Peronismo de juguete

Por Mauro Federico

El Frente de Todos está dispuesto a dar pelea para revertir el resultado adverso de una primaria muy floja, que lo dejó al borde del nocaut. Y para ello saca a relucir sus virtudes benefactoras, de la mano de los Reyes Magos peronistas, que recorren los barrios regalándole al pueblo todo lo que los cultores del equilibrio fiscal le negaron, justo antes de las elecciones. La nueva cara de Alberto Fernández durante los cincuenta días que restan hasta las Generales del 14 de noviembre. Y el rol de Súper Manzur en esta disputa, que puede salir pato o gallareta, pero que el oficialismo no está dispuesto a abandonar hasta que termine de contarse el último voto. Pasen y lean.

Entre las décadas de los ochenta y los noventa, el escritor y periodista Osvaldo Soriano redactó una serie de textos publicados en la contratapa del diario Página/12, que después la sabia mano de los editores de Sudamericana, transformaron en una recopilación de relatos a los que bautizó Cuentos de los años felices. El Gordo supo generar una literatura en la que se tornan borrosas las fronteras entre la ficción y el mundo de la experiencia real; entre realidad narrada y realidad vivida. Y los años felices son, como no podía ser de otra manera, los del peronismo.

El libro –que atesoro en un estante privilegiado de mi biblioteca al que recurro con mayor frecuencia- cuenta con tres partes, que desarman la cronología de la historia. La primera ocurre durante el peronismo y su posterior derrocamiento en 1955; la siguiente le corresponde a la Revolución de Mayo, y la última versa sobre fútbol.

El capítulo primero, que se titula En nombre del padre, trae el cuento más logrado de Soriano: Aquel peronismo de juguete, que remite a los primeros años del General como presidente de la Argentina. “Cuando yo era chico Perón era nuestro Rey Mago: el 6 de enero bastaba con ir al Correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas, escribe Soriano provocando la piel de gallina de los peronistas y las náuseas de los contreras. Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola frente una ventanilla que decía ‘Perón cumple, Evita dignifica’. Era confesarse pobre y peronista. La musical prosa cuenta después: Y mi padre, que era empleado público, odiaba a Perón y a su régimen como se aborrecen las peras en compota o ciertos pecados tardíos”.

Si bien es el peronismo el que estructura el relato, la pelota de fútbol es el juguete básico que también aporta al tejido de la escritura. Acá te mando las camisetas. Pórtense bien y acuérdense de Evita que nos guía desde el cielo’. Y firmaba Perón, de puño y letra.  La frase final del cuento es la cereza del postre: “No volví a creer en Perón, pero entiendo muy bien por qué otros necesitan hacerlo”.

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Hablar menos y escuchar más

Estar más cerca de la gente y que se note, fue la frase con la que un importante funcionario nacional definió el modo que adoptará el presidente para vincularse con un electorado que no lo acompañó según lo esperado en las primarias. Mientras Juan Manzur se cuelga el sayo del “inaugurador” y encabeza los actos masivos de gestión, con anuncios de medidas para expandir el consumo, el primer mandatario buscará recuperar el contacto estrecho con los problemas cotidianos de la ciudadanía, en encuentros más reservados y sin tanta prensa.

“¿Dónde está Alberto?”, se preguntaban algunos de los dirigentes del Frente de Todos que participaban del acto de lanzamiento del programa Pre Viaje para los jubilados y jubiladas del PAMI, en Pilar. Mientras en el improvisado escenario, la centralidad era ocupada por Manzur, flanqueado por la titular del Instituto Luana Volnovich, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el ministro de Turismo y Deportes Matías Lammens y el intendente local Federico Achával, el presidente eligió otra forma de contacto con la problemática ciudadana: el mano a mano. La estrategia de proximidad con la que Alberto Fernández busca cambiarle el tono a la campaña del Frente de Todos

Por eso prefirió reunirse sin la presencia de medios de comunicación con un grupo de afiliados y afiliadas al PAMI, con quienes mantuvo una charla distendida en la que adoptó una actitud más receptiva. Hablar menos y escuchar más, fue la consigna que se propuso Alberto Fernández para este tramo de su gestión, que incluye el tránsito por los cincuenta días restantes hasta la elección general que puede cambiar el destino de su gobierno.

