El chanchito picarón

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Por Quique Pérez

Que inmenso placer me provocan las fábulas y poder empezar esta columna con un “había una vez”.

Había una vez, un chanchito picaron que ocupaba todo su tiempo en mofarse del resto de los animales de la granja que debían trabajar y sacrificarse para ganarse su sustento. Así, molestaba a la gallina por tener que poner huevos. Como nos enseñaron los veganos en los últimos tiempos, el pobre animalito sufre teniendo en cuenta el tamaño del huevo y del cuerpo del ave es probable que así sea.

También la vaca, que debía soportar que la ordeñen a diario, era blanco de las burlas del chanchito. Lo mismo hacía con el resto de los habitantes de aquella granja.

Nuestro cerdito se sentía muy afortunado por comer el mejor maíz y no tener que trabajar para ganárselo, entonces ocupaba su tiempo en molestar a los demás, pero el principal blanco de su burla era el viejo buey, no solo por ser el que más trabajaba sino porque el chanchito presuponía que lo miraba con profunda envidia. En realidad, el buey, con su larga vida llena de experiencias, lo observaba con una profunda pena porque en definitiva cuando llegasen las fiestas de fin de año él seguiría con su esforzada vida de sacrificio pero el porcino terminaría su vida en el horno con una manzana en la boca.

Moraleja: A cada chancho le llega su San Martín. Repetí aquel dicho a lo largo de mi vida sin saber muy bien a qué se refería. Hace algunos años, un español me explicó que San Martín es un tipo de cuchillo para matar porcinos muy utilizado en su país. Si esto último no lo sabían, increíblemente aprendieron algo leyendo una columna mía, suceso casi milagroso.

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Desde 1930 los argentinos somos como el chanchito de la fábula, sistemáticamente nos engordan entre quince y veinte años y, no sé si casual o deliberadamente, nos llega nuestro San Martín y siempre coinciden con décadas impares.

En los años 30 derrocan a Hipólito Irigoyen, primer presidente electo en sufragios transparentes, a través de un golpe militar. En los años 50 le ocurrió lo mismo a Juan Domingo Perón. En los 70 el golpe de Estado contra el gobierno de Isabel Perón dio paso a la más sangrienta y trágica dictadura sufrida en el país. El 8 de julio de 1989, Raúl Alfonsín se ve obligado a entregar el mando, esta vez no por un golpe militar sino económico dando paso a la década menemista. Luego vinieron las políticas neoliberales de Carlos Menem y el endeudamiento de Fernando De La Rúa. Quince años después, el país vuelve a endeudarse de la mano de Mauricio Macri.

Los episodios descriptos tuvieron varias cosas en común, pero la más destacable es una política de endeudamiento, de pérdida de derechos y capacidad económica de los sectores populares. Junto con ello una monumental fuga de divisas y un deterioro en la educación, la salud, la ciencia y todo aquello que nos permitió en algún momento ser una potencia social a nivel mundial y de manera irracional los beneficiados de estas cuatro experiencias fueron los mismos grupos económicos concentrados resumidos en muy pocas familias y entidades financieras de nuestro bendito país.

Otra de las coincidencias en todos estos procesos fue la estigmatización de los mandatarios derrocados siendo tildados de corruptos y presentándonos a los nuevos presidentes como los campeones de la moralidad y la decencia enterándonos luego que la cosa era exactamente al revés.

Superar esta situación que hoy nos toca vivir con la deuda externa más impresionante de toda nuestra historia y todo el tejido social destruido va a ser un desafío titánico, pero creo que como en otras oportunidades podremos salir adelante, como lo hacía aquel viejo buey, con mucho trabajo y sufrimiento. Espero que en el 2030, cuando después de tanto sacrificio y el chanchito vuelva a engordar no aparezcan nuevos salvadores que con bailes y globitos de colores nos convenzan de volver a sacrificarlo.

La gran duda fue y será si esto que nos pasa periódicamente son groseros errores económicos o está todo planificado para beneficiar a unos pocos. Realmente no me considero con la capacidad de juzgar intensiones ajenas, apenas si puedo distinguir las mías, pero irracionalmente considero que las matemáticas nos pueden ayudar, dado que los cinco procesos fueron exactamente iguales y utilizando la ley de probabilidades que nos dice en su experimento más sencillo: si lanzamos una moneda al aire cinco veces las probabilidades que caigan de un mismo lado son de 3,12%”, esto me permite demostrar matemáticamente que existe un 3% de probabilidades que hayan sido fracasos económicos y un 97% que sean saqueos exitosos.   ♣♣♣

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One thought on “El chanchito picarón

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