¿Para cuándo la pobreza Cero?

¿Para cuándo la pobreza Cero?

Por Florencia Guerrero


Fue la promesa incumplida del macrismo, que el albertismo no continuó, pero parece imperante. Las malas nuevas del Indec, los medios como tamiz de la incertidumbre y un scanner en las barriadas, donde a los pibes les duele la panza por hambre.

Son las 12 del mediodía y en el noticiero cuentan que Alberto Fernández se puso la Sputnik V. Sonríe el presidente, disimulando el pinchazo que duele, porque ciertamente a nadie le gusta que lo pinchen. Cambian la música y aparece un paño que ilustra la información que sigue: la Justicia investiga si la firma en un documento que manipuló Leopoldo Luque, es de Maradona; en las imágenes se lo ve al Diez, riendo con sus hijos y caminando por una cancha. En este punto está claro que la tensión va en aumento. Tal vez el pico de la incomodidad sea con la polémica instalada entre Ciudad y Nación por la vuelta a clases, la periodista detalla ambas posiciones mientras se ven por separado planos de Soledad Acuña y Nicolás Trotta.

Es un día más, para las noticias, que inyectadas como somníferos, se mueven en la cadencia entre la crisis y lo bizarro, paseándonos de un estado a otro. 

Pero hoy —que no es hoy sino el jueves pasado— no es un día más en este primer mes de enero en el que por primera vez en 2021, el INDEC informó la situación de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que cerró el año pasado con un diciembre difícil, en el que se registró un aumento del 5,1%.

Para ser claros, un grupo familiar integrado por dos adultos y dos niños necesitó registrar un promedio de $ 22.680,97 de ingresos para no caer en situación de indigencia. De ese modo, a lo largo del año que dejamos atrás, la canasta tuvo una suba acumulada de 45,5%, deprimiendo los salarios que, en plena pandemia, sufrieron con suerte variaciones paritarias leves.

Otro dato que pegó fuerte al interior del Gobierno —que va por el primer año de mandato y no encontró ninguna vacuna—, es que el costo de la Canasta Básica Total (CBT), que además de alimentos comprende ítems como indumentaria y transporte, marcó un incrementó 4,7 % en diciembre, lo cual se tradujo en que el mismo grupo familiar del que venimos hablando, necesitó contar con ingresos por $54.207,53 para no caer debajo de la línea de la pobreza, mientras que el acumulado del año cerró con un aumento de 39,1%.

La segunda de las canastas parece más abultada, lo cual se explica principalmente en que las tarifas de los servicios públicos y el transporte se miden en la Canasta Básica Total y desde principio del año pasado fueron congelados, mientras en la Canasta Alimentaria el rubro comida es preponderante y fue uno de los que más subió en los últimos meses, empujado por una inflación minorista fue del 36,1 %, con un alza del 42,1% en Alimentos y bebidas. Para el Gobierno, según confirmó una alta fuente de Desarrollo Social a #PuenteAereoel panorama podría haber sido peor, sin los acuerdos de precios y la política de fijar “precios máximos” en algunos productos.

Rápido de reflejos, con los números en la mano, el presidente Fernández mando al ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, a apagar el fuego con la tarjeta Alimentar, que ayer se confirmó subirá un 50% el saldo, para compensar el aumento de precios.

Las Alimentar se entregan a madres o padres con hijos de hasta 6 años; a personas con discapacidad que reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH) y a embarazadas a partir de los tres meses con Asignación por Embarazo. El saldo hasta aquí es de entre $4000 y $6000 (dependiendo la cantidad de hijos), mientras que por AUH el ingreso es de 3.866,40. Claramente sumados ambos beneficios no cubren ni la mitad de lo estipulado para no ser indigente.

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Hambre

“Hay papás que se quedaron sin trabajo y se la rebuscan como pueden, cada uno de ellos representa a muchas familias que solo comen lo que les damos acá, vienen con su olla y se llevan la vianda. Antes era para los chicos ahora es toda la familia”, explicó a #PuenteAereo Eva Rojas, una mujer que se dedicó toda su vida a cartonear y desde hace años, además, abrió un comedor en Mariano Acosta, en el que recibe a diario grandes y chicos, en busca de un plato de comida. 

“Hasta el año pasado venían cien chicos, pero con la pandemia se sumaron 305 más. Hay abuelos y abuelas que empezaron a venir, porque no les alcanza la jubilación. La gente está sobreviviendo, tienen que elegir entre pagar los servicios o comer, entonces salen a buscar ayuda en los comedores”, dice la mujer ante un cuadro que le resulta común, pero a la vez inadmisible.

Muchas veces, las tripas no hacen ruido por hambre, sino que también de bronca: “A veces escucho a los políticos y quiero llorar, ¿no saben lo que es escuchar a un abuelo que te pide la medicación llorando, a los nenes acalorados en el chaperío, que en invierno se mueren de frio. Primero deberían estar los abuelos, las embarazadas y los chicos, como en los barcos, los más débiles primero, pero no pasa y verlo es muy angustiante”.

