A la pirinola

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Por Quique Pérez

En aquellos lejanos días de infancia mis mayores utilizaban la frase que da titulo a la columna para expresar sorpresa. La pirinola es un trompo de seis caras con inscripciones en cada una de ellas, por lo general se jugaba por dinero y supongo que el asombro sobrevenía a dos de sus lados más extremos que rezaban “toma todo y todos ponen”.

Desde antes de convertirnos en Nación, nuestro sufrido territorio juega permanentemente una eterna e imaginaria partida de pirinola entre una mínima porción de la población acaudalada, también denominada oligarquía, y el resto de los mortales, también conocido como ciudadanía. Las tierras ganadas en la gesta independentista y mediante el genocidio de los pueblos originarios se financiaron con fondos del pueblo, la suerte dictaminó que “todos ponen”, pero los territorios se repartieron entre unos pocos. Qué se le va a hacer, la pirinola determinó que algunos afortunados “tomen todo”.

Ya libres necesitábamos infraestructura, con fondos públicos construimos caminos, redes eléctricas, diques, empresas petroleras, telecomunicaciones, distribuidoras de gas, agua potable “todos pusimos”. Cuando estaba construido y pagado se regaló a precios viles para que unos poquitos usufructúen las ganancias excesivas, “tomaron todo”.

***

Para describir la inmensidad de casos que nos tocó perder como sociedad una columna no alcanza, necesitaría escribir una enciclopedia, pero debido a mi ignorancia recomiendo leer a Jauretche, José María Rosa o al más contemporáneo Felipe Pigna, que describirán infinitamente mejor el saqueo permanente al que fuimos condenados.

Aprovechando la sangrienta dictadura de la década del setenta, se perfeccionó una siniestra metodología que permite que algunos siempre “tomen todo”, manteniéndose hasta nuestros días, con las consecuencias de una impagable deuda externa, desigualdad, desocupación y miseria, “todos ponemos”. El juego es sencillo, un dólar artificialmente bajo permite la fuga de la moneda extranjera, como no la poseemos naturalmente el Estado la pide a organismos y fondos internacionales.

Para poder seguir funcionando sin financiación, los grupos hegemónicos solicitan que gobierno los rescate asumiendo sus pasivos, mientras sus cuentas en paraísos fiscales crecen proporcionalmente a nuestro endeudamiento destruyendo todo el aparato productivo nacional.

Las responsabilidades son diferentes, pero terminan siendo la cara de la misma moneda, gobiernos como los de Videla, Menen y Macri nos endeudaron. Pero desgraciadamente sucesores como Alfonsín, Duhalde y los K terminaron reconociendo, legitimando y finalmente pagando con sacrificio todas las deudas, en la mayoría de los casos, fraudulentamente adquiridas.

En los tiempos trágicos del coronavirus los argentinos estamos enfrascados en una discusión interminable por el futuro de la agroexportadora Vicentín, ejemplo perfecto de los mecanismos antes expuestos. Es absolutamente lógico escuchar a los grandes medios defender a la empresa, porque ellos mismos fueron parte de estos saqueos quedándose con bienes construidos entre todos y beneficiándose con pesificaciones de sus pasivos en moneda extranjera.

Vicentín es un nombre simpático y uno lo relaciona con un almacén barrial, pero el grupo hizo uso y abuso de las ventajas ilegales antes descriptas. Cavallo les regaló tierras fiscales y estatizó deudas en los 70, también les obsequió un puerto en los 90, Duhalde les pesificó deudas astronómicas, se les han descubierto varias fugas de capital increíblemente perdonadas y en los últimos cuatro años obtuvieron el mayor crédito en la historia de nuestro país sin las condiciones financieras para devolverlos.

Todos estos beneficios son financieros y la plata va y viene, lo que no tiene retorno es la vida de una veintena de delegados desaparecidos en la última dictadura, con esa espeluznante metodología de confundir convenientemente dirigentes sindicales con terroristas, liberándole el terreno a las grandes empresas de molestos luchadores sociales que impedían quitarle derechos a los trabajadores. Mi eterno homenaje al mas empinado de estos sindicalistas, el Gato Oscar Smith, secretario general de Luz y Fuerza, desaparecido y torturado por su militancia gremial insobornable.

Quiero y necesito creer que esta vez será distinto, que por una vez los fondos que todos aportamos con nuestros impuestos no terminen en los bolsillos de unos pocos. No tengo en claro si estatizando Vicentín o sencillamente obligándolos a devolver lo que deben, haciendo con su empresa lo que mas les convenga, pero sin asumir sus pasivos para que ellos u otros grupos repartan sus beneficios. Una solución lógica seria que todos los que manifiestan ser Vicentín donen el capital necesario para devolver el mega crédito que le otorgo el Banco Nación. Desgraciadamente no será la única ni la última que estas megaempresas que pasen por las mismas agonías.

Es fundamental para la moribunda economía que nos dejará el maléfico COVID-19 utilizar las arcas del Estado para rescatar a los individuos y pequeñas empresas, de ninguna manera socorrer a magnates con fortunas en bancos panameños o de otros paraísos fiscales. Ante una emergencia terminal e inusitada, que Argentina nunca más caiga del lado “todos ponen” para que los mismos de siempre “tomen todo” y dentro de unos años con una nueva estafa consumada tengamos que manifestar tristemente sorprendidos “A LA PIRINOLA”.   ♣♣♣

#PA.

Domingo 28 de junio de 2020.
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