La política del escándalo y sus efectos en la Tierra Sin Mal

Por Fernando Oz

El cuadro de situación tras las primarias es absolutamente diferente. El intervenido gobierno de Alberto Fernández está dispuesto a todo para mantener la plaza. La oposición huele la victoria y con sigilo planea sitiar al kirchnerismo. En la Tierra Sin Mal, mientras tanto, la renovación escucha las propuestas del debilitado Frente de Todos.

Cada vez que Beto tiene la oportunidad de tomar la palabra, pone todo su empeño para demostrar que sigue dirigiendo el país. Pero no logra retomar la imagen del Capitán al que fueron a buscar para retomar la Casa Rosada. Sus torpes desaciertos, el corrosivo fuego amigo y las sucesivas muestras de debilidad, derritieron aquella épica imagen que le hubiese gustado conservar. Ahora parece un señor avejentado, irritado, perdido en un set televisivo del prime time y con todas las cámaras prendidas.

Cristina Fernández de Kirchner fue quien ordenó el fusilamiento, posiblemente haya sido más un impulso nervioso que un acto racional. En menos de una semana, la vicepresidenta ordenó cambios en el Gabinete y retó públicamente al presidente de modo epistolar.

Hay quienes creen que la ira influyó, una vez más, en su sano juicio. Una versión que cobra sentido en boca de algunos exfuncionarios que la conocen bien, o al menos eso creen. Lo concreto es que, si el resultado de las PASO del 12 de septiembre se repitiera el 14 de noviembre, CFK se quedaría sin quorum en el Senado.

Con una supuesta victoria de la oposición en las legislativas, la relación de fuerzas en la Cámara de Diputados también se vería afectada. Si a ese escenario hostil se les suma una Corte Suprema contraria a los deseos del Gobierno, una economía debilitada, y una sociedad cansada por la pandemia y asqueada de una clase política inservible, las perspectivas para diciembre son poco alentadoras.

La oposición se encuentra agazapada y desde la distancia observa como el oficialismo tropieza con sus propios errores. Las únicas acciones que tomó Juntos por el Cambio fue esconder a Mauricio Macri, alzar la figura de Horacio Rodríguez Larreta y dejar que la política del escándalo haga lo suyo.

Varios estudios sitúan al escándalo en el centro de la vida política del mundo. Juntos por el Cambio supo desarrollar esa estrategia, falló cuando el escándalo se centró en la propia gestión. Pero nadie mejor que ellos comprendieron la transformación de los medios de comunicación, la transformación de la política y la especificidad de la política mediática.  

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La derrota a nivel nacional del Frente de Todos levantó las acciones de Carlos Rovira y su equipo. Ahora Oscar Herrera Ahuad tiene a su amigo Juan Manzur sentado en la jefatura de Gabinete. El exgobernador de Tucumán llegó a la Casa Rosada con aires de mariscal de campo y sabe que, si consigue ganar las elecciones de noviembre, su nombre puede estar entre los presidenciables. Los dos turcos se entienden con la mirada.

La desesperación del Frente de Todos puede ser una ventaja para el misionerismo. Deberán obrar con cautela. Caminar en este momento de la mano de los funcionarios nacionales es como entrar a un campo minado, un paso en falso puede resultar fatal.

Misiones no renueva senadores y la renovación ha venido apoyando en la Cámara baja a cualquier gobierno de turno, siempre que se respete la máxima de “gobernabilidad con gobernabilidad se paga”. Dos buenos motivos para que Eduardo Wado de Pedro haya acordado no volcar más recursos en la campaña del Frente de Todos en la Tierra Sin Mal.

CFK prefiere que ganen sus viejos aliados a que el domingo 14 de noviembre, cuando el sol se esconda, la provincia aparezca en las pantallas de los noticieros pintada de amarillo, como ya ocurrió en las primarias. El relato de la victoria de renovadora del pasado 12 de septiembre no prende ni en sus propios militantes.

Decir que el candidato de la renovación fue quien más votos obtuvo, es tan cierto como decir que la mayoría de los electores de la provincia prefirieron no votarlo. La primera lectura parece una autodefensa. La segunda una visión sesgada, propia de quien no conoce el territorio. El elector no le dio la espalda a la gestión de Herrera Ahuad, simplemente quiso participar de un debate exógeno que se lleva todas las luces: la grieta, la política del escándalo.

El pelotón de candidatos de Juntos por el Cambio apuntó su discurso en contra del Gobierno Nacional. Los del otro lado de la grieta dirigieron la artillería a los herederos del gobierno de Macri. Ambos sectores tuvieron el indirecto apoyo aéreo de los medios nacionales. La pugna de dos modelos.

Quien más se ocupó en gastar pólvora en contra de la renovación fue el diputado provincial Gustavo González. Una pésima estrategia que quedó demostrada en los resultados. Pese a los errores comunicacionales de la renovación, en ningún momento se plebiscitó el gobierno de Herrera Ahuad. El mayor tema convocante a nivel nacional fue la gestión de la pandemia, algo inapelable en la provincia.

La renovación no participó en ese debate, no entró al show que mantiene atrapado al electorado nacional. Los remedios frente a ese factor no fueron suficientes. El aceitado y disciplinado esquema de medios provinciales fue mal empleado y no pudo hacer absolutamente nada frente al bombardeo continuo de los medios nacionales.

La política del escándalo es un tema viejo y sumamente estudiado. Los escándalos son batallas por el poder simbólico en las que están en juego la reputación y la confianza.

Vale aclarar que los efectos de la política del escándalo en los resultados políticos son en gran medida inciertos. También hay que decir que un número creciente de importantes cambios en todo el mundo tienen que ver directamente con los efectos de los escándalos.

Pero ojo, también hay que advertir que, en la actualidad, una de las cuestiones más relevantes en materia del estudio de las relaciones del poder tiene que ver con la relación entre la política mediática, la política del escándalo y la crisis de la legitimidad política

Con el devenir de las elecciones la polarización a nivel nacional irá en aumento. El desafío electoral de la renovación no se encuentra pura y exclusivamente en la gestión, ni en tirar ministros por la ventana (más allá que el arriba firmante lo haría con gusto), sino en saber conducir el mensaje al electorado de una manera eficiente. Hoy gana quien mejor sepa administrar los efectos de la política del escándalo.

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#PA.

26 de septiembre de 2021.

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