El comedor Ángel Guardían es una casa vieja, pegada a la traza de una autopista que conecta el Camino de la Ribera con La Plata. La zona es inundable, y la edificación está asentada en una olla en la que desembocan las lluvias del barrio, que es un gran asentamiento de casitas precarias. Levantado a base de donaciones, tiene agua gracias a un viejo bombeador, y no cuenta con cloacales ni de recolección de residuos, ni de ningún otro. 

La gestora cuenta que hasta el año pasado servían comida día por medio, pero desde que estalló el Covid-19, con el crecimiento de la necesidad en el barrio, decidieron abrir todos los días. Allí son cocineros, cuidadores y maestros: “Con el tema de la pandemia, los chicos se pasaban la tarea porque no tenían celular ni internet. Ahora los maestros nos usan para no volver al aula y los políticos también para reabrir los colegios, pero nadie vino acá a ensuciarse para ver a los chicos estudiando solos y ayudados por nosotras, las mamás”, explica enojada Eva, y agrega: “Ayer Desarrollo Social de la provincia trajo un poco de mercadería, pero alcanza para poco. La gente viene con hambre, a los pibes les duele la panza, uno no sabe qué hacer y cómo ayudar. El otro día me hicieron una nota en un noticiero y escuché que un funcionario decía que con lo que dan con los planes a la gente que no tiene trabajo le debería alcanzar, ese señor no debe ir a comprar”.

Entre los pibes y pibas que llegan cada día, hay varios enfermos o con problemas de desarrollo por el déficit en la alimentación. “Esto nació como merendero pero la gente necesita llenarse la panza”. Expertos en resiliencia, Eva recuerda que en abril de 2018 una tormenta hizo volar el techo, de esa también salieron, pero a pesar de todo, para ella “no recuerdo un tiempo tan difícil como el de ahora”.

“Tenemos chicos muy chicos que piensan en matarse- relata Eva con una voz que enfría los huesos-. Uno los escucha y los acompaña como puede. Uno pasó por lo mismo y sabes que es feo, por eso los querés ayudar”. Cuando parece que va a llorar, la mujer que en 2003 junto a su marido vio que los hijos de sus vecinos corrían descalzos y sin abrigo, y no lo toleró; endereza la voz y cierra el dialogo con una reflexión: “Algunos dicen que siempre pedimos ayuda, nos encantaría no tener que hacerlo, poder trabajar y que nuestros pibes estudien como los de muchísimos otros que nos miran pensando que les vamos a sacar algo. Merecemos las mismas oportunidades, pero parece que no todo el mundo lo cree”.

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6 de cada 10

Pero las canastas no son la primera señal negativa para una gestión que prefiere no mencionar “la pesada herencia” que recibió del macrismo. Ya en diciembre, también el Indec publicó el informe sobre Evolución de la Distribución del Ingreso de los meses de julio, agosto y septiembre, y señaló que en los hogares indigentes, por cada ocupado hubo más de cuatro desocupados en el mismo período relevado por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH); ergo, en el tercer trimestre del año el desempleo trepó a 11,7%, dos puntos por arriba del mismo período del 2019. Esa circunstancia no parece haber tenido una mejoría notoria en los meses siguientes, aún bajo la promesa de “Reconstrucción” en ciernes, pero con la incertidumbre por una pandemia que no termina.

Casi seis de cada diez chicos son pobres por ingresos en la Argentina y hasta aquí, con el tema no parece pronto a resolverse. ¿Es utópico pedirlo? Macri asumió bajo la promesa de “pobreza cero” y terminó su mandato con la pobreza en un 35,5%. Ahora ya no prometen tanto.

Mientras esa otra realidad sucede, naturalizada en clips de cinco segundos de TV, musicalizados con canciones de Calle 13 —como un gancho al hígado y al buen gusto— o entrevistas a la modelo Valeria Mazza que mientras muestra su mansión en Uruguay se atreve a declarar: “Para la pobreza, la única vacuna es la educación”, al mejor estilo “pobre pero digno”.

Mientras esos universos corren por la frecuencia de los aceptable, el hambre, la indigencia y el desempleo recorren el verdadero país, en el que la prórroga de la normativa que prohíbe los despidos no llega, porque a ciencia cierta, con el DNU vigente en el tercer trimestre del año pasado los empleos cayeron 9,2% y los sectores más golpeados fueron los informales, donde la caída alcanzó los 20 puntos.

Mientras tanto, en las barriadas, la gente sigue pidiendo comer, y algunos pibes y pibas sueñan con que, tal vez, compartiendo la tarea que le llega al que sí tiene celular, podrán gozar de aquella movilidad social que relató el Peronismo durante sus años luminosos. La oportunidad de salir de la incertidumbre diaria de saber cómo llenarán la panza. ♣♣♣

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#PA.