El brazo armado de la victoria

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Por Florencia Guerrero

La calle resulta siempre, es la protagonista esperada que toma la temperatura de la inclemencia económica. Cuando la copa neoliberal no derrama según la fuerza de gravedad: el desempleo supera tranqui los dos dígitos y la inflación no da respiro, ocurren cosas como el miércoles y viernes de esta semana, en las que los movimientos sociales mostraron un anticipo de lo que nos espera de aquí a diciembre.

La convocatoria comenzó a cocinarse al calor de las ollas que cada vez parecen más castigadas, bajo una consigna común: “La deuda es con el pueblo, no con el FMI”. La del miércoles fue una jornada histórica, que recargó la energía. Entre las organizaciones que encabezaron los cortes federales estuvo el Frente de Organizaciones en Lucha, MTD Aníbal Verón, Frente Popular Darío Santillán, Cetep, CCC, el Polo Obrero y Barrios de Pie. Las agrupaciones pidieron a los gritos que se concrete la ley de emergencia alimentaria, además del aumento del salario social complementario. En un país en el que la palabra recesión está naturalizada, el dólar no encuentra techo y dispara los precios, la calle vuelve a ser el centro de convención social público.

La memoria del asfalto no miente, y en el aquí y ahora recuerda a aquellos años difíciles en los que se mezclaban el piquete y las cacerolas. Por eso el viernes hubo segunda vuelta, ante la convocatoria del Gobierno a una reunión del Consejo de Salario con la pretensión de subir el salario mínimo, vital y móvil de 12.500 a 16.300 pesos, un número que todavía permanece en las antípodas de la canasta básica que el Indec que el último mes midió 31.934,44 pesos y mucho más de lo que necesitó una familia tipo para sobrevivir, valorado en 48.000 pesos.

Como cada vez que las agrupaciones ganaron la calle, nuevos actores ganan relevancia: En los 90 Luis D´Elia, Carlos Chile, Raúl Castells y Nina Peloso, o el propio Carlos “El Perro” Santillan, alcanzaron relevancia concentrando voluntades y odios mutuos. Hoy, las caras se renuevan.

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Estuvo en todas

Entre los veteranos que encarnó a la patria piquetera hace ya décadas se sostiene el salteño Juan Carlos Alderete, uno de los pocos dirigentes que mantuvo el estandarte a lo largo de las décadas. Dirigente gremial, perseguido y encarcelado por el régimen militar que aterrorizó argentina en los 70, y gran activista en las décadas siguientes desde el conglomerado que logró formar en La Matanza, su Corriente Clasista Combativa –conformada en los 90 junto a su mentor “El Perro” Santillán– disputó el territorio de mayor electorado bonaerense con el espacio Federación Tierra y Vivienda, de D´Elia.

“Es una catástrofe social, generaron cinco millones de nuevos pobres y siguen pensando en los mercados. No nos vamos a mover de la calle hasta que reaccionen”, dice Alderete, dos días después de la movilización, con los números en la mano: el miércoles la movilización superó a las 100.000 personas. “La gente en los barrios está podrida. Somos el país con más desempleo joven, los pibes no tienen opción y al Gobierno no le interesa, proponen mano dura y se olvidan de generar trabajo”.

El dirigente matancero sabe de lo que habla, en los 90 fue despedido y cuando se quedó sin un peso de la magra indemnización, y ante la falta de trabajo, entendió que la calle era la opción para presionar el debate. Y se quedó ahí.

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El discípulo inquieto

Nacido con la vuelta de la democracia, Juan Grabois entendió temprano que en el sistema desigual hay millones que quedan fuera del reparto. Hijo de un dirigente peronista y una médica militante de la democracia cristiana, el abogado construyó el Movimiento de Trabajadores Excluidos y la CTEP que este jueves se encolumnó contra la política económica del gobierno. “No reaccionan, que dejen de boludear, de buscar culpables, esta emergencia no se soporta más”, se lo escuchó decir desde el palco al dirigente con llegada al Vaticano.

Cuando se le pregunta lo que piensa el Papa Francisco sobre la situación del país, Grabois –al que Jorge Lanata llamó “chico rico que tiene tristeza”– prefiere no hablar. Cuida esa línea abierta como el oro, por eso intenta caminar por la delgada línea del medio acompañando a Cristina Fernández de Kirchner a Comodoro Py, pero después despotricando: “En las listas de Todos faltan pobres”.

Es que el malestar después de quedar fuera de la rosca, caló profundo en varias organizaciones, y aunque él afirmara que no trabajaba para obtener un lugar electoralista, se quedó esperando un guiño de Todos.

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La lealtad a Victoria

Tal vez uno de los más mediáticos es Daniel Menéndez, que lleva varios años al frente de la nutrida agrupación Barrios de Pie. Siempre acompañando a Victoria Donda, empezó el 2019 bastante golpeado, tras el alejamiento, primero de ella y luego propio, de Libres del Sur. Con la decisión, saltaban de vereda para meterse de lleno en Todos, un volantazo de 360 grados, que tal vez él haya podido sortear mejor que Vicky.

“La intención no es desestabilizar, pero la gente no se contiene más. No hay leche, ni pan, ni alcanza para comprar. El hambre acelera el proceso, así que yo quiero que se queden hasta diciembre, pero para eso tienen que dar ya una respuesta”, apuró Menéndez desde el frente del ministerio que lidera Carolina Stanley, desde donde confirmaron a #PuenteAereo que preparan una “batería de anuncios que contengan el clima social”, ante la ebullición temida.

Con 50 mil integrantes censados, en Barrios de Pie saben que gozan de cierta tranquilidad. A la hora del reparto, Menéndez tiene voz y voto en la mesa chica de las organizaciones.

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Belliboni, el que desbancó a Altamira

Grita, Eduardo “Chiquito” Belliboni grita por casi todo cuando llega a la calle. El dirigente del Polo Obrero ha construido en pocos meses una imagen pública que condice con el profundo trabajo que desarrolla hace tiempo en el sur bonaerense. Discutió ante cámaras con conductores de TV, casi se va a las manos con Alberto Fernández y en un intento de acampe frente a Desarrollo Social, estuvo al borde de ser detenido.

Se impone y eso ya lo saben en el PO, donde participó junto a Gabriel Solano de la movida en el último Congreso partidario que dejó fuera de juego al histórico Jorge Altamira. Ahora prefiere no hablar de eso, y vuelve a elegir la amenaza: “La gente no va a seguir juntando las monedas para que este gobierno financie sus vínculos con el establishment financiero, si no dan respuestas vamos a volver cuantas veces sea necesario”.

Mientras la renovación avanza, en la calle la promesa de conflicto aumenta. Esta semana la agenda volverá a la carga con las pancartas y bombos. Desde la mesa de los cuatro, insisten con una nueva manifestación el miércoles próximo, para lo que intensificaron el diálogo con gremios nacionales que contribuirán con la logística y la gente. Esta vez, el Polo Obrero intentará instalar una olla popular permanente en Desarrollo Social, que no sería levantada hasta recibir las respuestas que esperan: Trabajo, más programas sociales para desocupados, duplicación en los montos de los programas vigentes y mejor calidad de alimentos.

Un listado desbordante de mejoras para los sectores que más vienen sufriendo la crisis, en el umbral del cambio de gobierno, a la hora en que las cabezas de las organizaciones compulsan para ver quiénes serán los que al ganar la calle, ganen un lugar entre los que negocien con el gobierno que viene. Historia conocida, en un país donde la pobreza es un cuento de nunca acabar.   ♣♣♣

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