Stinfale, el abogado de D10S

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Por Florencia Guerrero

Si alguien supo aparentar, ese fue Nicolás Maquiavelo, que allá por el Siglo XVI escribió: “Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”. Todo indica que el abogado Víctor Stinfale sigue el consejo al pie de la letra. Primero, dejando correr la fama de “saca presos”, después reconstruyéndose como un hombre de negocios, también ocultándose por varios años a las sombras de las polémicas que enfrentó como representante legal de algunos convictos cuestionables y por el efecto tsunami de los muertos en la fiesta electrónica Time Worp, en las que la Justicia investigó su participación como organizador. Por último, esta semana, fiel a la máxima, decidió desempolvar el traje y posar para las fotos en las que apareció un viejo cliente, su máxima inversión: Diego Armando Maradona.

Porque aunque en los escándalos familiares el que salga a poner la cara y las diatribas mediáticas sea su socio, Matías Morla, el verdadero cerebro de la organización de D10S es Víctor, un polémico letrado cuya primera causa mediática fue defendiendo al asaltante de camiones blindados Luis “el Gordo” Valor. Sin ponerse colorado, Stinfale cuenta que para llegar a aquel gran caso ─que lo invitó a protagonizar muchas horas de programas de tv─, antes tuvo que defender a centenares de “perejiles”, porque un buen abogado penalista ─según él mismo ha dicho─ debe ascender por la cadena alimentaria: “de los más chicos a los más grandes”. Y no se equivocó, porque luego llegarían las defensas de Monzer Al Kassar, el fallecido barrabrava de Boca José Barritta y la propia Moria Casán en el escándalo que la mantuvo presa en Paraguay.

Inquieto, fue casi panelista en los programas memorables de Mauro Viale en los 90, mientras construía un emporio con beats y loops como música de fondo, aunque siempre estuvo cerca del deporte. En su juventud supo ser una promesa en la B defendiendo los colores de Chicago, años después le diría a esta cronista: “dejé los botines porque no me daba plata, yo era medio pelo”.

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Morla, el heredero

“Le pasé la mayor parte de mis demandas a Matías Morla ─contó Stinfale hace un tiempo─, no quiero desgastarme tanto, pero los clientes saben que las causas las manejo yo”. Todo el que frecuente Tribunales sabe que el joven conoció Hermes y Armani gracias a su mentor. Stinfale suele ufanarse por eso. Es que para él, el aspecto es trascendental: sabe por protocolo los colores con los que debe vestir un presidente y lo respeta al pie de la letra. No sólo hay que ser, sino parecer.

Después llegarían la explotación y fabricación de bebidas como Speed y el champán Renaissance, y en todos los casos su tesitura es la misma: la competencia es a cara de perro. Fanático del gurú Jack Trout, sigue al pie de la letra sus consejos: “Ser el primero es preferible a ser el mejor. El primero es quien entra más fácil en la mente del público y consigue convencer a alguien, aunque el segundo tenga un producto mejor”. Por eso, como buen oriundo de Ramos Mejía, compite aplicando las leyes del barrio, por eso al entrar en su oficina la alfombra para limpiar los zapatos del visitante es un felpudo de RedBull, el energizante de la competencia. “En los boliches que él ha manejado no entran otras marcas”. No es poco si se piensa que se le llegó a adjudicar la propiedad de Palacio Alsina, el noventoso Pachá y los populares Ku de Pinamar y Pueblo Límite de Villa Gesell.

Hay más: el abogado también fue vinculado como parte de la organización de Creamfields y Moonpark las dos fiestas electrónicas más importantes del segmento. También el fiscal Federico Delgado lo investigó como parte de la organización de la fiesta Time Warp que en 2016 dejó cinco víctimas mortales por consumo de drogas, también a Martin Gontad, dueño de la productora 2Net, que representa DJ locales y tiene exclusividad en el país sobre varios pesos pesados como David Guetta. Después de una denuncia de Stifale, Delgado fue apartado de la causa que duerme el sueño de los justos.

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La dupla imbatible

Lo odian Claudia y “las nenas”, lo aman los hijos reconocidos en la adultez del futbolista. Todos saben que Stinfale es además el primer personaje, fuera del círculo familiar maradoniano, que ocupa un lugar de influencia en las decisiones del futbolista por tanto tiempo. Antes sólo lo intentaron Guillermo Coppola y Alejandro Mancuso, y así les fue: A Coppola lo demandaron por mal manejo del dinero de su ex representado, en una causa que luego fue levantada por el mismo Maradona. A Mancuso por supuesta estafa por el uso de su imagen en China. No hay límites para la vendetta si Diego está enojado y el abogado es Víctor.

Ahora, que viste trajes importados, recuerda para los que quieran escucharlo que alguna vez en su juventud intentó dedicarse a la apicultura, pero no funcionó. Entonces, pensando qué estudiar que le resultara sencillo, se le ocurrió el derecho penal y de allí juntó sus dos pasiones el deporte y la Ley.

Hace unos años, ese fervor lo llevó a descubrir a Deportivo Riestra, cuyos colores eran idénticos a los de su energizante, y cantó ¡Bingo! Ni lerdo ni perezoso, el abogado llamó y ofreció reubicar los estandartes del club en lo más alto del tablero de posiciones, a cambio, tenían que sacar toda la publicidad de marcas chicas. Desde ese día sólo se vería el logo de Speed. También les llevó a Maradona como “asesor espiritual” del equipo, y cuando fue a ver ganar al equipo, lo pasearon en andas. “Diego es el uno. Muchos dicen que el Papa es un número uno, pero no muchos recuerdan los nombres de los últimos cinco papas. A Maradona eso no le pasa porque siempre será el uno en todo el mundo”, dice el abogado.

Son años acompañando al diez, a quien recibió allá lejos y hace tiempo, cuando el astro volvió de Cuba luego de una larga internación: “No le quedaba nada”. En ese recuerdo se basa la amistad que hoy el abogado y deportista esgrimen. No es secreto de Estado: la foto de esta semana junto al presidente Alberto Fernández fue un pedido de Diego, motorizado por el propio Stinfale que se jacta de ser uno de los pocos del círculo rojo maradoniano que no usa intermediarios para hablar con él, por eso también posó para la foto antes de entrar a La Rosada y hasta lo ayudó a bajar de la camioneta. Maradona se movía con dificultad.

Pero su vuelta al ruedo no es antojadiza: este año recibió otra buena noticia, por la que la justicia lo absolvió de una causa por entorpecimiento de la causa AMIA. Ya en 2006 había sido sancionado con la suspensión de su matrícula por un año junto a otros tres colegas que también actuaron en el caso. El Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal lo inhabilitó en base a las denuncias que había formulado el Tribunal Oral Federal 3: lo acusaron de gestionar el pago de 400 mil dólares (de los cuales, según la denuncia, habría cobrado 20 mil) a su representado Carlos Telleldín para que se autoincriminara.

Pasó tiempo en las sombras, pero parece que volvió el tiempo de mirar de frente a los flashes. Stinfale es un tiempista y conoce cuándo sonreír. Como ayer, mientras recorría el ingreso antes de encontrarse con el hombre más importante del país, aunque ya sepa sobre lidiar con el éxito, después de todo hace años es el cerebro detrás del diez.   ♣♣♣

#PA.

Sábado 28 de diciembre de 2019.
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