Alberto y el fantasma de Sísifo

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Por Florencia Guerrero


Todo parece indicar que a Fernández se le terminó el verano. A poco más de dos meses de asumir, la deuda externa aprieta la agenda política y abre grietas hacia el interior del partido gobernante. Las peleas en provincia donde un viejo PJ llamó “cagón” a Kicillof, la posición de Cambiemos y las bombas de Grabois. Una pelea interminable que abre nuevos cruces, ante el sinfín de esfuerzos por apagar los conflictos.

Está cansado a niveles extremos. A Alberto Fernández ya se le empieza a notar en la cara, pero también en las respuestas. Hay cosas que no le gustan, y bien lo saben los que saben, cuando al presidente se le termine la paciencia no habrá mucho margen para las excusas. En la Casa Rosada dicen que lo que más lo exaspera son los indicios de grieta hacia adentro del partido gobernante, teme que la proliferación de pequeños roces o grandes exabruptos genere la idea de falta de cohesión en el equipo donde él es la cabeza.

En el primer encuentro con los ministros el presidente había pedido mostrar gestión, sin confrontar y bajo perfil mediático. El último fue justamente uno de los ejes en los que más se detuvo: había sido el causal para excluir a varios “números fijos” de roles ejecutivos, todavía hay quien recuerda a Santiago Cafiero recriminando a un legislador porteño con aspiraciones a más: “Para qué querés un puesto si vos vivís en los medios”. En esos gestos, a pesar de los deseos de Fernández, la grieta empezaba a formarse.

El conflicto entre Sergio Berni y Sabrina Frederic lo tuvo más ocupado de lo que hubiera querido y la gota que rebalsó el vaso fue la exministra Patricia Bullrich de ronda por la TV hablando sobre inseguridad mientras la contienda estaba a pleno. La orden fue desactivar la guerra fría entre carteras y se negó a hablar con el ministro, “esa tarea corresponde al gobernador” excusan desde su círculo.

Otro que no da respiro, aunque el gobierno lo previera, es Juan Grabois. “¿A vos te parece? En un contexto difícil, hay que salir a responderle a los que se supone que están en el barco. Es un disparate lo que pasa”, se quejó esta semana un asesor, asiduo visitante del área de prensa de La Rosada. Es que el líder piquetero cada tanto sale y picantea la agenda: Desde aquel pedido de reforma agraria que lo catapultó en las redes como Memé de “A desalambrar”, hasta el cruce de esta semana, en el que aseguró: “Lo de la mecha corta no es joda, la gente no va a aguantar cuatro meses más de esta malaria. Confío en la sensibilidad de Alberto y me gusta lo que hace Guzmán, pero no se está viendo la gravedad”. El mismo vocero confirma que a si bien no cayó bien el tono, “Alberto cree que para empezar a renegociar la deuda, discursos duros como el de Juan pueden ser útiles”. Por eso nadie en el gobierno se expidió sobre las marchas que CTEP organizó contra la delegación del FMI, una concentración masiva que se replicó en todas las provincias. 

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El preso del mito

Cuenta la mitología griega que Sísifo había hecho enojar a los dioses, que como castigo le impusieron empujar una piedra cuesta arriba por una montaña que parecía sin fin, en la que antes de llegar a la cima volvía a rodar hacia abajo. Así el fundador de Éfira, conocido por su testarudez y fuerza de voluntad, ejercía en loop la penalidad, una y otra vez repetía el proceso. Algo así afronta uno de los Fernández, el presidente, por estos días. 

Habla mucho con su círculo, que cambió considerablemente de aquel que lo circundaba durante la campaña. Hubo altas, pero también algunas bajas. Esta semana volvió a sumarse Leandro Santoro, muy activo durante la campaña –nadie olvida que fue quién estuvo incluso en el afterpost sufragio en las exitosas PASO y hay varias fotos que lo registraron llevando papeles del candidato–, que fue anunciado como asesor “ad honorem”.

Es que, ante las diferencias internas, parece el momento de sumar voces afines. Y todavía falta lo que más preocupa, y ocupa al gobierno: Definir un reperfilamiento de la deuda que le de margen de acción en los próximos años de gestión. Por eso se metió en la polémica de Berni con Frederic, por arriba, y se permitió mandar a resolver las cuestiones de inseguridad al ministro bonaerense. Antes había dicho: “En argentina no hay presos políticos”, y otra vez tuvo que escuchar criticas –algunas estridentes– desde adentro: “Si hay políticos presos y se usa a la Justicia para ponerlos presos, lo correcto es llamarlos presos políticos”, dijo Axel Kicillof en una nota publicada por Perfil, poniendo en palabras el pensamiento del Kirchnerismo duro.

Porque si la Deuda desvela al presidente, no es el único: Kicillof enfrenta el pago de $220 mil millones, el 14% del presupuesto bonaerense, y teme que la negociación nacional obture su margen de acción.

¿A quién le sirven las disputas internas sobre lo que dicen o hacen el presidente y su equipo? Ser objeto de discusión, a primera vista, no parece un signo de fortalecimiento de un mandatario que asumió hace contados 68 días. Aunque en Casa Rosada se esfuercen en minimizar el poder de daño de los diferentes frentes abiertos, está claro que existen. Resta saber si “las diferencias” que separan a los propios han llegado a su clímax o aún hay más carne para tirar al asador.

Mientras tanto, Alberto sigue empujando la piedrita, como Sísifo, en una cruzada titánica y que recién empieza, con la promesa de un sinfín de subidas más. Hasta que a los dioses les parezca o hasta que se le termine la paciencia y se la tire a alguno, el tiempo dirá.    ♣♣♣

#PA.

Domingo 16 de febrero de 2020.
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