La decisión guarda relación con el profundo proceso autocrítico respecto a los errores cometidos por el gobierno durante los sesenta días previos a las Primarias. “Fue mucho más que la foto, que claramente no ayudó a mejorar la imagen presidencial; hubo retiro de políticas activas destinadas a nuestros votantes históricos (los pobres) y una sensación generalizada de que todo el esfuerzo presupuestario realizado para mejorar la vida de la gente, no era percibido por la mayoría, apuntó un dirigente frentetodista con acceso al principal despacho de la Casa Rosada.

Eso se sintió fuerte en los territorios del principal distrito nacional en el que el peronismo debió haber hecho la diferencia electoral: la provincia de Buenos Aires, particularmente su conurbano. “Estuve recorriendo esta semana una barriada humilde de Dock Sud y una señora con pinta de compañera me decía algo que para nosotros los peronistas es inaceptable: con Cristina comíamos carne dos veces por semana, con Macri sólo una, pero ahora no podemos comprar ni un churrasco”, relató un candidato a concejal de Avellaneda en diálogo con Data Clave. “Por más que le expliques el esfuerzo que hicimos durante la pandemia para salvar vidas, esta mujer siente que la defraudamos y por eso ni siquiera fue a votar”, añadió el dirigente.

Los números le dan la razón a esta afirmación. Desde la consultora Inteligencia Analítica, estiman que el Frente de Todos perdió en la provincia 896.000 votos respecto de las PASO de 2019, por ausentismo. Desde el oficialismo abonan esa teoría y agregan algo razonable: Juntos por el Cambio llegó a su techo de votantes, motivados por la disputa interna que los motivó a movilizarse con otra predisposición, mientras que las huestes peronistas, con listas unificadas, no competían por nada en la primaria. El informe del equipo que dirige Marcelo Escolar aporta otro dato interesante: los ex Cambiemos solo perdieron unos 172.000 votos por ausentismo respecto a la elección presidencial.

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En busca del voto ausente

La primera lectura que hizo el Frente de Todos tras la derrota en las PASO, fue la necesidad de volcar más recursos destinados a los sectores más vulnerables. Más asado y menos todes, fue la reflexión de Ernesto Hadida sobre la polémica entre Martín Guzmán y Cristina Kirchner por el déficit fiscal y el ajuste, que, a criterio del titular del palacio de Hacienda, no es tan así.

En la columna publicada esta semana en el portal Data Clave, se afirma que el gobierno empezó a hacer el ajuste en julio de este año y el déficit fiscal era mayor que el de 2019, el último año del macrismo, y un año donde hubo una fuerte contracción del gasto público. Es verdad que durante abril y mayo, con la llegada de la segunda ola, hubo algunas medidas que hicieron que el déficit creciera para compensar la caída del 1,4% en el segundo trimestre (IFE en el AMBA de $15.000 en abril, bonos en abril y mayo en jubilaciones y AUH, adelanto del pago de fin de año de la AUH, créditos a tasa cero para monotributistas, ampliación de la Tarjeta Alimentar e incremento del 30%, adelanto de los aumentos del SMVyM a septiembre, modificación de los aumentos en el monotributo), pero fue todo muy leve. Son medidas veganas: te cuidan la salud, pero no te llenan la panza”.

Para atender esta problemática, la administración de los Fernández ya presentó varias medidas que comenzaron a implementarse esta misma semana y que apuntan a volcar recursos a la población a través de diferentes mecanismos que implican un esfuerzo presupuestario del erario público, ya sea resignando volumen de recaudación o subsidiando acciones que multipliquen el acceso al crédito y potencien las asignaciones previsionales.

