Se van, pero: ¿Qué nos deja Macri?

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Por Florencia Guerrero


Muy linda la mudanza, pero se llevan los cuadros y nos dejan la deuda. Se llevan la alegría y nos dejan casi tres millones de pobres. Se llevan miles de Pymes y nos dejan la inflación y un relato que no se sostiene si uno ve las cifras.

Esta semana una imagen dio vuelta por las redes, y a fuerza de la viralización desembarcó en los portales: un camión de mudanza cargando bártulos en la quita residencial de Olivos. De allí a las especulaciones sobre lo que se va de lo que funcionó estos cuatro años como vivienda presidencial, bastó un segundo.

Hace dos meses, Juliana Awada comenzó un rastrillaje en Martínez, porque la premisa fue clara “Mauricio no quiere vivir en Capital”. Aunque visitó varias inmobiliarias y recorrió cinco casonas en esas zonas del norte Bonaerense, aun no encontró el nidito de amor para la familia del presidente saliente, por eso todo lo que cargaron en el camión este viernes irá a un depósito. Hasta que la casa aparezca, la pareja y su hija habitarán en Los Abrojos.

Atenta a los detalles, la primera dama pidió a los empleados de la mudancera especial cuidado con las pinturas que hace cuatro años trajeron del viejo departamento de Libertador y Cavia del que el presidente se desprendió hace pocos meses. El más apreciado por el presidente, un Hoffman en tonos púrpura titulado Escalera al infierno –comentarios al margen– que supo hacer las delicias en el living principal de la residencia y cuyo valor hace que sea aun más importante para la familia.

¿Qué quedará después de que suban todo al camión? Esa es otra historia.

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El relato M

Empezaba noviembre y con los resultados electorales hablando de una gran derrota, Marcos Peña activó el “operativo explicación”. Entonces comenzó a circular un polémico documento en el que se justificaron las medidas económicas y políticas del gobierno de Cambiemos. En el texto intentaron desarrollar ocho puntos de la economía destacando “logros”, “esfuerzos” y el trabajo para “revertir la pesada herencia” que en cuatro años fue el eje discursivo del modelo macrista.

“Es cierto que en 2019 hay problemas, y no pudimos cumplir las mejoras de bienestar que todos anhelamos, la inflación sigue alta, pero creamos 1.250.00 puestos de trabajo”, explicaba el documento a unos días de conocerse que solo en septiembre 22.700 personas quedaron en la calle, y el empleo de calidad –ergo en blanco– está en su peor nivel en los últimos siete años. Muchos de estos vinculados a la crisis insoportable en el sector Pyme en el que 22.422 empresas bajaron la persiana según un relevamiento del CEPA.

Sobre la inflación también hay cosas para decir: según los propios índices oficiales, una familia tipo necesitó en octubre $35.600 para no ser pobre, eso sin incluir en el cálculo ítems como alquiler, que en 2019 habría aumentado hasta un 70%, un gasto que insume el 50% del ingreso promedio para las familias argentinas, según el IPC.

Hemos llegado a la instancia en la que desde Cáritas Argentina se muestra sorprendida porque cada vez más, la vieja clase media se acerca a las dependencias religiosas a pedir ayuda para comer. Aunque a pesar de estos datos, a pesar de que la UCA señale con preocupación que el macrismo deja una pobreza del 38% –unos 2.650.000 nuevos pobres dirá el INDEC–, Marcos Peña tiró la frase del estribo esta semana: “Dejamos la vara muy alta”. Border entre cinismo y cinismo –cada uno elija de qué lado lo pone–, el jefe de Gabinete que todavía no arrancó con la mudanza parece decidido a imponer la ceguera ante los datos, que representan personas, pero en el campo de lo discursivo parecen no interesar tanto.

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¿Qué pretende usted de mí?

“Vístanme despacio, que estoy apurado”, dicen que afirmó una vez Napoleón Bonaparte, a veces para que las cosas salgan bien hay que tomarse el tiempo, y eso debe haber craneado el circulo rojo de Cambiemos que dejó para el final una lista de aumentos que arrancan hoy mismo con la suba de las naftas –un 5% que suma 45% en lo que va del año–, pero que no es único.

Fin de año llega con regalitos para todes: solo en la última quincena de noviembre las cadenas de supermercados remarcaron las góndolas entre un 15 y 25%. Para los analistas privados, la carne sufrirá un nuevo incremento antes del brindis navideño, que alcanzaría el 5% y sumaría un 50% anual. Es que en el país de la energía dolarizada, comer también es un privilegio.

¿Y la salud? Tampoco escatimaron nada en este rubro: las prepagas vuelven a subir el 1 de diciembre un 12% y ya suman ocho aumentos en 2019 –5% en febrero, 7,5% en mayo, tres incrementos del 17,5% en julio, agosto y septiembre, 4% en octubre, 4% en noviembre y 12% desde diciembre– lo que da el hermoso número de 60,6% en los 12 meses de despedida macrista. Pero “¿a quién le importa, si los hospitales públicos están como quieren, no faltan insumos y todo aquel que necesite encuentra cama?” Dijo nadie nuca.

¿Pensará el presidente en todo esto, o realmente está más preocupado por encontrar casa para su próxima vida? ¿Habrá un lugar de intimidad en el que el mandatario recuerde las caras de todos los excluidos con los que se vio estos meses de gira de campaña? A Marcos Peña Braun no le vamos a pedir tanto, que siga hablando de la “sobreconfianza” del gobierno saliente.

Mientras Alberto Fernández sigue hablando de generar millones de puestos de trabajo y hace equilibrio con los cambios políticos en la región, Macri nos deja en 11 días y a juzgar por las imágenes de despedida, el país se queda con lo que no le entró en las cajas de mudanza: No hay arte en el balance, ese se lo lleva para adornar su nuevo hábitat. Para nosotros, los que quedamos en el llano se viene un 2020 complejo, con el pago de una deuda millonaria cuyos dólares no veremos pasar ni por la esquina porque se han fugado –fugāre en latín ¿del verbo escapar?– a otras latitudes más calmas para sus nuevos dueños, los millonarios de siempre.   ♣♣♣

#PA.

Domingo 1 de diciembre de 2019.
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