Acuña, de la derrota a la furia

Acuña, de la derrota a la furia

Por Florencia Guerrero


La vuelta a clases fue una de las banderas del gobierno porteño, que no logró concretarse con una asistencia menor al 5%. Denostar a docentes, una carta polémica y el blindaje legislativo ante el repudio general. 

Perdió, por eso está enojada Soledad Acuña. Por eso, se atrevió a abandonar el rictus dialoguista que hasta aquí ha forzado el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, bajo el slogan repetido “creemos que de esto salimos juntos y con diálogo. La ministra decidió cruzar esa frontera delgada que la separaba de la paz armada y se tiró de palomita a la agresión contra el personal que ella misma dirige, durante una conversación virtual con el diputado nacional Fernando Iglesias. “Quienes eligen la carrera docente son personas cada vez más grandes de edad y lo hacen como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras”, aseguró.

“Si uno mira el nivel socioeconómico, o en términos de capital cultural, al momento de aportar para el aula, la verdad es que son de los sectores más bajos socioeconómicos los que eligen estudiar la carrera docente”, dijo Acuña como si ese dato fuera negativo. Sus palabras brotaban con la calma de un almohadón con la inscripción “keep calm”, de los que están de moda, pero lo cierto es que su principal molestia- que es la molestia de su jefe-, está en que hace meses intentó forzar la vuelta a clases, y curiosamente esta fue una de las pocas actividades que no logró arrancar.

Según los relevamientos realizados por los sindicatos a los que consultó #PuenteAereo, en un conteo artesanal, escuela por escuela, desde que la Ministra anunció con bombos y platillos el protocolo de “escuelas burbuja”, para que las blancas palomitas se reencontraran con los y las docentes, asistieron en nivel inicial y nivel primario solamente entre un 2 y un 5%, es decir unos 120 de inicial, 800 de primaria y algo más de 1000 de secundaria.

Está en duda el saber si la ministra cree que el “adoctrinamiento” se desparramó del aula a los hogares o si la verdadera razón por la que pocos porteños han aceptado mandar a sus hijos a la escuela es la letra chica del protocolo que impulsa hace meses.

Entre las menos contadas, pero más cuestionables, una de las circulares del Ministerio que conduce Acuña, resolvió que si un niño presenta síntomas o se sospecha que tiene Covid-19, se lo debe aislar en una sala en la que permanecerá solo, sin contacto con ningún docente, y se dará aviso a la familia y al SAME. Si el SAME llega primero que sus padres, ese chico -que puede tener entre 4 y 13 años-, será trasladado solo al centro de salud. Nunca lo van a admitir desde el oficialismo porteño, pero a pocas semanas del cierre lectivo, parece extraño que consigan adeptos en un momento donde los contagios no bajan de oncemil por día.

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La no disculpa

“La ministra eligió sacar una carta, no va a hablar más sobre el tema, que fue una cuestión mediática”, explicaron desde el circulo de Acuña. Hace varios días que, cuando se la ve en el Ministerio, la funcionaria parece más seria de lo habitual.

Después de su discurso anti docentes, esta semana Acuña logró que el oficialismo porteño, que tiene una holgada mayoría en la Legislatura, frenara dos iniciativas de la oposición, una del Frente de Todos (FdT) que buscaba interpelarla y otra de la Izquierda que exigía su renuncia.

Fue durante la sesión del jueves que la legisladora Myriam Bregman pidió una moción de orden para demandar que dimita al cargo, ya que “sus dichos sobre los docentes fueron agraviantes y discriminatorios”.

Por otro lado, el jefe del bloque del FdT, Claudio Ferreño, pidió que se tratara sobre tablas un pedido de citación presentado con la firma de todos los legisladores de la bancada opositora para que Acuña diera “respuestas sobre sus expresiones antidemocráticas y estigmatizantes hacia estudiantes y docentes”. Ese pedido “dialoguista” tampoco tuvo aceptación en una legislatura lista para blindar a sus funcionarios.

Envalentonada, ayer Acuña envió una carta firmada que comienza así: “Sé que merecen y esperan una explicación sobre la polémica que se generó en los últimos días, ya que entiendo que causó dolor e incomodidad en muchos de ustedes, sin haber sido mi intención”

“La enorme mayoría de ustedes trabaja por una educación plural, que promueva el pensamiento crítico, el análisis y la discusión informada. Me consta, y así lo hemos conversado tantas veces, que defendemos el aula como ese lugar para formarse, aprender y reflexionar en un ambiente donde se respeten todas las ideas y creencias, sin militancia partidaria. De ningún partido”, escribió la funcionaria que sobre el final sentenció: “Por si hiciera falta aclararlo, voy a mantenerme firme: con los chicos, no”.

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De Jacinta Pichimahuida a demonios

No es la primera vez que la organización docente -uno de los pocos gremios que hace décadas sostiene beneficios como la jubilación con el 82% móvil-, despiertan la crispación en el ámbito de los gobernantes. De una punta a la otra del arco político, han tratado de doblegar a los guerreros blancos, con poco éxito.

Por caso, Cristina Fernández de Kirchner en 2012 lanzó una de sus frases más polémicas en los 12 años de gobierno K, durante la inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional.

“Con trabajadores que gozan de estabilidad frente al resto de los trabajadores, con jornadas laborales de 4 horas y 3 meses de vacaciones, ¿cómo es posible que sólo tengamos que hablar de salarios y no hablemos de los pibes que no tienen clases?”, disparó la actual vice de Alberto cargando contra los docentes bonaerenses que hacían paro ante los bajos salarios en la Provincia. 

Años después llegaría Esteban Bullrich, que se quejó de que “la mayoría de las escuelas trabajan solo cuatro horas, eso impide que los docentes tengan un salario alto”. Corría marzo de 2017, y Bullrich era Ministro de Educación de la Nación, un cargo en el que en esa oportunidad decidió no abrir paritaria.

En aquella pelea el funcionario no estuvo solo porque la exvicepresidenta de Macri también salió a menospreciar la tarea docente: “Yo no haría paro. Los docentes cobran $9 mil por un turno de sólo cuatro horas. Por lo general, la maestra tiene otro ingreso en la familia. El aumento a los docentes es razonable”, sentenció Michetti, una de las razones por las que decidió borrarse mucho antes de la derrota macrista en 2019.

¿Qué espera la política de los docentes? ¿Qué esperan los padres y las familias? Con la crisis de las instituciones, parece que la figura de maestros y maestras empieza a rediscutirse, frente a la esquiva mirada de quienes tienen que pagar, como si por hacerlo pudieran anclar la mirada en iconos como la “Señorita maestra”, éxito de la televisión en la década del 70, en la que una docente cuyos modos y pensamientos eran tan blancos como el guardapolvo de utilería que se ponía. Aquella jamás se hubiera permitido pelear por nada, mucho menos por su salud o por llegar a fin de mes, una utopía, que Acuña añora, como antes lo hicieron otros, pero que difícilmente encuentre en las aulas de este país. Tampoco encontrará a los niños y niñas que quería traccionar durante estos meses, para mostrar una amplia convocatoria que no fue tal. Por ahora, ella pierde, por eso el enojo. ♣♣♣

#PA.

SABADO 21 DE NOVIEMBRE DE 2020.