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Por Ixone Dias Landaluce

LA FASCINACIÓN POR LA TECNOLOGÍA ha convertido Silicon Valley y San Francisco en el destino preferido de techiesde todo el mundo. Aunque los cuarteles generales de Google y Apple están fuera de las rutas turísticas, coincidir con Elon Musk o Mark  Zuckerberg mientras desayunas en un Diner o te tomas una copa es más fácil de lo que parece.

Rumores sobre una inminente adquisición, el último cotilleo sobre tal o cual CEO o las negociaciones de la start-up de moda con la firma de capital de riesgo de turno. Esa es la banda sonora de fondo en los cafés, bares y restaurantes más cool de la Bay Area, desde  Silicon Valley hasta San Francisco. Sus parroquianos son los empleados de las grandes compañías tecnológicas de la zona, jóvenes de bolsillos saneados, gustos sofisticados y vocación foodie que emplean tanto tiempo programando como haciendo networking en los locales de moda mientras toman café recién molido, ensaladas cien por cien orgánicas y cervezas artesanas.

Quizá por eso la Bay Area se ha convertido también en el lugar donde nacen (y mueren) muchas tendencias gastronómicas: donde la fiebre vegana vive su momento de máximo esplendor, donde el mezcales la estrella de cualquier cóctel y donde todo el mundo ha probado ya las hamburguesas de carne sintética, que varias empresas de la zona se dedican a desarrollar. También es la meca de la tostada de aguacate (o avocado toast), convertida en una pequeña religión gastronómica, mientras otras modas absurdas, o incluso peligrosas, como beber agua sin tratar, han conseguido ser famosas (o infames) a varias start-upsde la zona.

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LOS TEMPLOS DE LOS GURÚS. Aunque San Francisco, apenas 20 minutos por carretera de Silicon Valley, siempre ha sido un destino turístico de primer orden, en la última década la Bay Area, que comprende toda el área metropolitana de la ciudad y los condados aledaños, se ha convertido en un auténtico imán para los techies. Algunas direcciones son un clásico, como el número 367 de la avenida Addison, en Palo Alto, el pequeño cobertizo donde en 1938 Bill Hewlett y Dave Packard, dos estudiantes de Stanford, empezaron a desarrollar prototipos y considerado como “lugar de nacimiento de Silicon Valley”. 81 años después esta zona, que incluye municipios como Palo Alto, Mountain View, Cupertino o San José, acoge las sedes de empresas como Google, Facebook o Apple.

Los cuarteles generales de las grandes compañías tecnológicas están blindados a los visitantes. A menos, claro, que tengas un amigo o un familiar que trabaje en ellas y te proporcione el pertinente salvoconducto para visitarlas. Aunque muchas empresas locales ofrecen tours, ninguna da acceso a los campus de las grandes corporaciones. En Googleplex, los turistas solo pueden hacerse fotos en el jardín Android, con las esculturas gigantes de los iconos de su famoso sistema operativo. Y en la sede de Apple en Cupertino, la compañía que fundó Steve Jobs, inauguró el año pasado un centro de visitantes que alberga una maqueta 3D del nuevo y futurista edificio de la compañía, aún en construcción.

Los restaurantes, hoteles y cafés de Silicon Valley se han convertido en parte del peregrinaje. Codearse con los fundadores de una start-up mientras te tomas un café o una copa en Soma, rodeado de los ingenieros más cotizados del mundo, es para muchos una experiencia en sí misma.

Algunos son ya locales con mitología propia. Desde Coupa Café, punto de encuentro de las start-ups de los estudiantes de Stanford donde Serguéi Brin es un habitual (igual que lo era Steve Jobs), hasta el ecléctico Bucks, donde Hotmail, PayPal, Yahoo o Tesla tuvieron sus primeras reuniones y donde todos los grandes gurús, desde Bill Gates hasta Larry Ellison, han comido alguna vez. Pero también The Creamery, en Palo Alto, un dinerde los de toda la vida (con decoración y menú igual de clásicos) en el que es fácil cruzarse con Mark Zuckerberg y su mujer. Y cuando llegan las cinco, los techies se trasladan a San Francisco para disfrutar del happy hour tomando una cerveza o una copa en algún local de decoración industrial y carta de cócteles infinita como Dirty Habit, 25 Lusko 21st Amendment. ♣♣♣

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