Larreta pelea desde la sombra

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Por Florencia Guerrero

Cuando aquel 11 de agosto, pasadas las 19.40, Horacio Rodríguez Larreta llegó con su esposa Bárbara Diez al bunker de Costa Salguero, en Juntos por el Cambio la suerte estaba echada. Todos lo sabían, con algunas imprecisiones en los números finales, pero habían sido derrotados en la mayor parte de los distritos, menos él que aventajaba a Matías Lammens por más de 14 puntos, aunque el dato no mitigara la preocupación general. Ese domingo de frio polar en las venas macristas, mientras el presidente anunciaba en prime time la derrota, el jefe de gobierno porteño empezaba a pergeñar la estrategia “menos es más”.

El dato es clave, aunque la diferencia en el escrutinio final le entregó un porcentaje de 14,5 puntos sobre su competidor, a Larreta esa cifra no le alcanzaría para ganar en la primera vuelta el próximo mes, porque según la Constitución de la ciudad de Buenos Aires para imponerse debería juntar el 50% de los votos, una demanda que desearía lograr pero de la que no hay grandes certezas. El fantasma del ballotage preocupa al jefe de gobierno porteño hace semanas.

La orden fue clara y la dio él mismo: bajar al máximo el nivel de exposición pública para acortar el margen de conflictividad dentro y fuera de la jefatura de Gobierno. Con Macri y Vidal golpeados, el nuevo blanco es Horacio y cualquier imagen y situación negativa, apuntará a él. Por eso en estas semanas de ostracismo y meditación –que reforzó para bajar el estrés–, la nacionalización de la pelea electoral porteña volvió a robarle tranquilidad: “La estrategia pos Paso de Todos fue artera, pegarle a los caídos de Juntos por el Cambio en el suelo y vincular a Horacio con esas gestiones. Nosotros estamos tranquilos, seguimos respondiendo al vecino como hasta ahora”, explican desde las oficinas de la jefatura de gobierno, hasta donde llegó el coacheo del “si se puede”.

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De la euforia a la resiliencia

Lejos quedaron los bailes en escena, pero con el objetivo claro ahora Larreta apela a aquella capacidad humana para superar la circunstancia traumática. Lo que paso en agosto fue un golpe duro, pero bien encaminado intenta repetir la victoria propia, ante un electorado que le es afín.

Entre los frentes que más preocupan a la mesa chica larretista están los gremios opositores con los que tiene enfrentamientos históricos. “Los docentes ya hicieron dos paros en un mes, los estatales marchan y reclaman aumentos ahora, se creen que los vecinos no se dan cuenta de que es oportunismo electoral”, se queja un legislador del riñón del jefe de Gobierno, una de las instituciones más alineadas a la gestión porteña que en estos años –con mayoría amarilla– fue una máquina de aprobar proyectos a antojo del ejecutivo.

“Le exigimos al jefe de Gobierno que deje de esconderse”, disparó esta semana el gremialista Eduardo López (Ute) en una marcha contra el cierre de una escuela de San Telmo. Ese mismo día el titular de la CTA porteña insistió con la ausencia de Larreta de la escena pública y usó la escena de cortes y ollas populares del miércoles para insistir con la reapertura de paritarias en la ciudad, además de un aumento salarial de emergencia y el incremento de las asignaciones familiares. “Estamos en la ciudad más rica del país y las asignaciones son de 270 pesos por hijo desde hace siete años, una vergüenza”, disparó.

Ante las quejas y esquivando la campaña musical del #SiVosQueres que este viernes volvió a tomar la calle con cumbia y baile en 14 comunas, Larreta defiende su pulseada silenciosa en la que “calladito se ve más bonito”, y prometedor. Mientras tanto, el equipo de Cambiemos trabaja fuertemente en las comunas 4 y 8, que después de acompañar la gestión sin sobresaltos, en las PASO le soltó la mano al oficialismo: La Boca, Barracas, Parque Patricios, Nueva Pompeya, Villa Soldati, Villa Riachuelo, Villa Lugano son los barrios en los que en estas semanas se focalizó la labor gubernamental. De hecho, esta semana el candidato paso por un club en Lugano, donde recibió algunos insultos que no fueron televisados, pero sí viralizados.

La intención es que la posible derrota nacional, no tenga un impacto que termine con Larreta mirando una segunda vuelta desde la cornisa: “No nos preocupa que Todos sume más votos, de hecho, es muy poco probable que logre superar por mucho el porcentaje de las PASO, no vemos peligro significativo para la reelección de Horacio. La gestión en la Ciudad tiene un algo nivel de aprobación”, explican desde el oficialismo.

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¿Antes o después?

En las antípodas de la tranquilidad que aparentan, la última preocupación de Cambiemos se orienta a la definición de la fecha en la que será el debate entre los púgiles porteños, y aquí tampoco encuentran paz: Esta semana los apoderados del partido oficialista pidieron a la Cámara Electoral que la fecha para el enfrentamiento Larreta- Lammens sea antes del debate entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, algo que Todos no acepta, y exige como fecha el 16 de septiembre, dos días después del cruce nacional.

El círculo rojo de Lammens especula con que una eventual derrota en TV, les daría oxigeno y la esperanza necesaria para llegar con vigor al cuarto oscuro, y a juzgar por el nivel de exposición del jefe de Gobierno, después del debate ya no haya mucha oportunidad de torcer el destino. Por eso también han pedido modificar el esquema “pregunta respuesta”, por uno que permita interacción entre los candidatos, algo que Larreta no quiere. El jefe de Gobierno se tiene mucha confianza, pero no come vidrio y prefiere que los moderadores pongan el filtro a las posibles acusaciones que podrían aparecer en un eventual feedback con el candidato opositor.

Desde el larretismo se muestran confiados: “Gana Horacio, no tenemos dudas, lo que sí afinaremos en estas semanas es el margen. No queremos ir a segunda vuelta, sea quién sea que gobierne el país, Juntos por el Cambio no va a perder el liderazgo en CABA”.

Para sostenerlo, saben que dependen de cómo se juegue cada ficha, por eso no sale ni un tuit en su cuenta oficial, sin que antes haya pasado por varios filtros y en vez de la sobrexposición de los timbreos, se implementó un “pregúntele al candidato”, en el que desde la seguridad de una cámara digital, responde preguntas del vecino que le llegan al Ipad. Una belleza de la cybercomunicación política.

Por lo pronto, después de los entredichos con vecinos en Lugano, la ultima orden fue no repetir actos públicos en la zona Sur de la ciudad. Por eso esta semana el jefe de Gobierno no irá a Parque Patricios. Tampoco dará notas. Así, en el silencio y la meditación espera a octubre, con la esperanza de guardar el histórico primer bastión de hegemonía de Cambiemos. Algo que probablemente consiga desde las sombras.  ♣♣♣

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