Pero también como parte de la estrategia para ir en busca del voto ausente, se produjo un cambio en la manera de comunicar. El plan consiste en modificar el estilo habitual del presidente de mantener un perfil alto, con participación central en los actos políticos y en los anuncios de gestión y volcar la figura del primer mandatario hacia acciones de proximidad” orientadas a recuperar la “empatía” con el electorado.

Según las fuentes consultadas por este portal, la idea es que Alberto encabece solamente un acto importante por semana, y que se concentre en mantener reuniones con grupos reducidos de personas, para interiorizarse de la problemática cotidiana. Siguiendo ese libreto, el presidente se movió este viernes en Pilar, ante un grupo de jubilados, con los que se encontró al aire libre, en una ronda de diálogo en la que “los escuchó con atención”.

Algo similar hizo por la tarde cuando recibió en su despacho de la Casa Rosada a Maximiliano Sánchez, joven de la comunidad originaria wichi, uno de los dos estudiantes argentinos nominados al Chegg.org Global Student Prize 2021, un premio de la fundación Varkey en colaboración con la UNESCO, del que participan 3.500 postulantes de 94 países.

“Sos un orgullo para todos nosotros, sos un ejemplo, le dijo el mandatario al estudiante, quien fue seleccionado tras desarrollar una aplicación que traduce del español al wichi y viceversa sin la necesidad de disponer conexión a Internet. Luego de la charla, lo invitó a recorrer dependencias de la Casa de Gobierno, y en particular, visitaron el Salón Pueblos Originarios, ubicado en la planta baja, donde le relataron al joven la historia del mismo. “El encuentro superó demasiado mis expectativas, no era lo que yo imaginaba, fue más allá”, relató Maximiliano al término del encuentro. “Estoy muy contento de conocer en persona a un presidente que yo admiro y mi sueño se cumplió. Me habló con tanta sinceridad y confianza que más lo admiro”, detalló.

El despliegue territorial continuó el sábado durante una recorrida por la popular barriada de Dock Sud, donde el presidente visitó una feria de productos locales, recorrió las calles en compañía de los vecinos, contestó preguntas espontáneas, abrazó bebés y recibió regalos, sin presencia de cámaras de televisión, ni periodistas. Peronismo, liso y llano, de la más auténtica estirpe.

La pregunta que se hacen los dirigentes del oficialismo es por qué se rompió el contrato electoral entre la propuesta del Frente de Todos y aquellos que se inclinaron por otras opciones o eligieron no votar durante las primarias. Un trabajo previo a las PASO elaborado por la consultora Trespuntozero plantea que -entre los hechos que marcaron ese distanciamiento entre la figura presidencial y sus votantes- propone algunas respuestas. “El vacunatorio VIP, que instaló la idea de falta de honestidad y la existencia de privilegios; la falta de clases presenciales, interpretada como desapego por parte del presidente por lo que padecían las familias; el Olivos Gate, que mostró falta de palabra (o mentira) y privilegios”, son parte de las conclusiones a las que arriba Shila Vilker.

Mostrar otra cara tras la derrota -que incluye la flexibilización de las restricciones, acompañando los números favorables que arrojan los partes epidemiológicos en esta etapa de la pandemia- y reaccionar volcando más fondos a la asistencia social, puede tener efecto en el cambio de humor que necesita imprimirle al oficialismo a una sociedad necesitada de algún mimo, después de dieciocho meses de sufrimientos sostenidos. Después de todo, de eso se trata la política: de mejorar la calidad de vida de las mayorías. Tal vez no alcance para dar vuelta el resultado electoral. Pero al menos será más coherente con los orígenes del peronismo, cuya irrupción en la historia argentina estuvo signada por la representación de las clases populares, casi siempre postergadas por los sectores dominantes.

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#PA.

26 de septiembre de 2021.

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