Gabriel Boric y la renovación política en América Latina

Por Bruno Sgarzini

Boric de 35 años representa una nueva subjetividad política en el progresismo latinoamericano; una conectada con las demandas de una juventud preocupada por la precarización laboral y el impacto del cambio climático.

“El cambio climático no es una invención. Está acá y genera efectos directos sobre nuestras vidas y también sobre las futuras generaciones. Y no es casualidad que sean los jóvenes del mundo los que han alzado la voz desde Greta (Thunberg) hasta Julieta (Martínez), Julieta acá en chile, ante los poderes irracionales que lo siguen destruyendo”, afirmó el recién electo presidente de Chile, Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad.

 “Destruir al mundo es destruirnos a nosotros mismos. No queremos más zonas de sacrificio, no queremos proyectos que destruyan nuestro Chile. Y lo ejemplificamos en un caso que ha sido simbólico: No a Dominga (…) No podemos mirar para el lado cuando nuestros campesinos y agricultores, localidades enteras, no tienen agua. Cuando se destruye, por la avaricia de unos pocos o por un mal concepto de desarrollo, ecosistemas únicos, en nuestro gobierno va a ser prioridad el desarrollo compatible con el medio ambiente”, agregó en su primer discurso como mandatario elegido por los chilenos.

Boric de 35 años representa una nueva subjetividad política en el progresismo latinoamericano; una conectada con las demandas de una juventud preocupada por la precarización laboral y el impacto del cambio climático. Una que es más afín a sumarse a causas que a partidos, o fuerzas políticas, ya sea en las redes sociales o en las calles repartiendo volantes.

Pero ¿qué ha sucedido en Chile para que se saltee a la generación política de 40 y 50 años que antecede a Boric?

Una crisis que ha estancado la economía, como en la mayoría de los países latinoamericanos, reduciendo las posibilidades de ascenso social de los chilenos, principalmente de los más jóvenes. Todo estalló por un paquete fiscal, ordenado por Sebastián Piñera, dirigido a reducir los gastos del Estado, como subvenciones. De hecho el disparador fue el aumento del metro que originó una protesta de colegiales saltando molinetes.

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“Necesitamos una educación pública gratuita y de calidad”, recriminó ocho años antes Boric a Piñera cuando era presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh). Era 2012 y las calles de Santiago se llenaban de jóvenes que reclamaban porque la educación en Chile, al menos, fuera gratuita y accesible para la mayoría de los chilenos.

De una u otra manera, Boric sintonizó con ese sujeto político de cambio que nació en aquellos años, en movilizaciones a favor también de la autonomía de las regiones y en contra de la privatizadas pensiones.

Pero el estancamiento económico del país sumó a la clase media a una única demanda; el barrido por completo del sistema político chileno y sus instituciones, empezando por su constitución, la carta magna que las normaliza.

Hoy en América Latina se ven presidentes de 50 y 60 años con cada vez más descrédito. Que por la pandemia, y la situación económica, han perdido elecciones por no dar soluciones a las demandas de sus ciudadanos.

¿Podrá Boric con eso? ¿Podrán otros dirigentes jóvenes? ¿O lo mejor será apostar a liderazgos que marcaron las épocas de bonanzas como Cristina Fernández de Kirchner o Lula da Silva? ¿Por experiencia o liderazgo?

Sean quienes sean tienen un problema en el horizonte; el de generar una base de acumulación económica que permita crear bienestar social.

Hasta ahora, en casos como el de Argentina, la solución viene dada por proyectos de extracción de recursos naturales, como la minería, el petróleo, que generen mayores ingresos de dólares.

Lo que ha provocado una tensión con las preocupaciones de los jóvenes del país, en buena parte, por las consecuencias en el medio ambiente.

La política oficial, dirigida por el presidente Alberto Fernández, no parece preocuparse por esta demanda. Por lo que uno a uno, sus proyectos son criticados, sean el acuerdo de granjas porcinas con China o la exploración del mar argentino para la extracción de petróleo.

Boric, más conectado con esa demanda, ha planteado un gobierno que ponga límites a las “zonas de sacrificio” .

El programa energético de Boric tiene un apartado denominado “transición energética justa, democrática y popular” que hace foco en la descarbonización del país, junto a objetivos para desarrollar una nueva matriz de energía en Chile, con mayor presencia de las renovables. Allí figura la propuesta de soberanía energética que implica un plan nacional donde se le de fuerte impulso al desarrollo de generación distribuida”, según el portal Más Energía.

Si bien, en el caso chileno, el gobierno de Boric tendrá la posibilidad de redistribuir la riqueza, a través de reformas, de una forma que genere bienestar social, se verá en un claro conflicto con los proyectos extractivos que permiten a Chile tener un horizonte seguro de ingreso, como sucede en Argentina.

Lo que generara una tensión entre las posiciones ambientales y las favorables a usar esos ingresos en pos de ampliar derechos sociales, en  educación, salud, por ejemplo.

Una tensión que marcará a la generación de líderes que emergen con la llegada de Boric en Chile y toda América Latina.

♣♣♣

#PA.

5 de diciembre de 2021.

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