El huevo de la serpiente

Por Quique Pérez

El comienzo de la guerra de Malvinas, el 2 de abril de 1982, marcó el principio del fin de la última dictadura que padecimos los argentinos, ese irracional conflicto bélico con Gran Bretaña junto al apoyo de la OTAN determinó la retirada definitiva de los gobiernos golpistas castrenses en estas tierras.

La mayoría de los ciudadanos nos ilusionamos con una nueva era de paz y prosperidad, pensamos equivocadamente que las Fuerzas Armadas en el gobierno eran la víbora que debíamos expulsar, nunca sospechamos que solamente fueron un vehículo para instalar y fortalecer los verdaderos monstruos que nos asolan hasta el presente, embrionarios en sus huevos, pero esperando romper el cascaron para adueñarse de nuestro futuro y nuestras riquezas.

El recordado Raúl Alfonsín pudo juzgar y encarcelar a los altos mandos dictatoriales, pero no logró desarmar la enmarañada red de intereses y poder de los civiles que alentaron y apoyaron el proceso de reorganización nacional, como llamaron ellos mismos a su engendro.

Los historiadores mundiales coinciden en resaltar que todos los conflictos tienen un fin económico y la dictadura de los 70 no es la excepción, era necesario instaurar un régimen de endeudamiento y fuga para poner de rodillas a una Argentina rebelde, que seguía empeñada en darle trabajo, educación y bienestar a su pueblo. Los militares vinieron a imponer una estructura económica con infinidad de pobres, gente caída del sistema, que permitan optimizar ganancias y lo consiguieron con creces.

Desde aquella década infame la miseria y el desempleo no dejaron de crecer, la movilidad social se volvió una utopía para dejar de ser una nación desarrollada y convertirnos en lo que desgraciadamente somos.

Para lograr ese logro, como diría el filósofo Mauricio, era menester alimentar los huevos de la serpiente, aunque ya no existiera su madre. El Poder Judicial, con leyes dictadas por gobiernos de facto, un sistema de contrabando consensuado para evadir impuestos, medios de comunicación beneficiados en los años de plomo con mucha impunidad para lavar la cabeza de la población y fuerzas políticas subordinadas a los intereses monopólicos y extranjerizantes, son claro ejemplo del éxito intacto de las políticas de la dictadura, que en lo que importa verdaderamente siguen hasta nuestros tiempos.

El huevo que todavía no se convirtió en víbora es quizás el más aterrador para Argentina, el viejo anhelo de potencias extranjeras y oligarquías locales de disolver el vasto territorio en una serie de republiquetas al estilo centroamericano o lo que se convirtió la ex Yugoslavia luego de la guerra de los Balcanes. Pero el monstruo yace expectante esperando ser rescatado de su letargo y el dirigente de Juntos por el Cambio Alfredo Cornejo lo intenta despertar con sus declaraciones separatistas. Si observamos detenidamente las reuniones periódicas de líderes de esa fuerza política con servicios de inteligencia extranjeros, déjenme pensar lo peor de esos conciliábulos desde mi irracional paranoia, no va a existir mejor momento para destruir el país que el post COVID y estos cipayos lo saben.  

Conmemoramos el NUNCA MÁS del cómo llegamos a la dictadura más atroz de nuestra historia, pero jamás castigamos a los beneficiados e instigadores de nuestra mayor tragedia, que inteligentemente dejaron plantados y protegidos los verdaderos HUEVOS DE LA SERPIENTE. ♣♣♣

#PA.