Rosario, narcos, sicarios y el Estado invisible

 -  -  2

Por Florencia Guerrero


Con 17 muertos en 15 días, Rosario confirmó el temor largamente acunado: el territorio sufre una crisis de inseguridad con la huella narco y la añosa inacción del Estado. El pedido de Perotti para sumar gendarmes y restar policías y una interna policial que amenaza con abrir una batalla campal en las calles. La prensa amenazada por anticipar algo que la política no quiso ver.

No empezó en 2020, pero a juzgar por las cifras, la zona caliente en la que se convirtió la urbe rosarina amenaza con extenderse. Los 17 asesinatos en menos de 14 días son el testimonio de que el peor temor social, va tomando color y forma de una escalada narco sin precedentes.

Sicarios, jefes que marcan la cancha desde la cárcel y una interna policial que lleva años comiendo del plato del delito, son las piezas que conforman un rompecabezas que aparentemente le estalló en la cara a los porteños hace una semana, con el atentado al casino City en el que murió una persona y hubo varios heridos, una historia que para los locales se volvió “normal” desde 2013.

Según el informe policial, todo apunta a la trama narco: los métodos utilizados para matar, los sicarios como protagonista del territorio y la brutalidad de ciertos casos. Se sospecha que casi el 70% de los asesinatos denunciados fueron por la misma razón, una vieja disputa entre dos clanes por retener y acrecentar su poder, lo que la Justicia intenta determinar tras el ataque al casino. Además, hay enfrentamientos entre las segundas y terceras líneas de las principales bandas. A nadie escapa que tras la detención de sus cabecillas, la banda de Los Monos perdió peso. 

“Perder zonas significa perder más dinero”, explica el periodista Germán de los Santos, en el libro Los Monos, un compendio sobre la construcción vertiginosa de la banda que desde la detención de Ariel “Guille” Cantero, funciona a control remoto desde el pabellón de Marcos Paz. Incluso hay escuchas que lo implican pidiendo novedades al único detenido, Maximiliano “Cachete” Díaz sobre el “laburo pendiente”. Pero con el ataque al City, se encendió otra alarma porque nunca hasta ahora los atentados fueron en sitios de esparcimiento. Si bien las balaceras en casas de jueces y periodistas o en dependencias judiciales se volvieron normales, este ataque sienta un precedente peligroso. 

Otro ingrediente, para nada menor, es el que el gobernador Omar Perotti presiente como más certero: tras 12 años de gestión socialista, el actual gobierno inició una purga que dejó a más de 30 jefes y altos mandos fuera de la fuerza policial, varios involucrados en causas vinculadas al narcotráfico en la provincia. “Sabíamos que una decisión de esta magnitud podía despertar cierto tipo de respuestas, pero no vamos a admitir acciones de este tipo”, explica un asesor de la gobernación que el jueves participó del encuentro en Casa Rosada, donde la ministra de Seguridad Sabina Frederic garantizó “el aparato necesario” para alcanzar el control de las calles.

***

Del mito a los datos

¿Pero es el incremento de un ejército de gendarmes y federales, la manera de solucionar la violencia narco que hoy reina en la periferia rosarina? Veamos, las fuerzas de seguridad funcionan en la zona desde 2014, en seis años, cinco veces el gobierno nacional hizo desembarcar nutridos grupos de gendarmes, y la provincia tiene una “planta permanente” de unos 2000, algo que tristemente no ha logrado terminar con la crisis de violencia. Las bandas crecen a un ritmo alarmante, a la luz de la desigualdad. 

“Lo realmente peligroso es que la violencia está naturalizada en las calles, además del dato de que Rosario se encuentra fragmentada: En el centro y en la Costa del Paraná no parecen haber motivos de preocupación por la violencia de este tipo, que sí se vive como cotidiano en las zonas más pobres”, explica de los Santos. 

Para entender el mapa de conflicto, hay que ponerle nombre: las dos bandas principales que operan en la región son los hipernombrados Monos y el clan Alvarado, ambas tendrían vínculos directos con los altos jefes policiales que, hasta la depuración de la fuerza, formaban parte de las organizaciones delictivas. En el juicio por asociación ilícita contra Los Monos fueron condenados nueve policías, dato no menor si se piensa en que hubo incluso jefes de Drogas Peligrosas imputados. En el caso de Alvarado hay cinco altos jefes policiales que también eran miembros de la organización. ¿Porqué la limpieza en una fuerza con tantos cómplices demoró tantos años?

El resultado no es menor, la tasa de homicidios en Argentina –de acuerdo con el último relevamiento del Sistema Nacional de Información Criminal del Ministerio de Seguridad–, que toma los casos de 2018, es de 5,3 crímenes cada 100 mil habitantes. Pero el Gran Rosario ya en 2013, terminó con una tasa que triplicaba la media nacional con 22,5 homicidios cada 100 mil habitantes contra los 7,3 que se alcanzó en todo el país. Ese registro fue moderándose en la Unidad Regional II hasta alcanzar en 2019 los 13,2. “De nada sirven los gendarmes sin decisión política. El socialismo gobernó sin meterse en este conflicto, decían que era u problema de competencia federal y cuando se detuvo al ex jefe policial Tognoli, salieron a decir que era una operación del Gobierno nacional. Son la gataflora y también son los responsables de esta olla a presión”, disparó Marcelo Sain, ministro de seguridad de Perotti, al salir de la reunión con su par nacional.

Aunque se tapara por años, Rosario se ha convertido en el olimpo narco y la solución no será sencilla. En su análisis, Sain insistió en ver los últimos ataques más por la búsqueda de expansión territorial y venganzas. “El ataque al casino el sábado a la noche, cuando estaba repleto de gente, fue para generar conmoción. fue terrorismo urbano”, sintetizó el encargado de revertir una situación que amenaza con el estallido inminente.

En todos los casos, los sicarios son de la misma zona a la que pertenecen las bandas, a los márgenes de la ciudad donde desde hace varias generaciones, y sin intervención del Estado, se solidificó y robusteció un modelo cultural en el que los chicos de las barriadas aspiran a ser el que se suba al auto del jefe de turno con una 9 milímetros en la cintura. Una escuela de narcos y sicarios descontrolada que urge desmantelar, con la fuerza represiva pero, además, con oportunidades y un trabajo social que solo puede partir del Estado.    ♣♣♣

#PA.

Domingo 19 de enero de 2020.
2 recommended
comments icon 0 comments

Write a comment...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *