Chile sangriento

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Por Florencia Guerrero

La República a la medida de Piñera


Sin apoyo social, el presidente chileno Sebastián Piñera mantiene el equilibrio gracias a la fuerza Carabinera. De disparar en los ojos de manifestantes, a tirarlos por un puente. El silencio oficial y un reclamo que crece y cumple un año, a tres semanas de lo que podría ser una trompada electoral.

La imagen dio vuelta el globo, en ella un adolescente de 16 años que acompañaba una de las masivas protestas realizadas en la tarde del viernes en la zona céntrica de Plaza Baquedano (rebautizada como Plaza de la Dignidad) , en Santiago, es arrojado desde un puente por un malón de Carabineros, mientras intentaban dispersar a la multitud que desde el año pasado sale a las calles chilenas para denunciar la violencia institucional y política, además de las profundas desigualdades económicas que el gobierno de Sebastián Piñera no ha hecho más que profundizar. A pocos días de un referéndum que le quita la paz, al que fue obligado por la ciudadanía en esas mismas calles, el Ejecutivo del país vecino parece encaminar su mensaje de violencia hacia el disciplinamiento que ya lo ha hecho internacionalmente público, con los centenares de manifestantes a los que mandó a disparar en un ojo.

“Uno de nuestros Carabineros trató de detener al joven, este perdió el equilibrio y cayó”, fue la explicación oficial que el general Enrique Monras lanzó a la prensa local, siempre presta a repetir las versiones oficiales. Pero por suerte, a falta de periodismo, la tecnología colabora para que los añosos mecanismos represivos que perduran desde el pinochetismo, queden al descubierto: Los videos muestran claramente cuando un gran número de manifestantes cruzaba el puente Pío Nono y un agente de la policía militarizada empuja a Antony Araya, quien cae seis metros hasta las aguas.

A partir de las pruebas visuales, que fueron apareciendo en las redes desde usuarios ficticios —básicamente por la multiplicación de denuncias sobre persecución y muerte de opositores—, ayer se formalizó la denuncia en la Fiscalía Centro Norte de Santiago, por el delito de “homicidio frustrado”(una figura que en Argentina es la equivalente a “Intento de homicidio”).

Una vez más, los registros dejaron en evidencia el plan criminal que los funcionarios chilenos y el director de la fuerza trataban de tapar. La violencia y la represión de las manifestaciones no comenzaron ayer, tampoco durante el estallido social de octubre del año pasado, para un país donde todavía está fresca la acuarela de los cuerpos sin vida que aparecieron flotando en el río luego del golpe de Estado de 1973.

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Un presidente al que le incomoda la democracia

Miguel Juan Sebastián Piñera Echenique es, antes que presidente en segundo mandato, uno de los principales millonarios de su país. Su padre, un embajador socialdemócrata que en su juventud participo en el nacimiento de Falange Nacional —una organización que abrazaba con pasión la ideología del fascismo español—, y que luego mutó al Liberalismo democrático, en el que su hijo ha sabido abrevar.

Tal vez por eso, Piñera hijo se empeñe en imponer a cualquier precio una política de desigualdad que en los hechos, lo ha llevado a caer estrepitosamente en las encuestas, en las que desde el inicio de las revueltas sociales del año pasado, se lo ve con solo un 14 por ciento de aprobación. Así que, muy resuelto a sostenerse, ha usado sin pudor de la fuerza Carabinera para mantener un gobierno que, en los hechos, no cuenta que el apoyo popular. Y este 25 de octubre, sabe, quedará claro.

Es que en menos de tres semanas, Chile dirá sí a uno de los reclamos de la calle: El cambio radical de su carta magna, aprobada en 1980 en pleno gobierno militar de Augusto Pinochet. Eso le reclamó la calle a Piñera el año pasado, y en plena crisis social el presidente —sin poder real—, ya no pudo decir que no. Pero tanta es su furia por el “avance” del electorado, que este año con la escusa del Coronavirus, suspendió la fecha (que inicialmente era en agosto) y amenazó con hacerla en versión “remoto”, lo cual fue rechazado por la multitud de partidos opositores a su gestión.

Y si la gente ya no lo acompaña, el insano equilibrio está por la fuerza, mientras ésta dure. Por eso la exacerbación de la violencia institucional, descarada, que ayer le valió el repudio de propios y ajenos: “Hay cosas que superan las posiciones políticas, y lo que pasó con este niño debe ser condenado“, aseguró la diputada Ximena Ossandón, del partido centroderechista, Renovación Nacional, mientras que desde la oposición se exigió la inmediata salida del general director de Carabineros, Mario Rozas —que ya el año pasado prometió que ningún efectivo sería dado de baja, hiciera lo que fuere—, y hasta se amenaza con que no se aprobarán recursos para la policía uniformada en el presupuesto del año próximo, mientras no se aclare lo ocurrido.

La falta de equilibrio político de Piñera es tal, que ningún funcionario de gobierno salió a explicar el “incidente”, hasta ayer a la noche, en que desde La Moneda salió un comunicado pidiendo “paz”, pero sin señalar las responsabilidades institucionales. ¿Quién controla a la fuerza? ¿Y a Chile, quién la gobierna?

En paralelo, ayer por la tarde, la Defensoría de la Niñez presentó una querella contra el funcionario que empujó al chico. Patricia Muñoz, la encargada del ente, explicó que la querella es “por el delito de homicidio, lo que, desde nuestra perspectiva, ha quedado de manifiesto en las imágenes que hemos ido recibiendo” y el director del Instituto Nacional de Derechos Humanos, Sergio Micco, solicitó a Carabineros para que entregue todos los antecedentes, visitó al menor, que se encuentra internado en la Clínica Santa María, y pidió las cámaras de seguridad de la zona y las que tienen los efectivos en sus uniformes. Nada de eso fue entregado aún.

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El plan es más violencia

En un contexto en el que Piñera le sacó al bozal a su brazo armado, lo cual redunda en cada vez más violencia en la represión a las movilizaciones, las novedades no son alentadoras, porque el Gobierno chileno adquirió nueva maquinaria para Carabineros. En plena crisis económica, compró carros hidrantes y lanza gas, por un costo superior a los ocho millones de dólares

En apariencia, sin las Fuerzas Armadas, que dijeron públicamente que ellas no estaban en guerra con la ciudadanía, parece que para Piñera los Carabineros son la opción de sustento, en un país donde la desigualdad es naturalizada a limites exasperantes, y los Derechos Humanos son patrimonio de la memoria de los ciudadanos y no de sus gobernantes.

Este mes se cumple un año de aquellas primeras movilizaciones históricas en el país vecino. Esas en las que el pueblo chileno, con la pulsión de los y las más jóvenes dijo “basta” y salió a reclamar, esas en las que fueron reprimidos y a contramano de lo que ocurrió otras veces allí y en otros países Latinoamericanos, volvieron incansables a las calles. Lloraron a sus muertos y a sus heridos, pero en el asfalto. Una y otra vez. Por eso también, es el mes en que tendrán la posibilidad de cambiar, algo, parte, de su propia base constitucional, manchada por el golpe de estado que todavía los convoca. Piñera lo sabe, también sus sabuesos, por eso tanta furia. ♣♣♣

#PA.

Domingo 4 de octubre de 2020.
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