Grupo Clarín, la heredera menos pensada

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Por Florencia Guerrero


La mujer del hijo de Noble Herrera pide pista. Su amistad con Juan Cabandié, el sufrimiento con el kirchnerismo y porque votó Cristina. La maternidad y sus sueños de poder en el gobierno de Alberto.

Costó bastante que la dejaran hablar públicamente, pero cuando su voz rompió el éter, Vanesa Defranceschi Sadi eligió referirse más sobre la admiración por Cristina Fernández de Kirchner que sobre su suegra, Ernestina Herrera de Noble. Pero no es la única particularidad de la esposa de Felipe Noble Herrera, el hijo adoptivo de la histórica dueña del Grupo Clarín. “Soy peronista”, dice como carta de presentación a quién quiera escucharla y en las ultimas semanas se atrevió a posar con Alberto Fernández dos veces: la primera en al búnker donde el frente de Todos festejó el éxito y la segunda en la mesa contra el hambre que reunió a varias personalidades.

Pero, ¿quién es esta chica, amiga personal de Juan Cabandié y confesa votante K?

Con 44 años, la abogada que conquistó hace décadas el corazón del heredero de los Noble no escatima en definiciones y puntos de encuentro con el gobierno de Los Fernández: “Tuve que guardarme mi ideología durante mucho tiempo, gracias a la terapia entendí que diciendo mi ideología no le hago mal a nadie”, comentó en una nota la semana pasada, al salir del encuentro en el que el gobierno entrante intentó concentrar los esfuerzos de diversos sectores para “atacar la pobreza”.

Allí estuvo puntual, se abrazó con Marcelo Tinelli y elogió la iniciativa. Desde la Fundación Noble es reconocida por moverse bien entre galas y encuentros ejecutivos, por eso a pocos en el grupo les sorprendió el interés. Vanesa es principalmente, una mujer muy independiente y eso bien lo sabe su entorno, y lo sufrió su suegra.

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2009, si quiero

No fue en la casa familiar de Martínez como Ernestina hubiera querido, en 2004 Marcela Herrera Noble le había dado el gusto, pero esta vez la elegida era Vanesa y prefirió los extensos salones del angelado Jockey Club de San Isidro para dar el “sí quiero” ante los afectos. Otra cosa en la que Ernestina no estuvo convidada a meterse en aquel 2009 fue en la lista de invitados. Cuando lo supo, entendió algo que venía presintiendo desde que empezó el noviazgo de Felipe y Vanesa, en tiempos de estudiantina: Esa chica charleta y de buenos modos venía a sacarle el lugar central, desde ahora el trono lo ocuparía la futura madre de sus nietos. No le gustó nada.

Entre brindis y brindis, aquella noche especial mientras el presidente del Jockey, el íntimo de los Noble, Bruno Quintana decía unas palabras, la joven Vanesa sonreía desde las entrañas. No habían sido fáciles los años de noviazgo, Ernestina hubiera preferido tal vez una nuera más silenciosa. Dar el sí era un premio a la perseverancia y al amor. Unos meses después de la muerte de la empresaria, la joven la recordó: “mi amada suegra era una mujer de grandes silencios”. Ese viernes, el de la unión “para toda la vida”, sonó All for love, un tema que interpreta Brian Adams y se popularizó gracias a la película Los tres mosqueteros. “Yo seré la roca en la que puedas construir”, le susurró a Felipe, como un compromiso en el que se afirmó estos diez años de matrimonio.

Con los años vendrían Mora y León, los hijos de la pareja que ablandaron a la abuela Ernestina, que era capaz de dar todo por ambos, lo cual generó algunos cruces entre suegra y madre por el interés de esta de salir a trabajar. A pesar de todo, Defranceschi prefiere hablar delicias de su suegra, aunque se defina en las antípodas de su pensamiento. Y no parece temerosa de decir lo que piensa: “Quiero que Felipe busque su identidad”, dijo esta semana mientras posaba por la mansión que pertenece a la familia en Martínez. A sabiendas, con ese fondo fastuoso decidió meterse en uno de los temas más sensibles para la familia que en 2010 tuvo que hacer frente a lo que desde el Grupo Clarín definieron como “presión judicial”.

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Ese amigo del alma

Todavía recuerda el 2010 como una pesadilla para los hermanos Noble Herrera, porque la justicia los obligó a hacerse el estudio de ADN por la fuerza, como corolario de una larga disputa que terminó con resultados favorables para Ernestina: No eran hijos de desaparecidos, decía el informe en lo que resultó un hecho bochornoso que terminó en escándalo. “Fue muy traumático, pero siempre lo apoyé”, explica la heredera que lejos del rencor, el año siguiente dice haber votado a Cristina Fernández.

Cuando ocurrió todo, la pareja acababa de tener a Morita, su primera hija que tenía un mes. Lejos del rencor, Vanesa no era novata en temas de identidad, porque cuando nació –en 1976– su mamá esperaba mellizos. Cuando le entregaron solo una niña, quedó con la sensación de que algo habría pasado. El parto fue en la clínica Los Andes, cuestionada en la época, había parturientas desaparecidas y uniformados en las salas. Con los años, fue Vanesa quién se acercó a la asociación de Abuelas de Plaza de Mayo y allí conoció a Cabandié, con quién estrechó un fuerte lazo. Tanto así que el legislador no ha dejado de invitarla a cada evento en el que el presidente electo participe.

Mientras Felipe prefiere no participar. “El hijo sencillo de Ernestina”, como le gustan llamarlo en la Fundación Noble, guarda notables diferencias con su hermana y prefiere la tranquilidad del hogar. La relación entre las mujeres tampoco es óptima, para Vanesa su cuñada es algo “excéntrica” y Marcela objeta que ella exponga tanto la intimidad que su hermano a trabajado por cuidar. Así las cosas, todos juiciosos, se reunieron hasta la muerte de Ernestina para cada celebración familiar, algo que ya no pasa.

Hace un mes cumplió años, 43, pero el tiempo no la achica y su intención es faraónica. Ahora que gobernará Alberto Fernández –históricamente cercano con Clarín–, intentará arrimar posiciones entren Magnetto y Cristina. Toda una utopía que promete encarar junto a su marido, “por el bien y la unidad de los argentinos”. Tal vez parezca poco probable, aunque en el historial de esta jovencita parece que pocas cosas le resulten así. Mientras se prepara para la proeza, además, sueña con el rol de interlocutora que asumió súbitamente entre el emporio de la comunicación y el gobierno entrante, habla frecuentemente con su viejo amigo Pepe Albistur y piensa que tal vez, este sea el principio de una posición de influencia pos 10 de diciembre. Puede que eso haya pedido antes de soplar las velitas, y por como parece aspectada, es solo cuestión de tiempo.    ♣♣♣

#PA.

Sábado 30 de noviembre de 2019.
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